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En paralelo con las dificultades causadas por el trauma (depresión y enfermedades mentales) algunas personas experimentan cambios psicológicos positivos, tales como una apreciación renovada por la vida y mayor resiliencia. De acuerdo a un nuevo estudio publicado en el journal Emotion, podemos agregar otro resultado positivo relacionado a la adversidad: compasión.

Haber experimentado mucha adversidad en la vida, produce una tendencia a sentir y mostrar compasión por otros. Otros resultados apoyan a los de este estudio, una investigación realizada en el 2011 encontró que las personas que sufrían más mostraban más altruismo y simpatía por víctimas de desastres.

Daniel Lim y David DeSteno de la Universidad Northeastern primero entrevistaron a 224 personas a través del Amazon’s Mechanical Turk website: cerca del 60% de los encuestados eran mujeres y sus edades oscilaban entre 22 y 74 años. Los participantes respondieron preguntas sobre adversidades que experimentaron  en la vida, incluyendo heridas, pérdidas, desastres y rupturas de relaciones. También completaron instrumentos que medían empatía y compasión y la encuesta terminó con la oportunidad de donar una parte de su pago por participar para la caridad.

Los sujetos que más adversidad habían experimentado (independientemente de la naturaleza de ésta), también autoreportaban mayor empatía y, a su vez, esta se asociaba con más compasión y generosidad, revelada por la cantidad de dinero que elegían donar a la caridad.

Para volver a probar este vínculo adversidad-compasión, los investigadores condujeron un experimento: primero hicieron creer a 51 estudiantes que iban a participar en un estudio sobre el reconocimiento de emociones. En el laboratorio, ellos veían a otro estudiante que participaba del estudio (aunque en verdad era un actor) desempeñando una tarea muy aburrida, éste le decía al investigador que se sentía enfermo y tenía una cita médica. Los sujetos tenían la oportunidad de completar la aburrida actividad que el estudiante enfermo estaba llevado a cabo; la compasión se medía en relación a si decidían terminar la tarea aburrida en lugar del estudiante enfermo y por cuánto tiempo lo hacían. Al siguiente día, los participantes respondieron preguntas sobre la adversidad que habían experimentado en la vida, y también sobre su empatía y compasión. De nuevo, los estudiantes que habían vivido más adversidades reportaron tener mayor empatía y ésta se vinculaba con autovaloraciones de mayor compasión. Y, lo más importante, también se relacionaba a realmente mostrar más conductas compasivas hacia los estudiantes enfermos.

Los científicos resaltan que su estudio solo muestra una correlación entre haber experimentado adversidades en el pasado y mayor compasión, no que una sea la causa de la otra. Ellos también tienen en cuenta que todos respondemos de forma diferente a la adversidad y que las respuestas psicológicas de la gente evolucionan en otros marcos de tiempo. Sin embargo, afirman que sus resultados si apoyan la noción de que la adversidad suele fomentar compasión y prosocialidad. Además tienen razones teóricas que podrían explicar porqué pasa esto: la compasión puede ser una respuesta de afrontamiento a futuro que ayuda a fortalecer los lazos sociales, a beneficio de la persona compasiva y también de aquellos a quienes ésta ayuda.

Fuente: Research Digest