ambroochizafer / Pixabay

Malcriar a un niño en tiempos modernos se ha convertido en una tarea exageradamente fácil.

Para la psicóloga María Jesús Álava Reyes, muchos padres han caído en la trampa de aquel viejo estilo de crianza disfuncional según el cual a los niños hay que darles todo lo que pidan porque, sino, no se les quiere.

Con mayor frecuencia de lo que pensamos, un par de adultos ya formados termina convirtiéndose en esclavo de infantes menores de dos años y, lo que es peor, con el paso de los años, el niño resulta convertirse en esclavo de sí mismo. De sus demandas, de sus miedos, de sus expectativas irracionales y de su propia agresividad.

Consentir demasiado a los niños no los convierte en personas más decentes o sanas, de hecho, les genera más daño que beneficio en tanto hace de ellos individuos incapaces de lidiar con la frustración o manejar adecuadamente sus emociones. Los niños que ven satisfechas todas sus exigencias terminan por desconocer el significado de una negativa y aprenden a medir las consecuencias de sus actos únicamente en términos de «alcance de objetivos».

El niño aprende que: «Si una pataleta hace que mamá o papá me den lo que quiero, entonces está bien que haga una pataleta», una conducta que los padres refuerzan incluso sin darse cuenta al momento de ceder inmediatamente ante las exigencias de sus hijos.

La apoteosis de la malcriadez, desafortunadamente, no deriva en un efecto inmediato de corta duración sino en toda una cadena de comportamientos disfuncionales a escala colectiva. Los niños excesivamente consentidos de hoy pasan a ser los adultos narcisistas de mañana y de pronto un individuo común se descubre víctima de las demandas irracionales de otro que parece no darse cuenta de que su forma de ver el mundo y desenvolverse en sus relaciones interpersonales es denigrante para los demás.

Pero ¿cómo ocurre la transformación de un niño común en un niño narcisita?

Trastorno Narcisista: cómo surge y por qué

El Trastorno Narciscista puede durar años o toda la vida y, aunque la causa exacta no se conoce, se presume que implica una serie de factores tanto ambientales como genéticos.

Las personas narcisista se caracterizan principalmente por exhibir una necesidad exagerada de admiración, indiferencia con respecto a los sentimientos de los otros, intolerancia a la crítica y una percepción subjetiva de que los demás están en deuda con ellos.

Para la psicóloga Elinor Greenberg, los factores ambientales que actúan como marcadores para el desarrollo del Trastorno Narcicista comienzan a actuar desde la infancia impulsados por el hecho de que todos los niños buscan atención y aprobación por parte de sus padres, lo cual puede llevar a la creación de escenarios en los cuales una conducta narcisista se convierte en algo natural.

Los escenarios que describe Greenberg son:

Escenario 1: Valores parentales narcisistas

En esta situación, el niño es criado en una familia que es muy competitiva y sólo recompensa logros altos. Uno o ambos padres son narcisistas exhibicionistas. El lema de la familia es: «Si no puedes ser el mejor, ¿para qué lo intentas?»

El amor es condicional. Si ganas un partido de fútbol o la feria de ciencias, o eres estrella en el espectáculo de la escuela, entonces te rodea la alabanza y la atención

Pero si no lo haces, eres una decepción para tus padres. Todo el mundo en la familia se supone que es especial y lo prueban una y otra vez; no importa cuánto logres, la presión nunca termina.

Los niños que crecen en hogares como éste sólo se sienten seguros y valiosos cuando son exitosos y reconocidos como los «mejores».

Los niños de estas familias no se sienten amados de forma estable. Es difícil para ellos disfrutar de cualquier cosa si no confiere una condición de estatus. En lugar de ser apoyados por sus padres para explorar lo que les gusta, sólo reciben apoyo para alcanzar logros altos. Sus padres no están interesados ​​en el «yo real» de sus hijos, sino en cómo pueden hacer que la familia se vea bien para poder presumir a sus vecinos: «¡Mira lo que hizo mi hijo!»

Los niños que crecen en hogares como éste sólo se sienten seguros y valiosos cuando son exitosos y reconocidos como los «mejores». El amor condicional de su niñez y la evaluación excesiva del alto estatus y el éxito en su hogar pone en marcha un patrón que puede durar toda la vida y según el cual deben perseguir el éxito y confundirlo con la felicidad.

Artículo relacionado:  Temple Grandin

Escenario 2: La devaluación del padre narcisista

En este escenario hay un padre muy dominante y devaluador que siempre está presionando al niño. El padre es generalmente irritable y tiene expectativas irracionalmente altas. Si hay dos o más hijos, el padre alaba uno y menosprecia a los demás. El «bueno» puede convertirse rápidamente en el «malo» y de repente un hermano diferente se convierte en el mejor hijo. Nadie en la familia se siente seguro y todos pasan su tiempo tratando de pacificar al explosivo padre narcisista.

El niño comienza a percibir cualquier defecto como algo inaceptable y, no solo persiguen desesperadamente el perfeccionismo, sino que también luchan por conservar su rol de «Niños de Oro»

La madre o el padre acompañante es tratado a menudo exactamente igual que el resto de sus hijos. Cuando él o ella no está de acuerdo con el padre narcisista, también son devaluados.

Los niños que crecen en estos hogares acumulan resentimiento y humillación. Es probable que reaccionen a este estilo de crianza de distintas maneras:

  1. Una depresión autoagresiva basada en la vergüenza
  2. Una rebeldía que busca demostrar que sus padres estaban equivocados
  3. Un sentimiento de ira permanente que hace de ellos individuos narcisistas y tóxicos que sienten alivio destruyendo la vida de los demás. 

Escenario 3: «El niño de oro»

Estos padres suelen ser narcisistas introvertidos que se sienten incómodos siendo el centro de atención. En cambio, se jactan de su hijo talentoso. A menudo, el niño es habilidoso y merece elogios, pero estos padres a veces lo llevan al extremo de la ridiculez convirtiendo a sus hijos en el objeto de una idealización excesiva, la imagen de un niño impecable y especial que termina haciendo de él un individuo narcicista en el futuro.

De acuerdo con Greenberg, esto crea niños narcisistas porque «todo el mundo quiere ser amado incondicionalmente»«si los niños creen que sus padres sólo los valoran porque son especiales, esto puede contribuir a una inseguridad subyacente»

Con el tiempo, la forma que los niños adoptan para combatir esta inseguridad es una visión desequilibrada del yo. El niño comienza a percibir cualquier defecto como algo inaceptable y, no solo persiguen desesperadamente el perfeccionismo, sino que también luchan por conservar su rol de «Niños de Oro».

Cuando no reciben elogios por parte de los demás, se sienten insatisfechos y agobiados porque piensan que están haciendo algo mal, que decepcionan a su familia.

Escenario 4: El admirador del exhibicionista

Algunos niños crecen en hogares donde hay un padre narcisista exhibicionista que los recompensa con elogios y atención mientras que los admiren y permanezcan subordinados a él. A estos niños se les enseñan valores narcisistas, pero se les cohíbe a la hora de aprender a recibir elogios desinteresados por parte de los demás. En lugar de esto, se les inculca que su papel en la familia es adorar sin crítica la grandeza del padre narcisista, sin intentar nunca igualar o superar los logros de este.

En la edad adulta, estos niños se sienten incómodos siendo el centro de atención así que pasan a ser narcisitas introvertidos o encubiertos. Sus problemas de narcisismo y autoestima son menos evidentes para cualquiera que no los conozca bien. Algunos se adaptan a este papel muy bien y llevan vidas productivas en un trabajo que implica el apoyo a un narcisista exhibicionista de alto rendimiento que ellos admiran y que viene a representar la figura del padre.

Para Greenberg, lo más triste de la crianza disfuncional que deriva en niños y adultos narcisistas es que deriva de ambientes domésticos donde esta parece ser la única opción posible, donde convertirse en narcicista es «la única solución sana».

Fuente: Psychology Today

Rita Arosemena P.
Graduada en Comunicación y especialista en Educación Superior. Amante de la literatura, el arte y las ciencias (y del café. El café no se lo toquen). Le interesan especialmente la neuropsicología, la psicología evolutiva y la psicopatología. Le apasiona la música francesa y no tiene nada contra Freud.

3 COMENTARIOS

  1. Intersantes las apreciaciones de Greenberg. Sin embargo, no estoy de acuerdo con el resto del artículo, ni con el título que no tienen nada que ver con estas apreciaciones. ¿Cómo se define «malcriadez»? ¿Cómo se operacionaliza? ¿De qué manera se relacionaría este constructo con el trastorno narcisista? ¿En qué experiencias se basan para afirmar que esta «malcriadez» (de nuevo, me gustaría una definición más precisa) es la causante del trastorno narcisista en la adultez? ¿Qué quiere decir «excesivamente consentidos»? Entonces, ¿se puede «consentir» un poco? ¿Cuánto es un poco? ¿Qué es «consentir»? Creo que haría falta más rigor científico.

  2. En todos estos escenarios no está el excesivo consentimiento o darle todo lo que pidan » que anunciaba el título.
    Claro que hay que ponerles límites y decirles no a lo que no les va bien, pero con cariño. En cariño nunca hay demasiado. No estoy de acuerdo.
    Los narcisistas adultos que he tratado como psicóloga lo eran por padres madres excesivamente autoritarios y fríos. Y que utilizan el logro para ser merecedor de amor.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.