Un estudio reciente halla que los niños con trastornos del espectro autista son víctimas de bullying (o acoso escolar) con mucha más frecuencia que sus compañeros de desarrollo típico – casi cinco veces más a menudo – pero los padres de niños autistas piensan que la tasa es aún mayor.

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En el estudio, cerca del 46% de los niños autistas en las escuelas intermedia y secundaria dijeron a sus padres que fueron víctimas de acoso escolar durante el año anterior, en comparación con poco más del 10% de los niños de la población general. Llamando a esta situación “grave problema de salud pública”, el autor principal del estudio, Paul Sterzing de la Universidad de Washington en St. Louis, dijo al New York Times que la “tasa de bullying y victimización entre estos adolescentes es alarmantemente alta.”

Cerca del 46% de los niños autistas en las escuelas intermedia y secundaria dijeron a sus padres que fueron víctimas de acoso escolar

El Dr Paul A. Law, director de la Red Interactiva de Autismo del Instituto Kennedy Krieger en Baltimore, dijo que la escuela intermedia [que en países como Argentina es equivalente a los primeros tres años de la escuela secundaria] puede ser particularmente peligrosa para los niños de alto funcionamiento con autismo que carecen de habilidades sociales, ya que representa un momento en el que los compañeros pueden ser especialmente intolerantes a los errores sociales.

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Muchas personas con autismo tienen problemas para reconocer las señales sociales, lo que les hace sentir incómodos alrededor de otros. Asimismo, a menudo se involucran en conductas repetitivas y tienden a ser hipersensibles a los estímulos ambientales, todo lo cual hace que los niños con este trastorno sean objetivos perfectos para los agresores que detectan sus diferencias y disfrutan molestando a sus víctimas. Alrededor de un tercio de los casos de autismo son gravemente discapacitantes (los afectados pueden sufrir de bajo coeficiente intelectual y pueden ser incapaces de hablar) pero la mayoría de las personas autistas tienen una inteligencia promedio o alta y muchos pueden funcionar bien, si sus problemas sociales y sensoriales se abordan debidamente.

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Eso puede ayudar a explicar por qué los niños de más alto funcionamiento en el presente estudio se encontraban en mayor riesgo de ser blancos de bullying, mientras que su incomodidad social fue más evidente porque en realidad interactuaban más con sus pares autistas, esto hizo que su discapacidad real fuera menos visible, probablemente haciendo que su trastorno sea aún más difícil de entender para sus compañeros.

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Los niños con autismo que podían hablar bien, por ejemplo, eran tres veces más propensos a ser intimidados que aquellos cuya capacidad de conversación era limitada o inexistente. Además, los que fueron educados principalmente en clases regulares eran casi tres veces más propensos a ser blanco de bullying que los que pasaron la mayor parte de su tiempo con educación especial.

Los padres de niños autistas piensan que las verdaderas tasas de victimización son mucho mayores

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La investigación, publicada en los Archivos de Medicina Pediátrica y Adolescente (Archives of Pediatric and Adolescent Medicine), comprende datos de las encuestas de los 920 padres de niños autistas, a quienes se les preguntó acerca de la experiencia de sus hijos con relación al bullying.

Se informó que alrededor del 15% de los niños autistas también eran agresores (más o menos la misma proporción que en la población adolescente general), y el 9% eran agresores y víctimas. El bullying, que puede tomar la forma de burlas, exclusión, humillación o agresión física, puede llevar a la depresión y otros problemas de salud mental, junto con bajas calificaciones e incluso enfermedades físicas en las víctimas debido al estrés grave que causa.

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Los padres de niños autistas piensan que las verdaderas tasas de victimización son mucho mayores que las encontradas por el estudio, y que las tasas de cometer bullying son más bajas, precisamente porque los trastornos del autismo se caracterizan por una incapacidad para leer las señales sociales sutiles y por la dificultad en la comunicación. Con el fin de informar el hecho de haber sido víctima de bullying, uno necesita entender, por ejemplo, cuándo se está en la mira; por el contrario, en orden de informar que se es un matón (o bully), también hay que entender y desplegar de manera efectiva acoso social. Cosas que los niños autistas generalmente no pueden hacer.

“Lo único que puedo entender es que tal vez los padres están interpretando mal los torpes intentos de sus hijos [para socializar]”, dice Eileen Riley-Hall, una profesora de secundaria con una hija autista y autora de “Parenting Girls on the Autism Spectrum: Overcoming the Challenges and Celebrating the Gifts” (Padres de niñas con Trastorno del Espectro Autista: Superando los desafíos y Celebrando los dones), con respecto a la tasa de agresores entre los niños autistas en el nuevo estudio. “Pienso en el bullying como manipulación sistemática. Pero [los niños autistas] son tan sinceros, no son típicamente capaces de ese tipo de premeditación y malicia”.

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Las dificultades en las habilidades del lenguaje y la incapacidad para leer las señales sociales también significan que muchos niños autistas son víctimas de bullying sin darse cuenta o sin ser capaces de denunciarlo. Riley-Hall recordó un incidente que involucró a su hija en la escuela primaria. “Niños pequeños le hacían decir malas palabras y se reían de ella. Ella pensó que esto era una cosa buena y que estaban siendo amigables, pero en realidad se estaban burlando de ella”, dice, describiendo cómo otra niña, sabiendo que eso estaba mal, le dijo al maestro. Pero hasta que la compañera de clase lo informó, Riley-Hall no tenía idea de que su hija estaba siendo víctima de bullying.

“Los niños con trastornos del espectro autista no son muy buenos para entender cosas como el sarcasmo y el humor”, dijo la Dra Catherine Bradshaw, directora adjunta del Centro para la Prevención de la Violencia Juvenil y experta en bullying en la Universidad Johns Hopkins. “Ellos pueden ser provocados y ser víctimas de burlas frente a grupos, sin entenderlo”. “Muchas de las características que definen al autismo son las que ponen a estos niños en gran riesgo de ser víctimas de bullying”, agregó.

“Siempre me sorprende cuando escucho que culpan a la víctima”

Las investigaciones han encontrado que los mejores programas anti-bullying son los integrales, con la participación de toda la escuela y no sólo de los estudiantes individualmente. Los programas que funcionan bien tienden a fomentar un ambiente escolar cálido en el que se celebra la diversidad; también depende de los adultos en la escuela, desde el director a los porteros, para establecer un tono que indique claramente que el bullying no es aceptable. Esto último es de gran importancia, puesto que a menudo se tiende a culpar a las víctimas de bullying por aquello que les sucede.

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El 18 de julio pasado Elizabeth J. Meyer, doctora en materia de género y escolaridad, publicó en Psychology Today: “La semana pasada estaba dando un taller sobre prevención del bullying con un grupo de profesores de educación física de todo California. Empecé a hablar sobre el caso de Seth Walsh, el muchacho de 13 años que murió por suicidio después de años de ser víctima de bullying en sus escuelas en la zona rural de Tehachapi, California. Un maestro que trabajó en esa región dijo, ‘sí, pero él era realmente diferente y extravagante. Realmente buscó que le sucediera eso’”.

La Dra. Meyer continúa diciendo “siempre me sorprende cuando escucho que culpan a la víctima. Hay tantos casos de directores o maestros o padres diciendo a los niños que no se vistan de tal manera, o que no hablen de tal forma, o que hagan alguna cosa que a los otros niños les guste, ya que de esa forma no los molestaran tanto. El mensaje es este: ‘no tendrías tantos problemas si fueras menos…TU’. Los niños aprenden que hay algo mal con ellos cuando sucede esto. En lugar de culpar a la víctima, tenemos que mirar el entorno, y no al niño, como el problema”.

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Los estudios muestran que los estudiantes de las escuelas que crean un ambiente acogedor, no sólo se desempeñan mejor académicamente, sino que también tienen menores tasas de problemas de comportamiento, como el alcohol y el consumo de drogas.

Pero a pesar de los esfuerzos para fomentar la inclusión, la aceptación de los estudiantes con discapacidades sigue siendo baja en general. “Todavía hay una sensación de que no son plenamente humanos como los demás”, dice Riley-Hall.

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Otro factor que a menudo conduce a la exclusión y la burla es el miedo. “Tenemos muchas generaciones que no han tenido experiencias personales con personas con necesidades especiales, y les temen”, nota Riley-Hall. “Ellos pasan esa ignorancia a sus hijos.”

Los autores del estudio concluyen: “Las aulas inclusivas necesitan aumentar la integración social de los adolescentes [autistas] en grupos protectores de compañeros, al tiempo que aumenta la empatía y las habilidades sociales de parte de los estudiantes (que se han desarrollado normalmente) hacia sus compañeros con [autismo] y otras discapacidades del desarrollo”.

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En efecto, aunque a menudo se afirma que las personas autistas carecen de empatía, sus problemas por lo general se refieren a la incapacidad de comprender la mente de otros – no a una falta real de interés cuando saben que alguien está sufriendo. Mientras tanto, no se supone que las personas sin autismo tengamos impedimentos para comprender el dolor de otros, entonces ¿cuál es la excusa?

Fuentes: Why Autistic Kids Make Easy Targets for School Bullies.
School Bullies Prey on Children With Autism.
Bullying Involvement and Autism Spectrum Disorders Prevalence and Correlates of Bullying Involvement Among Adolescents With an Autism Spectrum Disorder.
Stop Blaming the Victim: Changing Gender Paradigms for Safer Schools.

Imagen: Rollout