Tradicionalmente se ha usado la primera –o primeras- entrevistas en función de métodos interpretativos, como los que pusieron de modelos cuestionarios y tests proyectivos, cada uno trabajando en función del diagnóstico, explorando “objetivamente” la “personalidad”. De esta forma, la entrevista se convirtió en un interrogatorio cuyo fin era definir la experiencia de la persona en un diagnóstico preciso que pudiera categorizarla y etiquetarla, intentando dar con la causa del problema, ya que sin esto el terapeuta no podía comenzar el“tratamiento”. Sin una “verdad objetiva”, sin una patología, era imposible. Incluso, comúnmente, la primera entrevista se convertía en una mera práctica confesional, en la línea caracterizada por David Epston como las terapias “misioneras” o de “degradación” (en una ocasión, una joven me dijo, sobre su anterior experiencia con el psicólogo: “fue como sostener una conversación con mi abuela, llena de consejos y recriminaciones, sólo que esta vez yo pagaba por eso”), con una sola voz: la del problema y el terapeuta experto.

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Las 12 ideas que compartiremos a continuación, podrán permitir centrar nuestro enfoque en la búsqueda de recursos y concentrarnos en la resiliencia, en todo aquello que se relaciona con lo que la persona “ha-hecho-hasta-el-momento-para-seguir-adelante-y-sobrevivir”, y lo bien que lo ha desarrollado. Con esta convicción -la convicción de que la persona ha hecho cosas extraordinarias hasta hoy para mantenerse “en pie de lucha”-, podemos encontrar brillantes excepciones que nos proporcionen más luz en nuestro camino. Algunas de estas ideas son ordinarias, es cierto, talvez no contengan ninguna novedad: el caso es que aun muchos terapeutas que desean enfocarse en los recursos y hablan de resiliencia, ¡actúan como si no lo supieran!

Puedes descargar el completo: 12 principios de la primera entrevista como catalizadora

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