La semana que pasó comencé con mi primera práctica a cargo del curso de Técnicas de la Entrevista y la Observación. Esta primera sesión ha valido para conceptualizar la Observación en el contexto de una entrevista y reflexionar sobre sus dimensiones y modalidades, poniendo énfasis en la influencia del observador sobre el proceso.

En la clase de teoría habían localizado dos dimensiones de la observación: objetiva y subjetiva. Cuesta imaginar que la objetividad aún sea parte del léxico con que somos educados en Psicología, pero esto sucede sacramentalmente y nada mejor para ofrecer resistencia que deconstruir su significado. Así que decidimos usar la objetividad entre paréntesis, como sugiere Maturana. Habían definido la observación objetiva como la que obtiene datos e información que no dependen de una valoración y sucede con independencia de nuestra interpretación. Lo que Watzlawick llamó mucho mejor “realidad de primer orden”. Por ejemplo el movimiento sucesivo de la pierna izquierda, una mirada constante hacia el reloj, un cruce de brazos, un bostezo, etc.

Y llamaron observación subjetiva a la valoración y los supuestos que acompañan cada dato e información. Por ejemplo: hay un movimiento sucesivo de piernas, por lo tanto esta persona podría encontrarse ansiosa o nerviosa; hay una mirada constante hacia el reloj, talvez esta persona tenga apuro y le falte el tiempo; está cruzado de brazos, veo que este es un tema que se toma muy en serio. “Realidad de segundo orden” la llamó Watzlawick.

“Cuesta imaginar que la objetividad aún sea parte del léxico con que somos educados en Psicología”

Así que decidimos hacer con esto algunas preguntas antes de pasar a observar algunas representaciones específicas: ¿Cómo usamos la información que observamos en el marco de una realidad de primer orden? ¿En qué convertimos toda esta información? ¿Cómo influye en nuestra decisión de conducir la entrevista? ¿De qué manera configuramos una realidad de segundo orden? ¿Cómo podemos usar la observación objetiva y subjetiva para construir un clima de confianza y respeto en la entrevista?

En uno de los casos prácticos elaborados por los alumnos, Gianfranco se presenta frente a David (que simulaba ser un consejero escolar) para contarle que tiene serios problemas para concentrarse y estudiar tranquilo. Sus notas han disminuido el último semestre y esto le preocupa. David observa que Gianfranco no deja de mover las piernas y señala: “estás muy ansioso y nervioso”, y Gianfranco baja la cabeza perdiendo el contacto visual. Luego David, al concluir que Gianfranco, por el motivo de consulta y al no hallar respuesta a su pregunta de “¿Cómo puedes hacer para mejorar esta situación?”, empieza con una pequeña charla de motivación acerca de lo que es y no correcto a la hora de estudiar, y las consecuencias de tener notas tan bajas y no hacerse cargo del estudio. Gianfranco ahora no sólo está moviendo las piernas sino además toma su celular y empieza a jugar con las teclas. Más adelante David empieza a hacer preguntas sobre la vida familiar de Gianfranco, que responde que todo está perfecto en casa. David insiste en localizar alguna “disfunción” y ante “la negativa” de Gianfranco de reconocer que existe un problema en casa, le dice que será necesario citar a sus padres para que conversen con él y ver de qué manera colaborando con el asunto.

Reflexionando luego de los 10 minutos que duró la “entrevista”, David señala sus razones para decidir llevar la entrevista de esa manera:

1. Vio que Gianfranco movía las piernas y eso para él era señal de ansiedad y nerviosismo, así que sentenció de esta manera la conducta de Gianfranco.
2. Pensó que al tratarse de un muchacho que no ofrecía una buena respuesta para entender el problema, y que no contaba con las herramientas adecuadas, sería bueno motivarlo un poco y mostrarle las posibles consecuencias de su problema si no ponía orden. Además estaba convencido en ese momento de que debía tomar una postura personal dada la situación.
3. Para él, los problemas en los adolescentes tienen una base familiar, de modo que quiso dirigir la entrevista sobre ese punto.
4. Como no lograba encontrar alguna señal de la causa del problema, pensó que lo mejor sería citar a los padres.

En una segunda entrevista con el mismo Gianfranco y enfocados en movernos en las dimensiones “objetiva” y “subjetiva” de la observación, Gianfranco expone el mismo problema pero con un observador que se mueve de otra manera, y que al observar luego de algunos minutos el movimiento constante y cada vez más intenso de las piernas de Gianfranco tratándose de acomodar en la silla, decide hacer dos observaciones: “Gianfranco, veo que te estás moviendo con incomodidad y noto en eso y tu mirada, un aparente nerviosismo o quizás algo de ansiedad, corrígeme si me equivoco por favor. Tal vez te encuentres como la mayoría de personas que vienen a consejería por primera vez: un poco nervioso al estar frente a un perfecto desconocido como yo”, a lo que David señala: “Si, es que nunca estuve frente a un consejero y pone bastante nervioso estar sentado frente a usted”, a lo que el consejero, mirando con cierta ternura a David, termina por responder: “Me imagino Gianfranco, yo en tu lugar estaría igualmente nervioso. Venir y sentarte frente a un completo desconocido debe ser muy embarazoso, sin embargo, permíteme preguntarte si hay algo que yo pueda hacer para que puedas sentirte más cómodo”. La respuesta de Gianfranco es inmediata: alza la cabeza y le dice que con el transcurrir del tiempo la ansiedad y los nervios iban a desaparecer, que sólo tuviera un poco de paciencia con él. Acto seguido Gianfranco se dirige al consejero con la mirada puesta en sus ojos. Luego el consejero señala: “Gianfranco, algunas personas que pasan por el mismo problema que tú, no suelen tener en casa un ambiente muy agradable de estudio. ¿Es este tu caso?”, a lo que Gianfranco responde sencillamente con un NO. El tema familiar no se trató más, y cuando el consejero decide “curiosear” por los momentos libres y de ocio de Gianfranco, descubre que en ocasiones ha pasado por la tarde leyendo en la biblioteca muy tranquilo y concentrado y decide llevar la entrevista por ese camino.

“Cada observación es una invitación”

En esta última entrevista, Gianfranco tuvo la posibilidad de decir que si y que no, a diferencia de la entrevista anterior, en la que todo era determinado por la postura personal que tomaba el consejero.
La conclusión a la que llegamos es que observar es siempre una invitación para descubrir nuevas posibilidades para la relación en el proceso de la entrevista. Es imposible no tener supuestos sobre cada una de las cosas que observamos, el reto está en la actitud con la que comunicamos estos supuestos y la influencia que tiene en el proceso de co-construcción de la entrevista. Que cada observación se convierta en una invitación nos va a permitir crear un buen clima de confianza y empatía. El mismo Gianfranco se encargó de compartir la falta de empatía y comprensión de la primera entrevista, y la empatía y confianza que sintió en la segunda.

Estamos permanentemente dando feedback. Equivocadamente asumimos que el feedback es un acto que hay que pedir voluntariamente, pero el feedback está presente en cada una de las conversaciones que realizamos. Mientras haya una coordinación lingüística tendremos feedback. En cada intercambio vamos dando feedback y esto hace posible el bucle de la conversación.
Así que no debemos olvidar: en el contexto de una entrevista, cada observación es una invitación.

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Psicólogo y psicoterapeuta formado en Terapia Sistémica Breve. Es fundador y editor de EL TERAPEUTA ESTÚPIDO (www.elterapeutaestupido.ayalajorge.com), una publicación virtual donde impulsa a través de artículos, publicaciones y cursos el conocimiento y desarrollo de la Terapia Breve Centrada en Soluciones y la Terapia Narrativa. Actualmente ofrece un curso formativo online de Terapia Breve Centrada en Soluciones, donde participan personas de Europa y América Latina.

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