Muchos se preguntarán qué es la Equinoterapia, para qué sirve. ¿Terapia alternativa? ¿Caballos terapéuticos, quizás? ¿Equitación? ¿Qué engloba esta palabra? En el imaginario social se tiende a creer que dar un paseo a caballo es hacer “Equinoterapia”, pero se nos escaparían muchas ideas si pensáramos solamente en esto, ya que existen estudios científicos que profundizan sobre las innumerables propiedades curativas de esta práctica. Es que la Equinoterapia implica una labor amplia y valiosísima para mejorar la calidad de vida de los seres humanos.

Para profundizar aún más en este tema, entrevisté a la licenciada, colega y amiga personal Jésica Arlettaz, que a sus cortos años es psicóloga infanto-juvenil y docente en la Escuela Secundaria N° 20 “Rosario Vera Peñaloza” de Oro Verde, quien además ha tenido experiencia directa en el trabajo terapéutico con estos cuadrúpedos gigantes, pues estuvo dos años como instructora en el Centro de Equinoterapia Médica La Delfina en la localidad de Oro Verde, Entre Ríos, Argentina.

Sponsor exclusivo:

Por consiguiente, Jésica, acláranos un par de puntos:

¿Qué es la Equinoterapia?

La Equinoterapia es un tipo de terapia relativamente nueva. No consiste simplemente en “dar un paseo a caballo” como muchos imaginarán deductivamente asociando las palabras EQUINO= caballo y TERAPIA= tratamiento, rehabilitación. Básicamente puede derivar en varias ramas en las que se puede trabajar, donde el factor que nunca cambia es el caballo pero sí el objetivo con el que se utiliza a éste. Entre ellas podemos nombrar la Equinoterapia Deportiva, Equitación, Equinoterapia Social

¿Y cuál de todas hoy nos vas a contar?

La Equinoterapia de la que hoy te voy a contar es específicamente de la “Equinoterapia Médica” o “Hipoterapia”, la cual está basada en un trabajo interdisciplinario en pos del bienestar y salud de las personas. La Equinoterapia Médica a diferencia de otras es aquella que se realiza “siguiendo un plan de tratamiento diseñado por un médico que posee conocimientos sobre discapacidades y sus secuelas —importante que éste sea un neurólogo, traumatólogo, pediatra generalista, fisiatra, genetista—, y a su vez debe contener conocimientos en Equinoterapia”, así lo expone Suárez (2010) en su libro Manual de Equinoterapia. Si bien el hecho de montar un caballo ya de por sí tiene propiedades naturales para nuestra salud como la termoterapia o masoterapia (que más adelante te contaré de qué se trata), la finalidad con la que se utiliza el caballo en este caso es para “rehabilitar”. “La rehabilitación está dirigida a patologías neuromotoras, traumáticas, degenerativas…”, como bien lo explica Suárez.

La naturaleza, el olor a campo descontractura, relaja, baja la ansiedad

¿Desde la práctica misma cómo funciona?

El paciente monta a caballo con una persona que, en la jerga de la Equinoterapia, se denomina instructor, quien por lo general es un profesional de alguna disciplina vinculada a la salud, ya sea kinesiólogo, psicólogo, terapista ocupacional… la consigna es que tenga conocimientos en este área. El instructor es el que monta a caballo con el paciente-jinete y se encarga de acompañarlo  durante la sesión (45 minutos aproximadamente dura) y de ejecutar el plan de tratamiento diseñado por el médico. En este caso el caballo siempre debe ir al paso y nunca marcha solo, sino que es llevado a tiro por un peticero,  quien cumple la función de ir respondiendo a las órdenes del instructor y guiando el animal hacia donde éste último sugiera, realizando paradas en algunas postas del predio para ejecutar actividades. En este sentido, si el médico observa que el paciente presenta alguna dificultad motora en los miembros superiores, por ejemplo, se realizarán actividades con distintos elementos arriba del caballo para reforzar y estimular este aspecto: subir y bajar elementos con los brazos, rotación de caderas junto con los brazos, manipular diferentes objetos como pelotas y broches, movimientos articulados, etc. Muchas veces trabajamos dos aspectos simultáneamente, neuromotor y psicológicos, como cuando estimulamos la prensión fina manipulando broches al mismo tiempo que estimulamos la atención y la concentración solicitando al paciente-jinete que clasifique dichos broches por color y forma, por ejemplo. Básicamente, la tendencia es siempre trabajar interdisciplinariamente.

Es decir, no sólo es subirse a un caballo. Es mucho más complejo que eso.

¡Totalmente! Es muy apasionante y enriquecedor. Aquí desarmamos un primer mito.

¿Cómo ha sido tu experiencia en este campo, particularmente en La Delfina?

He tenido la hermosa experiencia de trabajar con niños quienes además de padecer dificultades neuromotoras presentaban problemáticas psicológicas como algún déficit atencional, hiperactividad, trastornos del espectro autista, retrasos madurativos. Desde el plano psicológico, además de los aspectos que te comenté anteriormente, se buscaba fortalecer el autoestima del niño, estimular su lenguaje y comunicación, reconocimiento y autoimagen con elementos como un espejo grande que hay en el picadero, además con juegos didácticos, juegos cooperativos e integrativos, etc. De por sí para estos niños, subirse al caballo ya es una experiencia extremadamente positiva, y nos encontramos con un montón de emociones, desde aquellos que desde el primer día crean un vínculo estrecho con el animal y se apropian del mismo de tal manera que lo consideran “su caballo”, hasta aquellos que frente a su dificultad para expresar sus emociones nos transmiten su gratificación a través de la ansiedad que manifiestan cuando ven acercarse el animal en el momento de la monta. ¡Es muy emocionante!

Jessica Arlettaz
Jessica Arlettaz

Desde lo psicológico, ¿Cuál es la importancia significativa de trabajar con estos pacientes en un entorno natural y abierto a diferencia de los consultorios a cuatro paredes y si tenemos suerte, con un ventilador?

Yo creo que desde el punto de vista psicológico es sumamente importante. Por un lado, tenemos que tener en cuenta que el niño, adolescente, adulto que monta está realizando una terapia en un entorno natural y ecuestre, distinto al de un consultorio, el cual es un ámbito artificial, cerrado y con poca posibilidad de movimiento. Esto ya de por sí tiene un impacto positivo sobre la salud de las personas. Así como muchas veces salimos a caminar para despejar nuestra mente luego de una jornada laboral intensa, la misma función cumple esta práctica. La naturaleza, el olor a campo descontractura, relaja, baja la ansiedad.

Por otro lado, se encuentran las innumerables actividades que podemos hacer, desde juegos que impliquen interactuar con otras personas, ya sea con el médico, peticero, instructor como otros pacientes-jinetes que están en pleno desarrollo de su sesión, hasta el contacto con el animal que tiene un poder sanador en sí mismo. Así como también la importancia de los límites y hábitos que incorpora cada paciente-jinete dentro cada sesión de Equinoterapia, ya que dentro del predio por ejemplo deben respetar su turno, horario, los momentos de descanso del caballo, no entrar al predio cuando hay otro paciente-jinete en sesión, etc. 

Cómo que guarda algo misterioso ese vínculo tan genuino que se da únicamente entre sujeto-animal, especialmente en los más pequeños. ¿Particularmente observaste alguna progresión o mejoría de los tantos pacientes que pasaron por el centro La Delfina en cuanto a este vínculo tan particular?

¡Claro! No podemos ignorar el hecho de que subirse a un caballo para un niño, adolescente, adulto, envuelve en sí mismo un significado importante. Desde lo psicológico, éste es uno de los tantos agentes de salud: el vínculo caballo-jinete.  En este sentido lo que se promueve no es el vínculo con los profesionales sino con el caballo. ¡El mérito es todo del animal! Creemos que este vínculo es el puente propulsor para la rehabilitación y bienestar de los pacientes-jinetes. En cierta forma podemos decir que influye fortaleciendo la autoestima y promueve el desarrollo de la comunicación, ya que el caballo al ser un animal grande, poderoso, genera en sí mismo un sentimiento de omnipotencia frente a las adversidades. ¡Piensen en un niño que nunca caminó ni pudo movilizarse por sí mismo y que de repente se vea arriba de este animal, que le da poder para trasladarse casi a cualquier lugar!

¡El mérito es todo del animal!

Muchas veces hemos caído en el error de pensar que un niño con autismo al que observamos que no habla ni nos mira, parecería no comunicar nada pero lo interesante de la experiencia en estos casos es que un “berrinche”, un grito, un gesto, nos comunicaba muchísimo más que sus palabras y nos transmite ideas sobre cómo trabajar con ellos, de qué modo abordar su problemática. En este sentido hemos observados muchos avances en niños que tenían un diagnóstico de autismo, por ejemplo, pero que sin embargo cuando llegaban al picadero y montaban su caballo se transformaba su carita, mejoraban hábitos, incorporaban límites, gesticulaban manifestando emociones… como así también mejoras a nivel motor en los casos de niños con parálisis cerebrales que corrigieron su marcha en tijera gracias a la monta en la cruz del caballo, combatir secuelas y mejorar la calidad de vida.

¿Qué tipos de patologías específicas son las que pueden tratar con esta terapia? ¿Qué propiedades naturales para la salud tiene el caballo?

Muchísimas. Desde patologías neuromotoras hasta cuadros psicológicos y psiquiátricos. En éste último campo hay que ser cautelosos y estar atentos a si el paciente-jinete está debidamente controlado por un profesional tratante, o sea el profesional de cabecera y en algunos casos medicado correctamente.

En cuanto a las propiedades naturales se podría decir que la Equinoterapia se basa en tres principios de acción: la termoterapia (el caballo transmite el calor corporal al jinete), la masoterapia (el caballo transmite los impulsos rítmicos del dorso al jinete) y el andar multidimensional de los miembros anteriores (adelante-atrás, arriba-abajo y derecha-izquierda), movimiento similar al de la pelvis humana cuando caminamos. Este último principio es muy significativo para un paciente que nunca caminó, por ejemplo; ya que en cierta forma al trasladarse arriba del caballo va incorporando la impronta de la marcha heterolateral, similar a la del caminar humano.

Desde las terapias psicológicas, para un niño con Autismo o Síndrome de Down, por ejemplo, ¿crees que la aplicación de la Equinoterapia es suficiente para ver progresos o es recomendable complementarlas con otras terapias?

La verdad que me parece muy buena tu pregunta. La realidad es que en este sentido cabe aclarar que la Equinoterapia es una terapia complementaria a otros tratamientos, en otras palabras la Equinoterapia es SUMATIVA. Desde luego que un niño sólo con Equinoterapia no va a sanar su patología, dificultad motora, pero sí obtendrá probablemente algunos progresos. Por eso mismo es que se sugiere siempre la Equinoterapia en el marco de otros tratamientos para reforzar, complementar, sumar. Es decir, realizar un trabajo articulado con otras disciplinas.

Pasando un poco a materias políticas, hasta el día de hoy la Equinoterapia es, al igual que la Acupuntura y otras prácticas, considerada como una terapia alternativa. ¿Piensas que es tan así? Y junto con esto ¿Cómo está insertado dentro de los programas de Salud Pública?

La realidad es que como la Equinoterapia está sustentada en hipótesis neuroevolucionistas hoy por hoy constituye una alternativa terapéutica no convencional pero se está trabajando mucho para lograr salir de éste paradigma e incorporar a la Equinoterapia como una terapia reconocida en todas sus dimensiones (normativas, legales, etc.). Hasta el momento sólo existen indicadores empíricos pero nada cuantificables a nivel internacional. Por lo que existen muchas dudas respecto a las propiedades curativas de los caballos. De todas maneras, cabe destacar que en este último siglo a nivel mundial se ha avanzado muchísimo en este tema.  Empezando por el año 1917 cuando en el Hospital de Oxford, nada más y nada menos, se creó el primer grupo para rehabilitar y estimular heridos en la primera guerra mundial a través de la equitación.

Es una experiencia en sí misma sanadora

Por otro lado, tengo conocimiento de que la Coordinadora Marita Schonhals, el Dr. Carlos Suárez, Médico Traumatólogo y Director de la Delfina Equinoterapia Médica, conjuntamente con un grupo de bioingenieros de la Facultad de Bioingeniería (UNER) de Oro Verde, realizaron un estudio de carácter empírico, único a nivel internacional, en el que evaluaron cuatro pacientes que practicaron Equinoterapia y que padecían problemas neuromotores. Este trabajo lo hicieron a lo largo de tres meses y destacaron notables mejorías llegando a la conclusión de que “el andar multidimensional del caballo es equivalente a la manera del caminar humano”. Pero como la muestra diríamos no es representativa, los datos no se podrían generalizar. Pero estos son pequeños avances que van rompiendo con viejos mitos, estructuras y preconceptos sociales-culturales, y proporcionado evidencias a favor de la Equinoterapia. En este sentido el Dr. Suárez suele citar el pensamiento de Schopenhauer respecto a que una verdad atraviesa por tres etapas: “LA PRIMERA, EN LA QUE SE BURLAN DE ELLA; LA SEGUNDA, EN LA QUE SE OPONEN VIOLENTAMENTE A ELLA; Y LA TERCERA, DONDE SE LA ACEPTA FINALMENTE COMO OBVIA”

¿Cuánto sale aproximadamente una sesión o un programa de Equinoterapia Médica? ¿Existe accesibilidad a todo público o sus costos son bastantes selectivos a cierta parte de la población?

La realidad es que todo depende de cada centro de Equinoterapia. Los costos varían de acuerdo a las características de cada lugar.

¿Qué sugerencia le darías a alguien que nunca hizo Equinoterapia y quisiera probar esta nueva experiencia?

Desde mi experiencia como instructora en Equinoterapia y psicóloga, le diría simplemente que es una experiencia en sí misma sanadora y que difícilmente va arrepentirse de vivirla. Personalmente, he descubierto que cuando uno se baja del caballo luego de una sesión de Equinoterapia se siente más liviano y relajado. Mucho más aún si al montar tu cuerpo tiene contacto con la piel del animal, que por su calor corporal transmite a nuestro cuerpo una sensación natural de bienestar y relajación (el caballo tiene la temperatura corporal dos grados por encima de la nuestra), así como también la masoterapia que genera el movimiento de su caminata al andar al paso y los impulsos rítmicos del dorso al jinete.

Si quieren ver algunas de las experiencias de Equinoterapia los invito a visitar el facebook: La Delfina Equinoterapia, allí hay muchísimas fotos para compartir, para conocer mucho más sobre el “Método Chamarrita” creado para la rehabilitación de paciente-jinete y observar el picadero, lugar donde se trabaja con estos animales.

Bibliografía

Carlos A. J Suárez (2010). Manual de Equinoterapia. Editorial Dunken: Bs. As.

Imagen: ValenciaCaballo