Imagen: Health Nation

Hace algún tiempo nos encontramos con una investigación que nos resultó curiosa no tanto por sus resultados sino por quiénes fueron los investigadores, así que pensamos en reseñarla para que se mantengan afilados durante las vacaciones.

Hay una situación bastante circular en la investigación sobre psicoterapia, y es que la mayor parte de los estudios son llevados a cabo por adherentes al modelo psicoterapéutico que se pone en juego: las investigaciones sobre terapia cognitiva son realizadas por terapeutas cognitivos, las que versan sobre psicodinámica por terapeutas psicodinámicos, y así. Esta situación -que es inevitable en un mundo académico en el cual escasean los recursos de investigación y abundan las psicoterapias- ocasiona que cuando las investigaciones no están bien diseñadas se cree un fuerte sesgo de alianza (esto es, los resultados tienden a ser favorables al modelo al cual adhiere el investigador; Wilson, Wilfley, Agras, & Bryson, 2011). Por esto es que las investigaciones deben ser tomadas con un grano de sal y se requieren réplicas independientes antes de arriesgar conclusiones.

Esta situación ha tenido un efecto deletéreo en las conversaciones académicas, ya que las investigaciones son descartadas siguiendo esta línea de razonamiento: si la investigación que respalda la hipótesis X fue hecha por López, y si López adhiere a la hipótesis X, la investigación es automáticamente inválida, en una falacia ad-hominem no muy disfrazada (falacia ad-hominem es toda aquella en la cual un argumento es rechazado –o aceptado- no por su validez sino por quién lo dice: “¿cómo va a ser válido su argumento si tiene cara de estúpido?”)

Por supuesto, rechazar esa falacia no significa que haya que creer cualquier investigación ni dejar de tener en cuenta los intereses del investigador –incluso los journals incluyen un apartado de “conflictos de interés”, para que el lector pueda poner en contexto los datos– pero descartar acríticamente un dato es igual de estúpido que aceptarlo acríticamente (si bien la suspicacia como reemplazo de la inteligencia suele tener mejor prensa).

Hecho el descargo inicial, veamos la investigación.

El estudio

La investigación en cuestión se trata de un ensayo controlado aleatorizado en el cual se compara la eficacia de la psicoterapia psicoanalítica (PP), y la terapia cognitivo conductual (TCC) para el tratamiento de la bulimia nerviosa, realizado por Poulsen y colaboradores (2014).

Como sabrán, un ensayo controlado aleatorizado es aquel en el cual los sujetos son asignados a uno u otro de los tratamientos de manera azarosa, reduciendo así los sesgos estadísticos. En la investigación se tomaron 70 pacientes que se asignaron aleatoriamente a una de dos condiciones de tratamiento:

  1. Psicoterapia psicoanalítica
    • Duración: dos años
    • Sesiones semanales de 50 minutos
    • Promedio de sesiones recibidas: 72
    • Experiencia promedio de los terapeutas: 17 años
  2. Terapia Cognitivo-Conductual
    • Duración del tratamiento administrado: 5 meses
    • Sesiones semanales de 50 minutos (y una introductoria de 90’)
    • Promedio de sesiones recibidas: 20
    • Experiencia promedio de los terapeutas: 8 años

Se tomaron múltiples medidas en varios puntos de la investigación, pero las principales fueron tomadas en los siguientes momentos:

  • al inicio del tratamiento,
  • luego de 5 meses (al terminar las sesiones TCC), y
  • luego de 24 meses de iniciado el tratamiento (al terminar las sesiones de PP).

El foco de la investigación estuvo en pacientes con bulimia. Como sabrán, la bulimia se caracteriza por episodios de atracones seguidos por conductas compensatorias (vomitos, consumo de laxantes, ejercicio excesivo, ayunos). Al tratarse de este cuadro, no sólo se midió la sintomatología general (con inventarios como el SCL, el STAI, BDI, entre otros), sino también la ausencia de episodios de atracones y purgas (definida como un período de 28 días sin atracones ni purgas), que fue la medida principal de la investigación.

Resultados

Los resultados de la investigación fueron notables. En términos de sintomatología general, 5 meses de TCC y 24 meses de PP tuvieron impacto similar, pero en donde realmente hubo una diferencia fue en los episodios de atracones y purga: luego de las 20 sesiones TCC esos episodios cesaron en un 42% de los pacientes, mientras que luego de las 72 sesiones promedio de PP, los episodios cesaron en sólo un 15% de los pacientes.

En caso de que no haya quedado claro, la evidencia resultó abrumadoramente favorable a TCC: no sólo generó mejores resultados en lo que atracones y purgas se refiere, sino que lo hizo en una cuarta parte del tiempo utilizado por PP, con terapeutas menos experimentados y con menos formación.

Lo notable de esta investigación es que no fue realizada por investigadores TCC sino por un grupo de investigadores psicoanalíticos (basta ver la página académica del autor principal para corroborar esto), por lo cual es difícil sostener que los resultados se debieron a un sesgo de alianza.

Por un lado, es un encomiable caso de honestidad intelectual publicar algo que va tan a contramano de las hipótesis propias. Pero a la vez, estos resultados sirven para corroborar de manera independiente los datos de TCC para bulimia (de paso, el artículo está disponible para descarga en el sitio del journal).

graficobulimia

Hay algo que no ha recibido demasiado interés en el artículo original y es la diferencia de costos entre ambos abordajes: PP utilizó 52 sesiones más que TCC. En Latinoamérica, donde no andamos precisamente tirando dinero por la ventana, este no es un dato menor, especialmente si se considera que los trastornos alimentarios tienen tasas de mortalidad muy elevadas comparadas con el resto de los diagnósticos. Es algo a recordar: estas investigaciones no sólo son relevantes para las discusiones académicas, sino para el bienestar y la vida de muchas personas.

Referencias

Poulsen, S., Lunn, S., Daniel, S. I. F., Folke, S., Mathiesen, B. B., Katznelson, H., & Fairburn, C. G. (2014). A Randomized Controlled Trial of Psychoanalytic Psychotherapy or Cognitive-Behavioral Therapy for Bulimia Nervosa. American Journal of Psychiatry, 171(1), 109–116.

Wilson, G. T., Wilfley, D. E., Agras, W. S., & Bryson, S. W. (2011). Allegiance Bias and Therapist Effects: Results of a Randomized Controlled Trial of Binge Eating Disorder. Clinical Psychology, 18(2), 119–125.

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Psicólogo y profesor, atiende pacientes y cuando le queda tiempo libre escribe información biográfica en tercera persona en Psyciencia. Demasiado online para su propio bien, está siempre dispuesto a sostener discusiones sobre psicología o Star Wars, dependiendo de la hora.Miembro de la Association for Contextual Behavioral Science (http://contextualscience.org/user/fabian_maero( y del grupo ACT Argentina (www.grupoact.com.ar), intenta difundir terapias que funcionen y sean adecuadas en el contexto sudamericano; pese a esto, dicta regularmente talleres y cursos para psicólogos.