El Trastorno del espectro autista (TEA), es de aparición relativamente reciente en la literatura psicológica y psiquiátrica. Es en 1943, que Leo Kanner lo describiría como un síndrome con ciertas características, como por ejemplo las deficiencias en la comunicación e interacción social y patrones restrictivos de comportamiento; las cuales aun las podemos encontrar en los criterios del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V)1.

En la actualidad se considera que el TEA tiene un fuerte componente genético, que interacciona a su vez con factores ambientales 2. A través de los años, se han propuesto diversas hipótesis explicativas del mismo. Una que ha cobrado una particular fuerza en los últimos años, es la que postula que el autismo se origina por la influencia de las vacunas. Esta postura tiene dos bases, una se sostiene en la idea de que la vacuna triple vírica (MMR) produce un problema malabsortivo intestinal. La otra, afirma que un derivado del mercurio, el timerosal (también presente en la MMR), es el causante de los problemas observados en el TEA.

En este artículo vamos a realizar un breve recorrido por el origen y estado actual del tema.

Un poco de historia

Encontramos un antecedente de la relación entre vacunas y TEA, en los estudios de Wakefield en la enfermedad de Crohn, en el año 1993. Este pintoresco personaje asoció, mediante un estudio comparativo entre niños vacunados y no vacunados, a la vacuna antisarampionosa (uno de los componentes de la MMR) con la colitis ulcerativa y la enfermedad de Crohn. Wakefield llegó a la conclusión que el riesgo relativo de sufrir estas enfermedades estaba significativamente relacionado con el hecho de haber sido vacunado.

Rápidamente aparecieron investigaciones contradiciendo los resultados de Wakefield3. Un año más tarde, él mismo se retractó de sus conclusiones originales, presentando un estudio que contradecía sus hallazgos iniciales 4.

En el año 1998, cuando ya se había descartado la relación entre la vacuna antisarampionosa y las enfermedades intestinales mencionadas, el mismo Wakefield, que al parecer no había aprendido a corroborar sus resultados antes de hacer anuncios sensacionalistas; publicó un estudio en Lancet en el que se analizaba una muestra de 12 niños, de entre 3 y 10 años. Todos tenían una historia de desarrollo normal, seguida de una regresión de las funciones cognitivas, entre ellas el lenguaje.

De estos 12 niños, 9 fueron diagnosticados con autismo. Según sus padres, el deterioro conductual y cognitivo se correlacionaba cronológicamente con la aplicación de la vacuna MMR en 8 de estos pequeños. La conclusión del estudio apuntaba a un factor ambiental, la vacuna, que parecía estar involucrada en el TEA a través de una inflamación intestinal. Ésta, generaría una excesiva absorción de neuropéptidos tóxicos, afectando el desarrollo del cerebro en etapas tempranas.

UN ESTUDIO PUBLICADO EN 1998 REALIZADO SOBRE UNA MUESTRA DE 12 NIÑOS, RELACIONO POR PRIMERA VEZ A LA VACUNA MMR CON AUTISMO

Estudios posteriores, realizados por un patólogo irlandés, de apellido O´Leary, dieron un apoyo momentáneo a la relación entre la vacuna del sarampión y el autismo, al observar en una serie de pacientes remitidos por Wakefield, trastornos del neurodesarrollo y el virus del sarampión en los intestinos.

Vacunas y timerosal

La segunda hipótesis proviene del lado del timerosal, un derivado del mercurio, utilizado como preservante en ciertas vacunas, entre ellas la triple vírica (MMR). Un artículo publicado en el 2001 en Medical Hypotheses 5, relacionando los síntomas de intoxicación por mercurio con los de autismo (trastornos del movimiento, alteraciones del lenguaje y psiquiátricas), contribuyó a poner en el centro de la escena a las vacunas en relación al TEA.

En el año 2003, Geier y Geier 6 publicaron una revisión estadística que mostraba una incidencia significativamente mayor de autismo y trastornos del desarrollo en personas que habían recibido vacunas con timerosal, que en aquellas personas que habían recibido vacunas sin este componente.

Todo apuntaba, a una relación de causalidad entre este preservante y el autismo.

¿Qué nos dicen los estudios posteriores?

Si bien en un comienzo los resultados de Wakefield causaron una gran conmoción, pronto las sospechas sobre las vacunas desaparecieron en gran parte de la comunidad científica. Brian Deer, un periodista  del Sunday Times, investigó el asunto descubriendo resultados fraudulentos, trasgresiones éticas, falsificación de datos e intereses ocultos, como por ejemplo los de Wakefield de patentar su propia vacuna.

Éste, inició acciones legales contra el periodista, perdiendo no sólo 3 querellas distintas, sino además teniendo que indemnizar al corresponsal por los costos producidos. Al poco tiempo, 10 de los 12 autores del estudio de Wakefield se retractaron de las conclusiones originales, la revista Lancet calificó su trabajo como desastrosamente deficiente; y por último el General Medical Council prohibió el ejercicio profesional de Wakefield en el Reino Unido.

LA INVESTIGACIÓN DE WAKEFIELD FUE CALIFICADA DE DESASTROSAMENTE DEFICIENTE. SE LE PROHIBIO EL EJERCICIO PROFESIONAL EN REINO UNIDO

Los resultados de O´Leary, que estudiaba casos remitidos por Wakefield, no pudieron ser replicados utilizando las mismas técnicas. Se concluyó entonces que sus hallazgos no poseían credibilidad. Finalmente, O´Leary terminó admitiendo que no existía evidencia que vinculara al autismo con la vacuna de sarampión.

Con respecto al timerosal, se sabe desde hace muchos años que es de muy baja toxicidad. En 1929, previo al descubrimiento de los antibióticos, se utilizó este derivado del mercurio en una gran epidemia de meningitis en Indiana7. Si bien el mismo no resultó un medicamento eficaz, quedó claro que no afectaba al ser humano en las dosis que se aplicaba, unas 10.000 veces mayor al contenido en las vacunas.

Con respecto al estudio de Geier y Geier, una revisión del método empleado por los investigadores halló un importante sesgo en la fuente de información utilizada, el Vaccine Adverse Event Reporting System (VAERS). Posteriormente a su artículo, los epidemiólogos Goodman y Nordin demostraron que los datos de VAERS estaban influenciados por la intención de poner querellas por daños8. Hay que aclarar que VAERS, es un sistema que permite notificar a cualquier persona de un evento adverso con vacunas, sin necesidad de estar calificada para evaluar una relación de causa- efecto. En este caso puntual, un 75% de los casos denunciados correspondían en forma cronológica con la publicación en Lancet del artículo de Wakefield.

En el 2007, se realizó un estudio que incluyó a 1047 niños con edades entre los 7 y 10 años. Se evaluaron aspectos como el lenguaje, memoria verbal, rendimiento escolar, coordinación motora fina, habilidad visuoespacial, atención, regulación de la conducta e inteligencia general. Se analizó la exposición a mercurio durante la fase prenatal, el primer mes de vida y hasta los 7 meses. No se halló ninguna relación significativa entre la exposición al timerosal y el desarrollo neurocognitivo9.

Muchos de los casos de autismo asociados a vacunas, son los que presentan la variable regresiva. Esto es, niños que en apariencia se desarrollan de manera normal, pero en determinado momento comienzan a perder las habilidades adquiridas. Meilleur y Fombonne compararon a niños con TEA con y sin regresión, llegando a la conclusión de que la misma no estaba relacionada con la exposición al timerosal10.

En Dinamarca se dejó de utilizar este componente en las vacunas en 1990, varios años antes de que se relacionara con el autismo. Si el mismo hubiese estado relacionado con el trastorno, las tasas de autismo deberían haber bajado drásticamente luego de la retirada del derivado. No obstante, no solo no disminuyeron, sino que aumentaron en proporciones similares a la del resto de los países11.

En California, se analizó la incidencia del TEA desde el 1995 hasta el año 2007. A partir del 2001 se habían comenzado a retirar las vacunas con timerosal, y para el año 2004 se habían quitado por completo. A pesar de ello, el autismo se siguió incrementando año tras año12.

EN DINAMARCA EL TIMEROSAL NO SE USA DESDE 1990. NO OBSTANTE, LAS TASAS DE AUTISMO AUMENTARON EN LA MISMA PROPORCION QUE EN EL RESTO DEL MUNDO

En Japón los datos apuntan en el mismo sentido. La vacuna MMR se utilizó solo entre 1989 y 1993. A pesar de ello, no hay contrastes en la incidencia del TEA en los períodos en donde se aplicó la vacuna, de aquellos en los que no se usó13.

¿Fin del asunto?

La evidencia que relaciona TEA con vacunas es inexistente, o se encuentra sesgada por importantes errores metodológicos e intereses netamente económicos, como los de Wakefield de patentar su propia vacuna. Lamentablemente las abrumadoras evidencias posteriores al anuncio de Wakefield no fueron suficientes para persuadir a muchísimas personas de que ni ellos ni sus hijos corrían los riesgos anunciados. Incluso tal vez tuvieron un efecto contrario, afianzando los llamados grupos antivacunas.

La existencia de estos movimientos, plantean en última instancia una cuestión de extrema importancia: ¿corresponde a una decisión individual vacunarnos, o dado que vivimos en sociedad, es algo que debemos hacer tanto por nosotros como por el resto de la población? Planteo para un próximo artículo, analizar ambas posturas.

Referencias bibliográficas:

  1. De Psiquiatría, A. A. (2014). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales-DSM 5. Médica Panamericana.
  2. Artigas-Pallarés, J. (2010). Autismo y vacunas: ¿punto final?.  Revista de Neurología, 50(Supl 3), S91-9
  3. Lizuka M., Saito H., Yukawa M., Itou H., Shirasaka T., Chiba M… & Watanabe, S. (2001). No evidence of persistent mumps virus infection in inflammatory bowel disease. Gut; 48 (5) 637-41.
  4. Chadwick N., Bruce IJ., Schepelmann S., Pounder RE., Wakefield AJ. (1998). Measles virus RNA is not detected in inflammatory bowel disease using hybrid capture and reverse transcription followed by the polymerase chain reaction. J Med Virol; 55, 305-11.
  5. Bernard S., Enayati A., Redwood L., Roger H., Binstock T. (2001). Autism: a novel form of mercury poisoning. Med Hypotheses, 56, 462-7.
  6. Geier MR., Geier DA. (2003). Neurodevelopmental disorders after thimerosal-containing vaccines: a brief communication. Exp Biol Med, 228, 660-4.
  7. Artigas-Pallarés, J. (2010). Autismo y vacunas: ¿punto final?.  Revista de Neurología, 50(Supl 3), S91-9.
  8. Goodman MJ., Nordin J. (2006). Vaccine adverse event reporting system reporting source: a possible source of bias in longitudinal studies. Pediatrics, 117, 387-90.
  9. Thompson, W. W., Price, C., Goodson, B., Shay, D. K., Benson, P., Hinrichsen, V. L., … & Dunn, J. (2007). Early thimerosal exposure and neuropsychological outcomes at 7 to 10 years. New England Journal of Medicine, 357(13), 1281-1292.
  10. Meilleur AA., Fombonne E. (2209) Regression of language and non-language skills in pervasive developmental disorders. J Intellect Disabil Res, 53, 115-24
  11. Madsen, K. M., Lauritsen, M. B., Pedersen, C. B., Thorsen, P., Plesner, A. M., Andersen, P. H., & Mortensen, P. B. (2003). Thimerosal and the occurrence of autism: negative ecological evidence from Danish population-based data. Pediatrics, 112(3), 604-606.
  12. Schechter R., Grether JK. (2008). Continuing increases in autism reported to California’s developmental services system: mercury in retrograde. Arch Gen Psychiatry, 65, 19-24.
  13. Uchiyama T., Kurosawa M., Inaba Y. (2007). MMR-vaccine and regression in autism spectrum disorders: negative results presented from Japan. J Autism Dev Disord, 37, 210-7.

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