“Blue Whale” o “ballena azul” es un peligroso juego creado  por un ex estudiante de psicología ruso llamado Philipp Budeikin, quien fue expulsado de su universidad. Budeikin, conocido en las redes sociales como “Fillip Liss”,  afirmó que su propósito era “limpiar” a la sociedad, empujando al suicidio a quienes él consideraba como inútiles. La ballena azul empezó en el año 2013 como “F57”, uno de los nombres del llamado “grupo de la muerte” en la red social VKontakte, la cual cuenta con 300 millones de usuarios principalmente de Rusia, Bielorrusia, Ucrania y otras naciones de Europa del Este. 

El término de ballena azul se refiere al fenómeno de varamiento cetáceo el cual se compara con el suicidio. En cuanto a las personas que manipulaba Budeikin, él los dividía en dos grupos: “personas” y “residuos biodegradables”. “Los residuales son aquellos que no tienen ningún valor para la sociedad, sino que al contrario le hacen daño. Yo estaba limpiando la sociedad de esas personas residuales”,  comentó Budeikin a la prensa.

El juego siniestro consistía en una serie de desafíos que los participantes debían realizar a lo largo de 50 días, los desafíos incluían cosas como quedarse despiertos toda la noche, hacerse cortes superficiales en la piel con la forma de una ballena, fingir estar enfermos, quedarse en casa viendo películas de terror todo el día, entre otros. En cada uno de los desafíos, como prueba de que se habían realizado, los participantes se tomaban una foto y la enviaban a un grupo de Whatsapp o Facebook que se había creado para este fin. El desafío final era la muerte, es decir, suicidarse.

Como mecanismos de coacción para que los participantes no se salieran del juego, los “curadores”  o “guardianes”, como se hacen llamar los encargados de administrar el juego, emitían amenazas ya sea de hacer daño a alguno de sus familiares e investigando los datos personales de cada uno de los miembros del grupo para poder demostrar el alcance que podían tener en sus vidas personales si abandonaban el desafío.

Éste peligroso juego ha dejado víctimas en distintos países, en Rusia se le atribuyen más de un centenar de suicidios, y se han detectado casos que tienen relación con este juego en países como Argentina, Brasil, Chile, Colombia, España, Portugal y Venezuela, pero ¿qué sabemos acerca de la vulnerabilidad de los adolescentes a conductas de riesgo?

“La investigación antropológica revela que los adolescentes de muchas culturas no pasan por crisis de ningún tipo y que los problemas empiezan a aparecer sólo después de la introducción de la escolarización, el cine y la televisión occidentales” – Epstein

Para responder a estas y otras dudas que pueden surgir cuando tratamos de darle una explicación a un fenómeno social como es el letal juego de la ballena azul, podríamos encontrarnos ante más preguntas que respuestas. Y no siempre una respuesta simplista es suficiente, como decir que esto sólo se da en adolescentes con trastornos mentales. Más allá de esto habría que plantearse la pregunta de si será este juego producto de nuestra evolución como sociedad.

“Pero, ¿Son inevitables estos problemas? Si el “cerebro adolescente” generador de semejantes crisis fuera un fenómeno universal del desarrollo biológico, ¿no pasarían por ellas los adolescentes de todas las sociedades del mundo?

En 1991, Alice Schlegel, antropóloga de la Universidad de Arizona, y Herbert Barry III, psicólogo de la Universidad de Pittsburgh, revisaron la investigación sobre adolescentes en 186 sociedades preindustrializadas. Entre las conclusiones más importantes a las que llegaron subrayamos las siguientes: alrededor del 60 por ciento de estas sociedades no tenían un término para “adolescencia”, los adolescentes pasaban casi todo su tiempo con adultos, apenas mostraban algún síntoma psicopatológico y en más de la mitad de estas culturas los varones jóvenes no presentaban el menor signo de comportamiento antisocial y en aquellas donde este comportamiento se producía, era extremadamente leve” (Epstein, 2008).

Entonces ¿es posible que sea nuestro proceso evolutivo como sociedad lo que pone al adolescente ante crisis para las que no están preparados porque insistimos en tratarlos como niños, infantilizando su capacidad de afrontamiento? Bien lo explica Robert Epstein en su trabajo titulado “El mito del cerebro adolescente”, del cual podemos extrapolar algunas conclusiones que se ajustan muy bien al fenómeno de la ballena azul:

“Estudios a largo plazo llevados a cabo en los años ochenta por los antropólogos Beatrice Whiting y John Whiting, de la Universidad de Harvard, sugieren que los problemas de los adolescentes comienzan a aparecer en otras culturas justo después de que se perciban ciertas influencias occidentales, en particular la escolarización al estilo occidental, los programas de televisión y el cine”, pensemos en la “era de la comunicación” en este siglo.

“Muchos historiadores explican que durante la mayor parte de la historia de la humanidad de la que tenemos registro, los años de la adolescencia eran un período bastante pacífico de transición a la edad adulta. Los adolescentes no buscaban apartarse de los adultos, sino que aprendían a ser adultos.”

“Hugh Cunningham, de la Universidad de Kent, y Marc Kleijwegt, de la de Wisconsin en Madison, autor de Ancient Youth: The Ambiguity of Youth and the Absence of Adolescence in Greco-Roman Society, sugieren que el tumultuoso período que llamamos adolescencia es un fenómeno nuevo, no tiene más de un siglo de antigüedad”.

“Hoy, los adolescentes, atrapados en el frívolo mundo de la cultura de los pares, aprenden casi todo lo que saben unos de otros, en vez de tomar ejemplo de adultos. Aislados de los adultos y tratados erróneamente como niños, no puede sorprendernos que algunos adolescentes se comporten, según estándares adultos, de un modo imprudente e irresponsable”.

Entonces ¿sería razonable culpabilizar a una sola persona, cuando el fenómeno de la ballena azul responde de manera amplia a una serie de condiciones sociales junto con la responsabilidad individual? Es necesario replantearse cómo estamos respondiendo como sociedad ante situaciones que se han perpetuado por el estilo de vida al que nos estamos forzando. Que impide que los jóvenes tengan supervisión parental en casa y modelos adecuados para aprender a ser adultos, debido a que el poder tener un ingreso necesario para subsistir trae como consecuencia ausencia parental.

Referencias:

Epstein, R. (2008), El mito del cerebro adolescente.

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