Irene Hartmann para Clarín:

Contar con algún espacio terapéutico parece clave en la agenda de muchos argentinos, pero el “cómo” está viviendo un cambio. Algunos atribuyen esta reconfiguración a un agotamiento del propio psicoanálisis: la crítica más acérrima reduce la teoría de Freud a un complicado y largo viaje, sin parada final ni evidencia empírica. Otros, sin negar su relevancia, prolongan los conceptos psicoanalíticos a una dimensión más integral, enfocada en el ser, conectando cuerpo y mente. Y están los que ven un signo de época: donde prima resolver todo “ya”, no hay tiempo (ni lugar) para tolerar terapias de largo plazo.

“Cuando alguien tiene un trastorno severo, el psicoanálisis no funciona”, arroja el Director Nacional de Salud Mental y Adicciones del Ministerio de Salud de la Nación, André Blake. Agrega que “en esos casos se necesitan teorías como las cognitivo-conductuales o la neurociencia cognitiva. Estamos más atrasados que en el resto del mundo, pero es inexorable que esas terapias le ganarán terreno al psicoanálisis. Hoy predomina, pero obviamente tiende a desaparecer como psicoterapia”.

Distinta es la opinión de la decana de la Facultad de Psicología de la UBA, Nélida Cervone, quien cree que “el psicoanálisis no decayó, aunque sí hay más ofertas. Las terapias cognitivo-conductuales tienen su peso, pero el psicoanálisis nunca estuvo lejos de la salud pública comunitaria”.

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El artículo de Clarín ofrece un breve pantalla de algunas de las terapias con mayor evidencia y que usualmente son bastante desconocidas aun cuando se utilizan en otras partes del mundo como por ejemplo la Terapia Cognitiva Conductual y las Terapias de Tercera Generación. El único problema, es que el artículo incluye algunas pseudoterapias como la biocodificación y la peligrosa “terapia” de las constelaciones familiares. Las cuales han sido seriamente criticadas y refutadas por los propios colegios de psicología en Argentina.

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