Terremoto en Ecuador
Imagen: Business Insider

Recuerdo que siendo estudiante, un profesor nos dijo que los psicólogos somos los artesanos de las emociones. Hacemos pura artesanía del sentir humano. Por aquel entonces, no entendía muy bien a qué se refería, pese a que nuestro profesor lo explicara meticulosamente. Entendía las palabras, pero no lo comprendía en su profundidad. Después de mi trabajo en cooperación internacional y acción humanitaria, creo que he llegado a interiorizar su significado más profundo.

Ese tallado emocional lo he ido palpando dentro de nuestras entrañas existenciales. En mí, en ti y en nuestro conjunto. Más bien, en lo más recóndito de nuestro corazón. Después de estos años, he llegado a sentir compasión por el dolor y sufrimiento ajeno, pero de una manera muy distinta a lo que entendemos por compasión. Nada de lástima o condescendencia. Comenzar a sentir nuestra necesidad de compartir un dolor y no solo eso, sino la amable disposición de querer aliviar el sufrimiento de la persona. De aliviar nuestro sufrimiento.

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San Clemente, Manabí, días después del terremoto. Abril 2016

Hace exactamente un año, el terremoto 16 de abril de 2016 marco un punto de inflexión en el Ecuador; 7,8 grados quebró la costa de Manabí y Esmeraldas. El tiempo es tan subjetivo y maleable, que 42 segundos de nuestras vidas pueden quedar registradas en nuestra memoria para ser imborrables. De hecho, un año no basta para olvidar 42 segundos. 3.430 réplicas del terremoto original recordaron y recuerdan el dolor de la pérdida; 671 personas fueron despojadas de la vida por puro capricho de la naturaleza.

los psicólogos somos los artesanos de las emociones

Hace justo un año se activó un dispositivo de emergencia, tratando de reconstruir lo que dejó de estar en su lugar. Fuimos como equipo psicosocial a ser artesanos de las emociones, en un lugar plagado de sufrimiento y dolor por la pérdida de viviendas y de seres queridos.

Dentro del marco de IASC (Comité de Normas Internacionales), dependiente de Naciones Unidas, llevamos a cabo un protocolo de intervención psicosocial. Entre otros aspectos, hicimos la intervención llamada cuidado del cuidador.

¿Quién cuida a nivel psicosocial a aquellos rescatistas e intervinientes durante una catástrofe natural? Esas personas que cuidan, no son cuidadas, de ahí la relevancia de un equipo profesional en psicología que pueda verter su formación teórica-práctica en comprender y atender las necesidades psicosociales. Este tipo de intervenciones siempre me recuerdan que cada persona tiene una historia detrás, tanto del cuidador como de la persona cuidad, y me viene en mente este vídeo.

Un año de la herida: Cicatrices emocionales en forma de recuerdo

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Evento conmemoración del terremoto en Guayaquil, Ecuador, 13 de abril de 2017

Las cicatrices son preciosas. Nos recuerdan un aprendizaje, un proceso de recuperación entre el dolor del pasado en forma de herida, y la llegada de una cicatriz que delata un trabajo emocional de cada persona.

Hablamos de todo esto en un evento tributo al terremoto. Nos reunimos para una conferencia conmemoración en la Federación Ecuatoriana de Psicólogos Clínicos. En ella, se puso a puesta la importancia y relevancia del rol de las y los psicólogos en catástrofes naturales, tratando de visibilizar nuestro trabajo.

El tiempo es tan subjetivo y maleable, que 42 segundos de nuestras vidas pueden quedar registradas en nuestra memoria para ser imborrables

Hablamos sobre la invisibilidad o falta de apuesta de las Actuaciones Psicosociales en Emergencias. Si los daños materiales y físicos de las emergencias naturales se reconocen abiertamente (y también la necesidad de invertir en ellas), con los daños psicológicos no ocurre lo mismo. Las secuelas en la salud psicosocial sufre la falta de visibilización y apuesta gubernamental que les caracteriza.

Por si fuera poco, contamos con un doble reto que es la segunda invisibiliación: la falta de apuesta del Cuidado al cuidador en acción humanitaria. ¿Quién cuida del rescatista/interviniente/servidor público? ¿Quién me cuida a mí?

Por otro lado, cada persona puso en cuestión su historia personal, un balance del terremoto en sus vidas y las repercusiones un año después. Llama la atención las narrativas tan minuciosas sobre todo lo ocurrido, como 42 segundos pueden hacer grabar en la memoria algo imperdible para su recuerdo. Un terremoto deja inscrito cada mínimo detalle, con la diferencia expuesta en cómo reaccionan ante el terremoto. La aceptación hizo su trabajo.

Esta sesión tuvo una mezcla entre la experiencia gratificante de compartir nuestras historias que nos resuenan tan cercanas, unidas con la necesidad de querer apostar por una respuesta psicosocial eficaz cuando existe cualquier demanda de emergencia.

Heridas aún sin cicatrizar

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Zona cero de Portoviejo días después del terremoto. Abril, 2016

Nos encantaría decir que, después de un año todo está cerrado y curado; pero a veces no es así. Hace unos días hablé con un rescatista, el cual se sentía y siente culpable por no haber salvado a personas que aún estaban con vida entre los escombros. “Los recuerdos siguen tan nítidos que a veces mi único miedo es saber si podré borrarlos”. No todo son cicatrices, sino que permanecen siendo heridas. Hacer las paces con el recuerdo y la culpabilidad no siempre es tan fácil. Hay rescatistas que necesitan más de un año para lidiar con su dolor que supone esa voz crítica del interior nuestro: “se podría haber hecho más” “y si hubiera…” “tendría que haber…” son lamentaciones e intentos de tratar de salvar lo insalvable: el pasado.

El terremoto aviva sentimientos del pueblo ecuatoriano que ni ellos ni ellas sabían que existían

¿Cómo librarse de esas losas de culpabilidad? Ahí comienza de nuevo nuestra artesanía emocional, la del profesional pero más importante, la de la persona. Comprender que estar mal a raíz de un terremoto es comprensible ante un suceso que no lo es. De hecho, son reacciones normales ante sucesos anormales.

Debemos dibujar un nuevo mapa sentimental, con el duelo de la pérdida y sus fases de aceptación. Que el país no estuvo preparado para esta catástrofe natural. Que no fue su culpa y lo que hizo estuvo bien y fue lo correcto.

Cosiendo el porvenir

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Cientos de Jinetes cabalgaron en Portoviejo, en tributo al año del terremoto en Ecuador. 16 de abril de 2017

El terremoto aviva sentimientos del pueblo ecuatoriano que ni ellos ni ellas sabían que existían. Una manera de conciliarse con la normalidad, para reecontrarse con la alegría.

Por devenires de la vida, continuo en Ecuador. Actualmente vivo en Guayaquil y trato de seguir haciendo mi trabajo de artesano emocional (también llamado psicología clínica). El domingo 16 de abril volví a los lugares cercanos del epicentro, a juntarme con aquellas bellas personas que nos hicieron el trabajo más llevadero.

La capital de la provincia de Manabí se llama Portoviejo. Mi amigo Fidel me dijo hace un año que debería de llamarse Portonuevo, ya que el centro histórico quedo derruido y había que levantar la ciudad de nuevo.

Ya no bromea: es una realidad. La rutina se reapareció entre el caos. Estaban todos condenados a volver a la normalidad. Los aniversarios de una catástrofe son el fiel recordatorio que bien la adversidad puede ser una lección. Es un día incómodo, cierto, pero no solo nos ayuda a rememorar, sino también a valorar.

Especial dedicación a las heroínas y héroes del terremoto. A todas las personas que ahora comprenden mejor que nunca el término resiliencia. Su capacidad de superación no solo ha hecho que se sobrepongan a la catástrofe, sino que les permiten salir más fortalecidos que nunca.Para que todos continuemos con nuestra artesanía sentimental, cosiendo heridas y recibiendo hermosas cicatrices. Que podamos seguir haciendo arte con nuestras vidas. Que podamos tallar nuestra superación ante la adversidad.

Todas las fotografías son de Airam Vadillo

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