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Entre los trastornos mentales que más comúnmente se ven en la clínica, se encuentran los relacionados con la ansiedad. En América Latina y el Caribe más de 3,4 % de las personas sufre de ansiedad en algún momento de su vida. Si bien existen tratamientos efectivos para los trastornos de ansiedad (como el Mindfulness y la TCC, por ejemplo), a algunos pacientes les cuesta comprometerse con ellos o completarlos. Esto motivó a investigadores de la Universidad Concordia en Montreal, a buscar formas de hacer el tratamiento más fácil de manejar para aquellos que lo necesitan más.

En estudios recientemente publicados en el Journal of Anxiety Disorders, los investigadores en psicología de Concordia, Hannah Levy y Adam Radomsky, muestran que los mismos comportamientos que las personas utilizan para evitar la ansiedad pueden formar parte de un tratamiento efectivo y que los pacientes pueden jugar un rol al decidir cuándo esas conductas ya no son necesarias.

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Radomsky y Levy se enfocaron en las conductas de seguridad, es decir, las cosas que hace la gente para sentirse menos ansiosa (utilizar guantes para tocar cosas sucias, evitar el contacto ocular durante interacciones estresantes, etc.), cualquier conducta que aumente los sentimientos de seguridad en situaciones ansiógenas.

“Tradicionalmente, los psicólogos pensaron que desvanecer o eliminar estas conductas por completo debería ser el enfoque principal de la terapia utilizada para combatir trastornos de ansiedad. Pero encontramos que cambiar esas conductas y darle a los pacientes más acción es más efectivo,” dice Radomsky, quien es profesor en el Departamento de Psicología de Concordia y autor principal del estudio.

Él y Levy siguieron a 157 pacientes (cuya ansiedad oscilaba entre leve y un diagnóstico de TOC), mientras adaptaban sus viejos hábitos con algunos nuevos que podían utilizar para evitar la ansiedad durante la terapia de exposición.

Los investigadores encontraron que utilizar conductas de seguridad nuevas durante la exposición era ligeramente más útil para los participantes que las conductas de seguridad que ellos ya tenían. También pudieron observar que el aspecto más importante en relación a la reducción de conductas de seguridad en terapia, es que sea el paciente el que decida cuándo es el momento de avanzar y dejarlos atrás.

Levy explica que el enfoque estándar anima al paciente a dejar sus conductas de seguridad al comienzo de la terapia, lo que lleva a algunas personas a dejar el tratamiento o a negarse a él. Esta nueva forma sin embargo, realizada bajo las condiciones correctas, tiene el potencial de hacer la terapia más efectiva y aceptable.

Los investigadores esperan que sus resultados sean tomados en cuenta para mejorar las terapias orientadas a tratar los problemas de ansiedad.   

Fuente: Concordia University