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Artículo previamente publicado en Don Psico, el blog especializado del psicólogo Julian Illán

Los padres de Pablo (nombre ficticio) están cada día más preocupados con la conducta de su hijo. Pablo tiene doce años y desde que hace uno, sus padres le regalaron un móvil, este, se ha convertido en el centro de su vida. Los padres de Pablo no estaban muy convencidos del regalo pero, según dicen, “No tuvimos más remedio, pues, todos sus compañeros de clase tenían uno”.

De unos meses a esta parte, la conducta de Pablo ha cambiado radicalmente. Antes era un niño extrovertido y ahora se ha convertido en un niño solitario además de malhumorado que no suelta el móvil ni para comer, y de ser un buen estudiante a bajar su rendimiento académico considerablemente. Sus padres han intentado restringir el uso del móvil en alguna ocasión, pero han desistido debido a los berrinches de Pablo. En esas ocasiones él se defendía ante sus padres argumentando que ellos mismos están todo el día con sus teléfonos móviles y que casi no se dialoga ya en casa.

Este caso sirve para ejemplificar un problema que está afectando cada vez a más familias: la adicción a los móviles entre adolescentes y pre-adolescentes. Y es que cada vez es más frecuente ver a grupos de niños/as, que en vez de jugar entre ellos, se encuentran cada uno interactuando con sus móviles, casi sin decirse una palabra.

Él se defendía ante sus padres argumentando que ellos mismos están todo el día con sus teléfonos móviles y que casi no se dialoga ya en casa

Los jóvenes no detectan el peligro de un uso abusivo de sus móviles, pues no llegan a percibir los riesgos que puede entrañar un mal uso de estos dispositivos. El problema se agrava cuando son los mismos padres los que no saben detectar que su hijo/a tiene un problema de adicción con el móvil.

Es necesario saber detectar las claves que nos pueden indicar que nuestros hijos/as tienen un problema de adicción al móvil:

1.El rendimiento escolar baja considerablemente.

2.Se produce un progresivo abandono de las actividades que antes le resultaban placenteras.

3.Déficits de sueño.

4.El estado de ánimo del niño/a depende del acceso al móvil.

Lo más importante: que los padres den ejemplo con su conducta

5.Progresivo aislamiento, tanto familiar como social.

Toda esta serie de problemas podría llevar a que, en un futuro, la persona tenga un problema de habilidades sociales, un déficit en su expresión tanto oral como escrita, o ser individuos poco dados a solucionar sus problemas cara a cara.

¿Cómo podemos prevenir estos problemas?

1.Lo más importante: que los padres den ejemplo con su conducta. No podemos recriminar a nuestros hijos/as por estar todo el día con el móvil, si ellos ven que, nosotros mismos, no nos separamos de él.

2.Retrasar lo más posible el acceso al móvil por parte de nuestros de hijos/as. Una edad “razonable” estaría entre los 14 o 15 años.

3.No ceder al chantaje de que “Todos mis amigos tienen un móvil”

4.Potenciar el diálogo con los niños/as.

5.Uso de tarjetas en vez de Tarifa Plana.

6.Establecer unas normas de uso: horarios de uso, tiempo sin móvil, etc.

7.Favorecer conductas alternativas de ocio donde no se utilice el móvil.

8.No demonizar el uso de la tecnología, pero sí potenciar su uso racional.