El cerebro humano es una muy compleja maquinaria biológica en apenas un kilo y trescientos gramos. Contiene 10 mil millones de neuronas (que son en cierto modo “procesadores” elementales) y cada una de ellas establece entre 10 mil y 50 mil contactos con las células vecinas que pueden recibir hasta 200 mil mensajes. Es la computadora de mayor capacidad de almacenamiento de información del mundo. Produce en treinta segundos tanta información como la que ha generado el telescopio espacial Hubble en toda su vida y el volumen de información que maneja sería comparable a la totalidad de los contenidos digitales del mundo actual incluidos en Facebook y en todos los grandes reservorios de datos.

Estamos en el siglo del cerebro y las Neurociencias han experimentado un enorme desarrollo en las cuatro últimas décadas, lo que la ha convertido en una de las disciplinas biomédicas de mayor relevancia en la actualidad.

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Ha contribuido en su expansión, junto con otros factores, el creciente impacto de las enfermedades del sistema nervioso en las sociedades occidentales, como el incremento de pacientes que sufren accidentes cerebro vasculares, procesos neurodegenerativos como la enfermedad de Alzheimer o la enfermedad de Parkinson, trastornos psiquiátricos, (depresión, esquizofrenia), trastornos de ansiedad (fobias, ataques de pánico), etc., lo que ha llevado a los investigadores a multiplicar los medios dedicados a la investigación del cerebro, de sus funciones y de sus alteraciones.

El estudio biológico para averiguar el registro de una célula nerviosa (neurona) o entender la interacción de una con otras para dar lugar a un conjunto integrado y amplio es un área multidisciplinar que abarca muchos niveles de análisis, desde el puramente molecular hasta el específicamente conductual y cognitivo, pasando por las conexiones y redes pequeñas de neuronas para llegar a las más grandes, incluyendo sistemas como la corteza cerebral o el cerebelo, y, por supuesto, el nivel más alto de la corteza cerebral.

La neurociencia cognitiva proporciona una nueva manera de entender el cerebro y la conciencia, basándose en el estudio científico que integra disciplinas como la biología, la psicobiología o la propia psicología cognitiva, con la esperanza de poder modificar la concepción actual de los procesos mentales implicados en el comportamiento y sus bases biológicas.

Neurona

Aproximadamente, una de cada seis personas padecen trastornos mentales o neurológicos y, según estadísticas recientes, las enfermedades neurodegenerativas se han convertido en un problema de salud pública de primer orden y una preocupación constante, tanto de los centros de estudios especializados como de los gobiernos de los países desarrollados con inversiones millonarias a largo plazo y proyectos ambiciosos.

El cerebro humano es la estructura más compleja del universo. Los expertos creían hasta no hace mucho que se nacía con una cantidad de células cerebrales que con la edad irían desgastando su capacidad: la memoria fallaría y las facultades mentales se esfumarían de a poco. Como vemos, una imagen más que sombría.

Afortunadamente, hoy ha cambiado el concepto porque se sabe que queda mucho camino por recorrer para preservar, proteger e incluso mejorar la función cerebral, desde el nacimiento a la vejez. La ciencia ha probado que en lugar de ser estático, el cerebro no sólo puede, sino que de hecho forma millones de nuevas conexiones o sinapsis (interconexiones que permiten a las células cerebrales comunicarse) todos los días, sin tener en cuenta la edad cronológica de una persona.

La neurociencia cognitiva proporciona una nueva manera de entender el cerebro y la conciencia

Cumplir con éxito este cometido exige considerar que existen muchos factores que pueden afectar la memoria a medida que se envejece y, además, que todo se apoya en la elección del estilo de vida.

La mejoría en la calidad de vida y los avances clínicos han posibilitado una mayor expectativa de vida. La longevidad trae aparejada una mayor incidencia de modificaciones de la memoria o la conducta, algunas asociadas al envejecimiento normal y otras provocadas por enfermedades neurodegenerativas o de causa vascular. La memoria es una función mental tan compleja que puede verse afectada por numerosos factores, desde el simple cansancio, el envejecimiento normal o la presencia de enfermedades agudas o crónicas que se manifiestan con el deterioro.

En la actualidad, por razones prácticas, hacer referencia a los trastornos de la memoria es común hacerlo como olvidos benignos y olvidos patológicos. El olvido benigno es aquel asociado al envejecimiento natural y suele ser motivo de queja, pero en realidad lo que sucede es sólo una disminución del desempeño en relación a cuando se era más joven y debe ser contemplado como lo que se conoce como deterioro cognitivo mínimo propio de la edad.

En cambio, los olvidos patológicos son aquellos detectados por los familiares o cuidadores de enfermos y se refieren la presencia de alteración de la memoria, desorientación, dificultad en el lenguaje que van empeorando irreversible y lentamente con el transcurrir del tiempo.

La pérdida de memoria de hechos recientes, la dificultad de recordar nombres de personas conocidas, o una palabra, desorientarse en lugares conocidos, cambios en el humor o la personalidad, son algunos de los síntomas que pueden alertar sobre la presencia de Alzheimer u otro deterioro cognitivo.

Por eso, los desafíos actuales son cada vez mayores. Uno muy importante es realizar la identificación de los trastornos cognitivos y conductuales de la manera más temprana posible y ante la presencia incipiente de alguna alteración o dificultad en la memoria u otra función cognitiva, es necesario consultar al médico especialista. La evaluación exhaustiva con las posibilidades existentes en la actualidad, desde el examen clínico completo y simples test de evaluación cognitiva, hasta la detección de específicos biomarcadores o el preciso diagnóstico por imágenes (TAC, RNM, Centello grama Cerebral o SPECT, Tomografía por emisión de positrones o PET-CT), asegura la idea de arribar a un diagnóstico certero o aproximado e iniciar los cuidados, consejos y terapéutica adecuada.

Las razones para invertir en proyectos de investigar las funciones cerebrales son numerosas y están inter-relacionadas. Así también, hoy día, es innegable la importancia que guarda la habilidad para pensar, para establecer relaciones y desarrollarse al máximo del potencial de cada uno, la relación, desde el nacimiento hasta la vejez, con el efecto de una buena salud, buena nutrición y una interacción social apropiada.

En la actualidad, numerosas investigaciones han demostrado que el desarrollo y mantención del cerebro exige la necesidad de una buena salud y de una correcta nutrición, ya que sin ello el desarrollo cognitivo y la salud emocional pueden presentan alteraciones de diferentes magnitudes.

El cerebro humano a pesar de representar sólo el 2% del peso corporal, consume el 20% de la glucosa que ingresa como nutriente. Es el órgano del cuerpo que más energía gasta, por tanto, darle una dieta correcta y ejercitarlo aprendiendo cosas nuevas, por ejemplo un idioma o tocar un instrumento es fundamental para mantenerlo sano, así también evitar el estrés que deteriora la flexibilidad mental, la atención y la concentración.

A partir de los 65 años la posibilidad de tener alguna demencia o enfermedad de Alzheimer se duplica exponencialmente y después de los 85 se estima que una de cada dos personas puede tenerla. En la actualidad, el envejecimiento poblacional aumentó la cantidad de casos de personas con enfermedades neurodegenerativas y se estima que para 2050 existirán aproximadamente 100 millones de personas en el mundo que la padecerán con una buena noticia: los estudios recientes han demostrado que es prevenible e implica que existen posibilidades de retrasar la aparición de los síntomas.

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Mantener las neuronas en buen estado y estimularlas con aprendizajes de nuevas habilidades puede retrasar e impedir la aparición de enfermedades o disfunciones neuronales. Desde el nacimiento existen en el cerebro una cantidad de neuronas con posibilidad de conectarse (hacer sinapsis) y, desde temprana edad, el aprendizaje va permitiendo que esas neuronas puedan realizar conexiones y crear redes. Cuando comienza a depositarse la proteína amiloide del Alzheimer en el cerebro, cuanto más redes de conexión existan, lo que se llama “reserva cognitiva”, más tarde aparecerán los síntomas de la enfermedad porque el cerebro tiene posibilidades de ir buscando nuevas conexiones en reemplazo de las dañadas.

El cerebro, como cualquier otra parte de nuestro cuerpo, necesita estar en actividad para que se mantenga sano.

A partir de los 65 años la posibilidad de tener alguna demencia o enfermedad de Alzheimer se duplica exponencialmente

Al igual que para estar en forma es necesario hacer deporte o ejercitarse físicamente, para que el cerebro esté siempre al máximo nivel es buen consejo seguir una serie de pautas que permitan cuidarlo para sacarle el máximo rendimiento.

Tener en cuenta que el cerebro alcanza su plena madurez a los 30 años, a partir de entonces, recién, empieza a envejecer y siempre el proceso de envejecimiento es individual. Puede ser más o menos rápido según la persona y el tiempo que dedique al cuidado del mismo. Es un hecho demostrado que el cambio de hábitos en la vida diaria disminuye el riesgo de presentar precoz deterioro cognitivo.

Aquí verán algunas sugerencias, de probada efectividad, para reforzar las intenciones de cuidar nuestra salud cerebral:

1. Comer menos: Comer más de lo necesario aumenta el nivel de estrés oxidativo del organismo, que afecta a las proteínas, lípidos y al cerebro. Comer menos y más saludable aumenta la producción de neuronas en el hipotálamo, región del aprendizaje y la memoria, mejorando la sinapsis y favoreciendo los mecanismos de reparación neuronal.

2. Hacer deporte de forma regular: El deporte es salud, y practicar ejercicio aeróbico de forma continuada segrega sustancias que mejoran la plasticidad cerebral, mejorando de este modo la sinapsis entre neuronas, que son la clave del aprendizaje y la memoria.

3. Hacer ejercicio mental todos los días: Es muy recomendable ejercitar la mente diariamente. Para ello, buscar actividades que llamen la atención y que reporten satisfacción, como puede ser el aprendizaje de un nuevo idioma o simplemente leer una novela. Por ejemplo, jugar ajedrez o desarrollar otro tipo de destrezas mentales, así como leer diariamente, reduce en un 75 por ciento la probabilidad de desarrollar algún tipo de demencia entre los 65 y 95 años.

4. Viajar mucho: La rutina es nefasta para el cerebro, por lo que es bueno realizar actividades que hagan salir de ese estado. Viajar conlleva ver cosas nuevas, generando un cúmulo de emociones que es lo que hace que se muevan las neuronas. Incluso cambiar el recorrido para ir al trabajo o de mano para cepillarse los dientes “despierta” las neuronas.

5. Vivir acompañado: Para disponer de una buena salud mental es fundamental tener una buena relación con la gente que rodea, ya que la comunicación con otras personas provoca estímulos que favorecen al funcionamiento del cerebro. Respetar el “estar solo” NO ES AISLARSE.

6. Adaptarse a los cambios: La sociedad avanza a un ritmo muy alto y continuamente los cambios del entorno que nos rodea alteran la comodidad. Es fundamental aceptar esos cambios y adaptarse a ellos, ya que de lo contrario puede causar estrés emocional, afectando la salud del cerebro.

Viajar conlleva ver cosas nuevas, generando un cúmulo de emociones que es lo que hace que se muevan las neuronas

7. Evitar el estrés crónico: El estrés es muy dañino para el organismo ya que libera corticoides que dañan las conexiones cerebrales. Para contrarrestar esto, lo mejor es tomarse las cosas con calma y no sobrexcitarse demasiado.

8. Tabaquismo: Fumar es muy perjudicial, ya que puede provocar pequeños infartos cerebrales que afecten a la memoria. Además, la nicotina produce la reducción de la memoria y la atrofia y muerte de las neuronas, de ahí la importancia de dejar de fumar para disfrutar de un cerebro sano.

9. Descanso adecuado y dormir bien: El cerebro necesita entre 7 y 8 horas de sueño reparador para que pueda borrar todos aquellos datos que no sean necesarios, y afianzar las cosas que sí sean de interés para la persona. También es importante descansar bien, cómodamente, ya que durante ese tiempo se reparan los tejidos que pudieran estar dañados y se fijan los conocimientos.

10. Evitar los desniveles emocionales: A lo largo de la vida es necesario buscar aquellas cosas que provoquen emociones positivas, ya que éstas son las que proporcionan fuerzas y ganas para vivir. Se puede decir que son el motor del organismo, las que motivan y hacen seguir adelante.

11. Ser Agradecido: Una de las acciones que mejor sientan a las personas son los agradecimientos. Gracias a esta acción se estrechan vínculos con los demás y promueven mejores emociones; aleja las viejas rencillas que provocan tensiones y estrés constante.

12. Disfrutar de las pequeñas cosas: En ocasiones es mejor disfrutar de las cosas pequeñas y no ilusionarse con lo difícil de obtener. Las cosas que nunca llegan pueden causar una gran decepción.

Resumiendo, controlar la presión arterial, el colesterol y la glucemia, no fumar, no beber en exceso y reducir el estrés, mantener una actividad física, caminatas de 30 a 45 minutos/día, que no necesariamente tiene que ser competitiva, son algunos de los hábitos saludables que ya es sabido benefician al binomio corazón-cerebro. Así también considerar las propiedades de ciertos alimentos y saber que hay que evitar las comidas muy grasosas y el aumento de peso u obesidad.

El beneficio del Omega 3 (ácidos grasos presentes en pescados de aguas frías como el salmón rosado, la trucha, sardinas, atún, anchoas, etc.), los antioxidantes, las vitaminas, las frutas secas, semillas de girasol o sésamo, aceites vegetales tipo oliva extra virgen, el vino (sobretodo rosado) de manera moderada, el cacao, el licopeno del tomate, etc., hoy, no se discuten.

Reafirmando la importancia de una correcta alimentación, los especialistas marcan como tema importante el desafío continuo del cerebro y la obligación de sacarlo del lugar de confort de las rutinas o las preferencias. Sugieren cada vez con más énfasis someter al cerebro a esfuerzos de nuevos aprendizajes para que constantemente generen nuevas conductas de adaptación. Estos ejercicios potenciarán la inteligencia, la memoria, la rapidez para resolver problemas, la capacidad de concentración y hasta el talento.

Es un hecho demostrado: con simples ejercicios de memoria es posible mejorar la materia gris. ¡Aprovechémoslo!

Artículo previamente publicado en Asociación Educar. Una reconocida plataforma online de difusión y educación neurocientifica.

Asociación Educar
Revista de Actualización Neurocientifica Hace 18 años atrás desarrollamos un proyecto al que llamamos Línea de Cambio, este nació al ver la necesidad e importancia de que los conocimientos científicos que hacen a la comprensión y mejoramiento de nuestras conductas lleguen a todas la personas.