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Pocas cosas son tan tormentosas como una migraña, una jaqueca o un golpe en la cara. Los dolores localizados en la zona maxilar, la frente, los oídos o la boca son a menudo catalogados por la gente como “dolores particularmente penetrantes y duraderos”, incluso más que un esquince en otra parte del cuerpo.

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La razón, dicen investigadores de la Universidad de Duke, podría ser que los golpes o afecciones en estas regiones envían al cerebro señales mucho más agudas, lo que se traduce en una sensación de agotamiento emocional mayor. De hecho, es esta sensación de fatiga emocional lo que nos hace experimentar los dolores de cabeza y cara de forma distinta, a una intensidad que clasificaríamos como “más elevada”.

Fan Wang, neurobiólogo de la Universidad de Duke y autor del estudio, explica que los médicos suelen enfocarse en tratar la sensación de dolor que aqueja a los pacientes, sin embargo, no abordan los aspectos emocionales del dolor, siendo estos sumamente importantes.

Las neuronas sensoriales de la cabeza y la cara (verde) se conectan directamente a uno de los centros de señalización emocional primaria del cerebro, llamado núcleo parabraquial (PBL). El dolor en la cabeza o la cara estimula las neuronas PBL, resaltadas en rosa. Crédito: Cortesía de Fan Wang, Duke University

Los resultados del estudio, publicados en la revista Nature Neuroscience, describen cómo las señales de dolor de la cabeza en comparación con otras partes del cuerpo son conducidas al cerebro a través de dos grupos diferentes de neuronas sensoriales. Los científicos indican que muy probablemente las neuronas de la cabeza son más sensibles al dolor que las neuronas del cuerpo, aunque esto no explica el sufrimiento emocional acentuado que experimentan los pacientes en respuesta al dolor de cabeza.

Este sufrimiento se ve representado en imágenes de resonancia magnética funcional (fMRI) donde los investigadores pudieron notar una mayor actividad en la amígdala – región del cerebro involucrada en las experiencias emocionales – en respuesta al dolor de cabeza; actividad que fue menor en respuesta al dolor corporal.

Para determinar en qué grado variaban el funcionamiento de estos circuitos neuronales, Wang y su equipo rastrearon la actividad cerebral en ratones después de irritar una pata o la cara. Encontraron que irritar la cara conducía a una mayor actividad en el núcleo parabraquial del cerebro (PBL), región que se conecta directamente a los centros instintivos y emocionales del cerebro.

“Esto abrirá la puerta no solo a una comprensión más profunda del dolor de cabeza y cara crónico, sino también a tratamientos que beneficiarán a las personas”, concluyen los investigadores, siendo que algunos casos como la neuralgia del trigémino pueden ser tan graves que muchos pacientes buscan soluciones quirúrgicas en vano, ya que incluso después de cortar las vías neuronales que conducen las señales de la cabeza y cara al cerebro continúan experimentando dolor.

Fuente: Science Daily; Nature Neuroscience

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