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Por décadas el autismo ha sido visto como una forma de retraso mental, una enfermedad cerebral que destruye la habilidad de los niños para aprender, sentir y empatizar, dejándolos así desconectados de nuestro complejo y siempre cambiante entorno social y sensorial. Desde esta perspectiva, la principal clase de intervención terapéutica para el autismo hasta la fecha, apunta a comprometerse fuertemente a revivir las funciones cerebrales que se cree que están dormidas en estos individuos. Pero un nuevo estudio, llevado a cabo en el Swiss Federal Institute of Technology en Lausanne (EPFL),  le da un giro completo a esta visión tradicional del autismo.

La investigación demuestra que, en ratas expuestas a un factor de riesgo conocido para el autismo, la estimulación ambiental impredecible conduce a las conductas autistas tanto como un ambiente empobrecido, y que la estimulación predecible puede prevenir estos síntomas. A la vez, el estudio también sugiere que se debería hacer un cambio drástico en el enfoque clínico con respecto a este trastorno, que se aleje de la idea de un cerebro dañado que demanda estimulación. En vez de ello, el cerebro autista puede ser hiperfuncional y por ende requerir ambientes enriquecidos que sean no-sorpresivos, estructurados, seguros y adaptados a las sensibilidades particulares de cada individuo.

«El modelo de la rata-valproato es altamente relevante para entender al autismo porque los niños expuestos al valproato en el útero tienen mayores probabilidades de presentar autismo luego de nacer“, dice el profesor Henry Markram, coautor del estudio y padre de un niño con autismo.

La ratas expuestas al valproato en el desarrollo embrionario temprano demuestran anormalidades conductuales, anatómicas y neuroquímicas comparables a las características de los humanos autistas.

Los científicos aquí muestran que si las ratas están expuestos a este factor de riesgo del autismo prenatal y criadas en un ambiente familiar que es tranquilo, seguro y altamente predecible y con pocas sorpresas – al mismo tiempo que rico en compromisos sensoriales y sociales – no desarrollan síntomas de sobre-reactividad emocional como el miedo y la ansiedad, ni aislamiento social o alteraciones sensoriales.

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«Nos sorprendió ver que los ambientes que carecen de previsibilidad, aunque enriquecidos, favorecieron el desarrollo de la hiper-emotividad en ratas expuestas al factor de riesgo de autismo prenatal», dice Henry Markram.

El estudio muestra críticamente que en ciertos individuos, entornos no predecibles conducen al desarrollo de una gama más amplia de los síntomas negativos, incluyendo retraimiento social y anormalidades sensoriales. Estos síntomas normalmente evitan que los individuos se beneficien y contribuyan con su entorno que son, por ende, los objetivos de éxito terapéutico. El estudio identifica los resultados conductuales drásticamente opuestos dependiendo de los niveles de previsibilidad en el ambiente enriquecido, y sugiere que el cerebro autista es inusualmente sensible a la previsibilidad en el ambiente de crianza, pero a diferente medida en diferentes individuos. Las resultados fueron recibidos con entusiasmo por la comunidad del autismo, que informa constantemente la alta sensibilidad de las personas con autismo a los cambios y a la estimulación sensorial.

En ciertos individuos, entornos no predecibles conducen al desarrollo de una gama más amplia de los síntomas negativos

El estudio es una fuerte evidencia de la Teoría Mundial Intensa de Autismo, propuesta en el año 2007 por los neurocientíficos Kamila Markram y Henry Markram, ambos co-autores en el presente estudio. Esta teoría se basa en investigaciones recientes que sugieren que el cerebro autista, tanto en modelos humanos como animales, reacciona de manera diferente a los estímulos. Se propone que una interacción – entre el transforndo genético de un individuo con eventos biológicamente tóxicos tempranos en el desarrollo embrionario – desencadena una cascada de anomalías que crean microcircuitos cerebrales hiper-funcional, las unidades funcionales del cerebro. Una vez activado, estos circuitos hiper-funcionales podrían hacerse autónomos y afectar aún más la conectividad funcional cerebral y el desarrollo. Estos llevarían a una experiencia del mundo intensa, fragmentada, y abrumadora; mientras que las diferencias en la severidad de las personas con autismo podrían provenir del sistema afectado y el momento en el tiempo del efecto. Los autores reconocen la necesidad de probar estas ideas en los seres humanos.

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Si los niños con autismo son de hecho más neurobiológicamente sensibles con el medio ambiente como resultado de la hiper-función cerebral temprana, entonces la estimulación ambiental previsible adaptada a la hiper-sensibilidad específica de un individuo podría mejorar significativamente la calidad de vida, mediante la prevención o mejora de los debilitantes síntomas del autismo(sobrecarga sensorial y la ansiedad o miedos) y permiten que el niño prospere.

Kamila Markram cree que un entorno estable, estructurado y rico en estímulos podría ayudar a los niños con autismo, al proporcionarles un refugio seguro contra sobrecargas de estímulos sensoriales y emocionales. Por el contrario, si el ambiente es muy impredecible y cambiante, los síntomas podrían empeorar provocando que el miedo y la ansiedad obliguen al niño a retraerse.

Este avance sugiere que si la hiper-función cerebral puede ser diagnosticada poco después del nacimiento, al menos algunos de los efectos debilitantes de un cerebro sobrealimentado pueden prevenirse, no por enriquecimiento ambiental per se, sino por la estimulación ambiental altamente especializada que sea segura, consistente, controlada, anunciada y sólo cambiada gradualmente siguiendo el ritmo determinado por cada niño.

Fuente: Science Daily