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Los psicólogos tenemos la responsabilidad de ofrecer tratamientos que cuenten con evidencia científica para responder a las necesidades de los pacientes que acuden a la terapia.

Lamentablemente la mayoría de los psicólogos clínicos se enfocan y ofrecen las terapias según la escuela o corriente con la que se sienten más cómodos o que les gusta más y no por la evidencia de los tratamientos.

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El Dr. en Psicología, Martín Salguero, nos explica en Rasgo Latente, las razones por la cual es imprescindible que los psicólogos clínicos deben fundamentarse en la evidencia científica:

1 Por una obligación deontológica. Nuestro código deontológico señala de forma clara que “el/la Psicólogo/a no utilizará medios o procedimientos que no se hallen suficientemente contrastados, dentro de los límites del conocimiento científico vigente” (art. 18). Si no lo estás haciendo así, estás faltando a este código.

2 Porque es la única forma de ofrecer intervenciones seguras. Sabemos que las intervenciones psicológicas tienen pocos efectos secundarios, pero sabemos esto de las intervenciones que han pasado el rasero de la evidencia científica, no del resto. Si utilizamos intervenciones que no han sido probadas de forma controlada es posible, no solo que estemos aplicando intervenciones que no funcionan, sino que estemos generando efectos indeseados; de forma clara, no solo que no ayudemos a nuestros pacientes, sino que les hagamos empeorar (Barlow, 2010; Lilinfield, 2007).

3 La ciencia es la mejor vía para seguir mejorando las intervenciones psicológicas. Nos permite ir generando conocimiento y acumulando pruebas de una forma sistemática (recomiendo la lectura de Fairburn, Cooper & Shafram, 2003, como un ejemplo de esto en el campo de los TCA). Si no nos basamos en la ciencia, lo único que tenemos es nuestra propia experiencia como clínicos, y nuestra experiencia está cargada de sesgos, sesgos que nos llevan a pensar que lo que hacemos funciona, aunque no sea así. Te invito a ver esta ponencia de la profesora Helena Matute sobre los sesgos de causalidad que quizás te ayude a entender esta idea.

El problemas de formarse según una “escuela de psicología”:

(..) el problemas de las escuelas, con las que nos alineamos por voluntad (o por tradición de los centros en los que nos hemos formado)… Como si aquello que mejor funciona lo determinara nuestra voluntad… Y el problema se agrava cuando, perteneciendo a una escuela, sólo te “crees” lo que encaja con ella, e ignoras el resto, por muchas evidencias que la investigación haya demostrado. Pertenecer a una escuela de terapia, y defenderla como el que defiende los colores de un equipo de fútbol, no hace sino aumentar la brecha entre la investigación y la práctica clínica.

El artículo de Salguero explora también la creencia ampliamente difundida de que los habilidades terapéuticas son lo más importante en la práctica clínica, y nos da unos ejemplos para ayudarnos a detectar si nuestro ejercicio como psicólogos está guiado o no por la evidencia científica.

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Lee el artículo completo en Rasgo Latente.

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