Psicoterapia / Shutterstock

Durante décadas las diversas corrientes dentro de la psicología se han peleado por demostrar la eficacia de sus técnicas por encima de las de sus competidores.

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Estudiantes de psicología y psicoterapeutas hemos vivido inmersos en una guerra donde los académicos decidían que era y que no era lo importante, lo correcto y lo más adecuado para los pacientes. Sin embargo, esto parece que por fin está cambiando.

En los últimos años cada vez mas estudiosos y clínicos empiezan a darse cuenta de que hay ciertas cosas mucho más relevantes a la hora de facilitar el cambio terapéutico que las técnicas propiamente dichas.

Autores como Lambert (1992) y Norcross (2001) han llevado a cabo diversas investigaciones que demuestran como hay ciertas actitudes, características y habilidades de los terapeutas que parecen ser más relevantes a la hora de generar el cambio en el paciente que las técnicas específicas utilizadas.

Lambert (1992) habla de los factores comunes a todo proceso terapéutico y plantea que son este tipo de factores los que tienen mayor impacto en los resultados de la terapia, llegando a influir un 40% en comparación con el 15% de efecto que tienen las técnicas específicas de cada corriente psicológica.

Por todo esto, creo que es esencial que los terapeutas nos centremos en entrenar estas habilidades transversales que tan importantes son a la hora de determinar el éxito de nuestro trabajo. Hoy quiero centrarme en una de esas habilidades en concreto:

La aceptación incondicional: la validación de la experiencia del otro

Según Carl Rogers, esta actitud es una disposición intencional a validar la experiencia del otro. Consiste en una mirada a la persona llena de aprecio, aceptando al otro tal y como es con un respeto absoluto por su persona, sus actitudes y su comportamiento.

Considerar positivamente quiere decir confiar en la capacidad del otro para desarrollarse y crecer, para decidir libremente y hacerse responsable de sus propias decisiones. Tiene que ver con una aceptación sin condiciones del interior del otro.

Párate a pensar por un momento, desde pequeño has vivido en una cultura y una sociedad en las que se te ha dicho cómo y cuándo hacer las cosas, se te han marcado muy claramente los criterios específicos para saber que es lo que está bien y que es lo que está mal. Cuando te sales de eso, entonces ya no eres tan aceptado y querido por las personas que te rodean y muchas veces es probable que te hayas sentido poco valioso, incluso quizá hayas podido tener la experiencia de sentirte rechazado por hacer aquello que querías al darte cuenta de que eso no era lo que más le hubiese gustado a tu familia, a tu pareja, a tus amigos o a las personas de tu alrededor.

Considerar positivamente quiere decir confiar en la capacidad del otro para desarrollarse y crecer

Esa experiencia es algo que todas las personas vivimos hoy en día, y es una experiencia que hace mella en nuestra autoestima y nuestra capacidad para querernos y aceptarnos por quienes somos. Sin embargo, si lo analizamos con detenimiento, todos tenemos derecho a expresar nuestros deseos, gustos y manera de ser de una forma libre sin vivir con miedo a ser evaluados y rechazados por ello.

El amor no debería venir con CONDICIONES, el amor es algo que, en teoría, significa poder relacionarnos con el otro desde esa comprensión de que el otro no es uno mismo y aún así es querible precisamente por ser quien es, sin necesidad de cambiar para complacernos.

Eso es precisamente la ACEPTACIÓN INCONDICIONAL: ser capaz de querer al otro por quien es y no por lo que nos gustaría que fuese, no por lo que esperamos que consiga, ni por la esperanza de que cumpla nuestras expectativas. Simplemente porque ES, y por existir merece ese amor y esa aceptación que no viene con ningún PERO.

Mantener una actitud de aceptación incondicional implica todo eso: apreciar a las personas sin juzgarlas, sabiendo que poseen amplios recursos para autodirigirse y para promover su propio crecimiento. Esta consideración positiva hacia el otro conlleva, para el terapeuta, una intención de saber esperar, sin ansias de control, sin querer que el otro actúe como uno desearía que lo hiciera. Significa tener confianza en el otro, aprecio, e interés por la otra persona.

Sin embargo, es esencial comprender que esta aceptación no implica necesariamente aprobación o acuerdo, sin embargo el terapeuta admite que cada persona es única e irrepetible, con capacidad libre para orientarse hacia el camino que él quiera elegir. Se trata de mostrar respeto por las decisiones del otro con independencia de se si se está de acuerdo o no.

Esto no significa que el terapeuta se muestre totalmente neutro y no muestre emociones o exprese sentimientos. Al contrario, el terapeuta muestra sentimientos y emociones de una forma congruente y sincera, pero siempre desde esa idea de aceptar al otro por quien es y no por quien “debería ser” o por quien “se espera que sea”.

Esta actitud incluye también la comunicación de las impresiones que se tienen, mostrando un interés auténtico, habiendo renunciado previamente a las concepciones preestablecidas de la imagen de cada persona.

Mantener una actitud de aceptación incondicional implica todo eso: apreciar a las personas sin juzgarlas, sabiendo que poseen amplios recursos para autodirigirse y para promover su propio crecimiento

Si las personas perciben esta presencia afectiva del terapeuta experimentan, de manera gradual, un clima permisivo que incita al desenmascaramiento de barreras psicológicas y favorece la autoaceptación y la autoestima.

Esta aceptación incondicional empieza por uno mismo, por una confianza en las propias capacidades facilitadoras y en el potencial personal inherente que abarca todo el ser del terapeuta. Se trata, al final, de intentar ser más cálidos en nuestras relaciones y de querer transmitir auténticamente, con nuestra presencia, amor y afecto.

No es posible ayudar a otros a quererse y aceptarse incondicionalmente por quienes son si nosotros nos somos capaces de hacerlo con ellos durante el proceso… al fin y al cabo, es esencial predicar con el ejemplo.

Artículo recomendado: La relación terapéutica, el huevo, la gallina y el consentimiento informado.

Por: Diana Tomaino de la Cruz

Artículo publicado en Aprende Viendo Terapia, la plataforma online y presencial de entrenamiento en habilidades terapéuticas para psicólogos. 

Bibliografía

  • Barceló, t. (2012). Las actitudes básicas rogerianas en la entrevista de relación de ayuda. Miscelánea comillas, 70 (136), 123-160.
  • Lambert, M.J. (1992). Psychotherapy outcome research: Implications for integrative and eclectic therapists. In J.C. Norcross & M.R. Goldfried (eds.) Handbook of Psychotherapy Integration (pp. 94-129). New York: Basic Books.
  • Norcross, J. C. (Ed.). (2002). Psychotherapy relationships that work: Therapist contributions and respon- siveness to patient needs. New York: Oxford University Press.
  • Norcross, J. C. (Ed.). (2001). Empirically supported therapy relationships: Summary report of the Division 29 Task Force. Psychotherapy, 38(4).