El Análisis Conductual Aplicado (ABA) es un método que utiliza los principios del aprendizaje para desarrollar, incrementar, eliminar o reducir conductas específicas. Se apoya en los aportes del condicionamiento operante y clásico (Matos y Mustaca, 2005). Se caracteriza principalmente por un trabajo personalizado, estructurado, en ambiente natural, y con una intensa carga horaria. En la actualidad, es el terapia más eficaz para el tratamiento del autismo, mostrando muy buenos resultados desde su implementación en los años sesenta.

En el presente artículo se continúan las ideas desarrolladas hace un tiempo sobre el tratamiento del TEA mediante Análisis Conductual Aplicado. Se profundizará un poco más en el dispositivo concreto de trabajo, para que el lector tenga una idea más clara de las características que distinguen a este método de otros menos estructurados. Para aquellas personas que no hayan tenido la oportunidad de leer el primer artículo, o para quienes deseen releerlo, solo tienen que seguir el siguiente enlace.

Retomando cerca de donde quedé la vez anterior, cuando uno o varios terapeutas van a iniciar un tratamiento con un niño con autismo, deben realizar una evaluación exhaustiva de los excesos y déficits conductuales que posee, estableciendo un catálogo general de aquello que la persona puede y no realizar. El niño, ¿mantiene contacto visual, es capaz de producir sonidos, responde a su nombre, puede seguir una orden simple? Si adquirió el lenguaje verbal, ¿inicia conversaciones, responde a preguntas sencillas y complejas, hace comentarios sobre el contexto? Esos son solo algunos ejemplos de las muchas conductas que se evalúan.

Cuando menciono a los déficits y excesos conductuales, me refiero al hecho de que no solo es necesario saber si un comportamiento existe o no en el repertorio del niño, sino que es necesario conocer la frecuencia con la que se da. Nadie dudará en lo importante de la capacidad para hablar, pero si la persona evaluada posee 5 años y apenas menciona unas palabras diarias, presentará un déficit en esta conducta y habrá que diseñar programas tendientes a incrementar el lenguaje verbal. Por el contrario, si el niño <<habla hasta por los codos>>, sin discriminar situaciones en las que es mejor mantenerse callado, habrá que diseñar estrategias para disminuir esa conducta que se presenta en exceso, buscando que aprenda a diferenciar aquellos contextos en los que no es tan necesario hablar (por ejemplo, una iglesia).

Encuadre del tratamiento de ABA

Concluida la evaluación conductual, definidas las líneas de base de aquellos comportamientos objetivo, se comienza con el tratamiento. El formato de enseñanza que se utiliza es el de ensayo discreto. Cada ensayo está compuesto por tres elementos: el comportamiento que se quiere enseñar, el antecedente y el consecuente (Matos y Mustaca, 2005). El antecedente es el estímulo o instrucción que se le da al niño, por ejemplo “toca el animal” frente a una serie de imágenes con objetos. Su comportamiento es la respuesta, y de éste se deriva una consecuencia. Si responde en forma correcta, la consecuencia será un refuerzo positivo (aumenta la probabilidad de que se repita esa conducta), que va a ser algo que al niño le guste y lo motive a seguir respondiendo adecuadamente. En caso de no responder bien, se le señalará con un no informativo y de ser necesario se indicará la respuesta adecuada, lo que se conoce como modelado, dándole el refuerzo recién cuando responda de manera apropiada. Una forma eficaz para aumentar la frecuencia de una conducta, consiste en comenzar con un programa de reforzamiento continuo (se refuerza positivamente cada respuesta correcta), para pasar luego a un programa de reforzamiento intermitente (por ejemplo, reforzar cada 3 respuestas correctas). Esto produce que el comportamiento logrado se mantenga en el tiempo mucho más que uno que se refuerza constantemente.

Se considera que una conducta está lograda cuando el niño es capaz de responder en forma adecuada y sin ayuda un porcentaje importante de los ensayos, digamos de un 80% de las veces en adelante. Una de las opciones a partir de este punto es pasar a otro comportamiento de la misma índole, por ejemplo, reconocer medios de transportes en lugar de animales. Otra opción es complejizar el programa, podría comenzarse a trabajar la discriminación de las subcategorías animales de tierra, de aire y agua. En tercer lugar, se puede avanzar a otro tipo comportamiento que no podría realizarse sin la habilidad recientemente adquirida, como sucede por ejemplo con la lectura: para leer la palabra mapa, el niño debe ser capaz de leer previamente las sílabas ma y pa.

Una característica fundamental en este tipo de tratamientos es la importancia que se le da a la evaluación y control de las intervenciones. Cada ensayo es registrado, anotando si la respuesta es correcta, incorrecta, y si necesitó ayuda. Para comprender el por qué de la importancia de los registros, debemos tener presente varios aspectos.

Antes que nada, hay que tener presente lo que se afirmó sobre este tipo de tratamientos: poseen alta carga horaria, por esta razón muchas veces son varios los terapeutas que trabajan con un mismo niño. Si vemos que con Juan el paciente realiza correctamente ciertos programas, pero con Pedro no, habrá que examinar las causas de tal discrepancia, que pueden ser muchas, pero que difícilmente habrían sido advertidas sin un método de evaluación en donde se viera el comportamiento diferencial. Por otro lado, los terapeutas del niño también quieren que éste mejore y desarrolle sus capacidades. Mediante un método de registro fiable se minimiza el sesgo del terapeuta de prestar atención a aquellos indicios favorables a su intervención, obviando los aspectos que contradicen sus deseos.

Sumado a las observaciones anteriores, el Análisis Conductual Aplicado, a diferencia de otros tratamientos que utilizan diagnósticos globales, se centra específicamente en aquellas conductas que las personas poseen y las que no. Esto le permite establecer objetivos concretos, los cuales pueden evaluarse para saber si la intervención está siendo eficaz. Pues bien, el registro constante del tratamiento es una de las patas fundamentales del abordaje, ya que sin evaluar lo que se hace, no se puede saber si se está avanzando.

Si bien el método es altamente estructurado, los ambientes donde pueden realizarse las sesiones son múltiples, ayudando por un lado a la generalización de los conocimientos, y por otro forjando un ambiente de trabajo que motive más a los chicos. A su vez, el grado de estructuración será mayor cuanto más comprometido sea el trastorno. Pero esta condición puede volverse más “relajada” a medida que los sujetos mejoran en sus respuestas o poseen un nivel más alto de funcionamiento.

Tanto este artículo como su primera parte, intentaron aproximar a los lectores al tratamiento del TEA mediante ABA. Se ha simplificado tanto el proceso de evaluación como el tratamiento en sí mismo. No obstante, los aspectos esenciales y característicos considero que están presentes. Espero hayan disfrutado la lectura.

Referencias

Lovaas, I., (1989). The Me Book. Traducción española en PDF.

Matos, M., Mustaca, A., (2005). Análisis Comportamental Aplicado (ACA) y Trastornos Generalizados del Desarrollo (TGD): Su evaluación en Argentina.

Mulas, F., Ros- Cervera, G., Millá, Etchepareborda, M., Abad, L., Montserrat Téllez de Meneses (2010). Modelos de intervención en niños con autismo. Rev. Neurol. (3) 77- 84.

Valencia, C., García; H., (2005). El autismo: una revisión desde el Análisis Aplicado de la Conducta. ABA Colombia – Asociación Colombiana para el Avance de las Ciencias del Comportamiento.

http://eoeptgdbadajoz.juntaextremadura.net/wp-content/uploads/2012/12/Modelos-de-intervenci%C3%B3n-en-ni%C3%B1os-peque%C3%B1os-con-autismo.pdf

http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sciarttext&pid=S1668-70272005000100003

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