Cada día la Psicología parece ser más popular. Sus temas e investigaciones se esparcen ampliamente entre la comunidad, elevando el interés de la población; especialmente en esta era de la comunicación y las redes sociales, donde las investigaciones tienen cada vez más publicidad.

Ante un gran número de personas que se integran a la carrera de Psicología esperando ser futuros profesionales y la cantidad cada vez más alta de egresados que pululan en varios países (como Argentina donde ya hay más de 56,000 psicólogos según el diario La Nación), cabe preguntarse si se están formando psicólogos profesionales con altos estándares para responder a las necesidades de una sociedad que se fragmenta cada vez más. Donde el ser humano es cada vez más débil ante las circunstancias y la vida que parece acaecer como un estado angustiante sin fin.

Pero el tiempo avanza y se escucha más de una mala praxis psicológica, que de avances y trabajos valiosos por parte de los psicólogos. ¿Cómo nos estamos formando los profesionales en Psicología? ¿Qué hace falta? Puede que sean varios elementos, pero más allá de las limitaciones o recursos de los centros de formación, hay principios en el estudiante que deben resurgir.

Comprometerse con el aprendizaje:

Comprometerse implica cumplir con las obligaciones. Más allá de realizar un trabajo, completar un taller o hacer una exposición, comprometerse debería ser una labor ligada al aprendizaje. Muchas veces el estudiante realiza el trabajo, esa obligación tediosa y aburrida con un hastío interminable. A veces ni la realiza, la deja a un lado, no le interesa. Es en estos momentos cuando la época de la escuela parece volver a cada uno como una analogía a las obligaciones, se pierde el sentido de lo que se hace; seguimos materias impuestas, no es importante, al final la vida espera.

Pero aprender implica comprometerse y sacar lo mejor de cada experiencia. Cada labor supone esfuerzo y la consecución de una meta de aprendizaje. Si lo vemos solo como la futura nota, se pierde el sentido de la labor. Comprometerse implica trabajar con empeño, buscando aprender lo más importante, sacando los factores que nos servirán en nuestro quehacer profesional. Miremos el objetivo final: ayudar al otro.

Pasar cada semestre o periodo solo haciendo “las cosas por hacerlas”, por “salir del paso”, por “la nota”, nos termina llevando a ser profesionales con un bonito título, pero sin más aprendizaje que lo que podamos memorizar de un libro o una página en algunas horas.

Pasión:

Algo fundamental es la pasión. Ama lo que haces y estarás condenado al éxito, decía palabras más, palabras menos, Facundo Cabral. El estudiante debe entrar a la carrera con un factor inicial: interés, diversificado tanto en aprender como en el área como profesión.  Un interés inicial; algo que te inquieta al pensar o leer de un tópico o tema del área, y así comienza; un genuino interés que con el tiempo, esfuerzo y persistencia, se desarrollará en la más profunda pasión por lo que se hace. El amor por lo que en algún momento llegará a saber, es su misión.

Esa pasión que logras vislumbrar en atisbos momentáneos cuando superas los obstáculos y aprendes a usar cada vez más herramientas que te permiten ayudar al otro; que te permiten conocerte y conocer al mundo que te rodea cada vez más; esa pasión que solo te impulsa a mirar las grandes potencialidades que hay en todos y cada uno de nosotros, y que poco a poco, sabes cómo ayudar a que esas potencialidades salgan a la luz.

Vas escogiendo un enfoque, un camino, una dirección, un lugar; no lo sabes hasta que llegas al final; pero no importa donde vayas, esa pasión que empezó como un simple interés, te lleva como a todos, cada uno desde ramas, miradas, formas y caminos diversos, a buscar el bienestar del ser humano; no solo de cada persona que miras cada día, sino también de ti mismo como individuo.

El estudio del comportamiento y la mente humana, ese campo de misterios y descubrimientos que por generaciones han conducido al hombre a conocerse a sí mismo.  Si tienes interés; ese algo que te llama a mirar, a explorar, a descubrir. Felicidades, una pasión puede estar en progreso. Un camino de aprendizaje que se recorre sin interés, sin pasión, sin amor; es un camino lleno de dificultades y obstáculos que se aborrecen y se evitan constantemente.

Empoderamiento:

Ahora bien, si estamos comprometidos con lo que hacemos es entonces cuando observamos detalladamente cada proyecto, taller, o labor que se nos exige y empezamos a entender que hay muchas cosas que no calan con el objetivo del aprendizaje. Cuando nos comprometemos con el aprendizaje, con la pasión que nos llevó hasta la carrera, es cuando empezamos a tomar por nuestras propias manos estas labores, estos objetivos en el camino del aprendizaje y vemos que es posible mejorarlos, que el aprendizaje no se está desarrollando.

Es así como aparece este magnífico concepto que distingue a un estudiante regular de un estudiante que quiere ser un profesional: el empoderamiento. Empoderarse implica tomar parte activa de un proceso; es aquí donde la voz y el voto del estudiante toman su poder y valor. Es aquí cuando vemos que tal vez el objetivo de ese trabajo, de ese examen, de ese taller exige patrones de aprendizaje limitados.

Es aquí cuando podemos alzar la voz y ser partícipes de la reformulación del proceso del aprendizaje. ¿Cuántas veces no nos hemos sentido inconformes con una nota o con un trabajo porque exige un aprendizaje memorístico que muchos no pueden alcanzar? ¿Cuántas veces no nos quejamos porque los objetivos de aprendizaje se enfocan en labores que hacen preferencia a unos estilos de aprendizaje más que otros? Cuando vemos que los docentes fallan en el principio del aprendizaje, pero que en vez de solo criticar, actuamos; proponemos soluciones y alternativas, nos estamos empoderando.

Alzamos la voz pero con respeto, confiando que así como nosotros, nuestros docentes y estándares de formación quieren también que el aprendizaje mejore cada vez más. Empoderarse de los procesos de formación, proponer mejoras y soluciones y ser parte activa de los procesos es un factor fundamental para una formación del psicólogo cada vez más calificada y de mayor estándar.

Pero para esto, es necesario el compromiso y el empoderamiento, porque finalmente: ¿de qué sirven tantas quejas entre pasillos sobre un trabajo, un taller, lo que hace o no un docente, si cuando estamos en el aula solo nos dormimos y esperamos la hora para salir de allí pero no proponemos o actuamos?

Trabajo en equipo y fortalecimiento en competencias:

Una frase frecuente en la mayoría de ámbitos de formación, sea escuela, universidad o centro, es la de “no vienes a hacer amigos; algún día, los que te rodean serán tu competencia.” “Preocúpate por ti; que el otro falle al final.”  Pero esas frases no me causan más impresión que una simple y sencilla que escuche una vez de un compañero: “Que me interesa que el otro psicólogo sea malo, lo despiden y yo puedo ocupar su lugar; me preocupo por mi formación.”

Si bien es cierto que es necesario comprometerse con la propia formación y que la competencia en lo ámbitos formativos es una preparación al fuerte mundo laboral que se impone, cuando estos valores se ponen como estándares, puede que lleguemos a ser grandes profesionales pero lábiles seres humanos.

No podemos, como dice la expresión, “cargar al otro en burro” para que llegue hasta el añorado día donde recoja el título, como suele pasar entre amigos. Pero tampoco podemos desligarnos del otro en un individualismo que nos exalte como los únicos “buenos”; los únicos que “servirán” para ese mundo al que nos enfrentamos.

Cada compañero es un colega; un colega que también saldrá al mundo y que estará en contacto con muchas personas que solicitarán su ayuda; personas que, si encuentran un deficiente accionar por parte de ese colega, podrían terminar, no solo con daños irreparables en sí mismas, sino que también terminarán desacreditando nuestra labor que siempre ha sufrido de estigmas y ataques.  

Es necesario que los futuros psicólogos trabajen juntos. Es necesaria la cohesión para la formación integral de todos. Debemos procurar ayudar al otro; ser colaborativo; servir de apoyo para que todos juntos alcancemos la meta como profesionales íntegros que saldrán al mundo y responderán de una forma eficiente a las necesidades que cada persona, grupo o sociedad nos presente.

No se trata de ayudar al compañero pasándole las preguntas para pasar el examen o poniéndolo en el trabajo porque es un gran amigo; se trata de ayudarlo a alcanzar su potencial; de que pueda dar lo mejor de sí; de que pueda comprometerse con lo que hace para que transforme su aprendizaje y visión.

He encontrado personas con grandes potenciales solamente al trabajar con ellas, potencialidades muchas veces escondidas pero que deben hacerse reconocer. Disminuir a los demás para ensalzar algunos es una práctica habitual; pero destacar lo que cada uno puede lograr con esfuerzo y dedicación es una tarea titánica que, cada uno como profesional o estudiante, puede llegar a hacer con cada compañero o colega.

Es una carrera, un gremio, una pasión que nos une a todos. Si hablan de un colega, hablan de la Psicología en general, nos afecta a todos, por eso no debemos encerrarnos en lo propio. Finalmente, aprender en equipo multiplica las potencialidades y capacidades de cada uno.

En conclusión, un estudiante en formación que trabaje con pasión y compromiso, empoderándose de su proceso de aprendizaje y trabajando en equipo, buscando potencializar sus competencias y capacidades así como fomentar la de sus colegas; sería un estudiante que mañana se convertirá en un profesional de calidad, sin necesidad de que salga de una universidad prestigiosa. Son factores que no están lejos de cada uno de nosotros, es solo cuestión de esforzarse por alcanzarlos.

Esta es mi opinión personal, surgida de situaciones que percibo día a día, pero que creo firmemente que son necesarias en este mundo que cada vez necesita más Psicólogos que sean no solo buenos profesionales, sino también buenos seres humanos.

Imagen: Estudiante en Shutterstock