Sentado en la sala de espera de un colegio para observar a un estudiante en su aula de clases, escucho esta conversación:

Secretaria: —“ese niño es como medio retrasado”

Maestra: —“el psicólogo dijo que su inteligencia es baja, además en el salón no hace nada… ni copia”.

  • Secretaria: —“es que se nota”.

Idiotismo, oligofrénicos, lento aprendizaje, son etiquetas que se han utilizado a través de los años para describir a los niños con esta dificultad. En la versión anterior del Manual de Diagnósticos Estadísticos de los Trastornos Mentales texto revisado (DSM IV), se utilizaba el término “Retraso Mental”, ahora en la versión 5 a partir del 2013 se denomina “discapacidad intelectual” o “trastorno del desarrollo intelectual”.

“Recordemos, un niño es mucho más que un cociente Intelectual”

Las versiones anteriores de este manual y la actualizada, detallan muy claramente que para poder diagnosticar a un niño(a), adolescente o adulto con discapacidad intelectual, debe cumplir con tres criterios indispensables:

  • Dificultades en la capacidad de razonamiento, resolución de problemas, juicio, entre otras funciones intelectuales, argumentadas por una evaluación clínica y test de inteligencia.
  • En ocasiones se les hace difícil cumplir con los parámetros sociales o culturales para la autonomía personal y responsabilidad social.
  • Estas deficiencias inician durante el desarrollo.

Escala de gravedad de la Discapacidad Intelectual:

  • Leve: poseen un coeficiente intelectual de 69 a 50. En la edad escolar se observan dificultades en el aprendizaje de aptitudes académicas relativas a la lecto-escritura y matemática. Pueden ser tercos como forma de reaccionar a su limitada capacidad de análisis y razonamiento. En algunos casos se dejan llevar por la presión de grupo.
  • Moderado: el rango del coeficiente intelectual es de 49 a 35. Las dificultades se observan en comparación a los chicos de su edad. El progreso de sus habilidades académicas se nota poco a poco. Presentan movimientos involuntarios de su cuerpo y pueden aparecer rabietas. Tienden a reclamar la atención y afectos de los adultos.
  • Grave: el Coeficiente Intelectual está dentro del intervalo de 34 a 20, presentan dificultades, para comprender el lenguaje escrito y hablado, los padres y maestros deben proporcionar un grado de apoyo en la resolución de conflictos durante la vida cotidiana. En los aspectos conductuales presentan crisis de ira y por su falta de razonamiento, pueden llegar a autolesionarse.
  • Profundo: su coeficiente intelectual es menor a 20, sus habilidades implican el mundo físico más que procesos simbólicos, sus aprendizajes se basan más en el cuidado de sí mismo. Son casos muy reducidos y por lo general son acompañados de otros trastornos o síndromes, en muchas ocasiones orgánicos.

Los objetivos de los tratamientos se concentrarán en las áreas: motora, cognitiva, lenguaje y socio-personal

Muchas son las investigaciones que se realizan para conocer las causas de la Discapacidad Intelectual. Dentro de las más significativas podemos nombrar: uso de drogas durante el embarazo, intentos de aborto, complicaciones durante el parto, baja alimentación, causas genéticas, entre otras.

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¿Qué podemos hacer?

  • Brindar estimulación temprana desde los primeros años.
  • Brindar las herramientas adecuadas para que puedan integrarse a las normas sociales, culturales y morales.
  • El sistema educativo debe brindar apoyo mediante programas de necesidades educativas especiales y/o discapacidad.
  • Los tutores son una alternativa muy viable en este proceso.
  • Cursos o actividades de artes, música y bailes.
  • Reforzar las relaciones convivenciales.

Los objetivos de los tratamientos se concentrarán en las áreas: motora, cognitiva, lenguaje y socio-personal.

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Finalmente, el apoyo de los padres, madres y miembros de la dinámica familiar es indispensable durante el desarrollo de estos niños, niñas y adolescentes. Así y con la ayuda de psicologicos y especialistas, podrán convivir con su ambiente social y asumir responsabilidades propias de la vida cotidiana logrando el desarrollo de su autonomía, sus capacidades y habilidades personales, para una calidad de vida adecuada presente y futura.

Nota del editor: Corregido el término coeficiente por cociente. 

Dimas Villarreal
Soy Psicólogo Clínico de niños y adolescentes. Estudio el Doctorado en Psicología Clínica en la Universidad Santa María la Antigua en conjunto con la certificación para psicoterapeuta en la corriente psicodinámica. También me entreno en Terapia de Juego en la Asociación de Terapia de Juego de España y Play Therapy UK (United Kingdom).