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  • Psicología aplicada

Los patrones de consumo de alcohol predicen la ansiedad de forma diferente según la edad

  • David Aparicio
  • 17/02/2026

Un estudio longitudinal australiano revela que la frecuencia y la cantidad de alcohol consumido tienen efectos distintos sobre la ansiedad futura, con variaciones significativas según el grupo etario.

La relación entre el consumo de alcohol y la salud mental ha sido objeto de debate durante décadas. Mientras que los efectos físicos del alcohol sobre el hígado y el sistema cardiovascular están bien documentados, su conexión con trastornos psicológicos como la ansiedad presenta resultados contradictorios en la literatura científica. Algunos estudios sugieren que el alcohol aumenta la ansiedad, otros no encuentran relación alguna, e incluso algunos reportan una disminución de síntomas.

Un nuevo estudio publicado en Addictive Behaviors arroja luz sobre esta aparente contradicción al demostrar que la relación entre el consumo de alcohol y la ansiedad futura depende significativamente de la edad de la persona y del patrón específico de consumo.

Metodología del estudio

Los investigadores analizaron datos de 21,405 adultos australianos del estudio longitudinal HILDA (Household, Income, and Labour Dynamics in Australia), con seguimiento entre 2006 y 2021. Este diseño permitió examinar cómo los patrones de consumo en un año influyen en los niveles de ansiedad al año siguiente.

La ansiedad se evaluó mediante la subescala de ansiedad del Kessler-10, mientras que los patrones de alcohol se midieron a través de dos preguntas específicas:

  1. Frecuencia: cuántos días por semana consumían alcohol
  2. Cantidad: cuántas bebidas estándar consumían típicamente en esos días (definiendo una bebida estándar como 10 gramos de alcohol)

Esta distinción metodológica es crucial, ya que estudios previos solían combinar estos comportamientos en categorías amplias como «consumo elevado» versus «consumo bajo», perdiendo los matices entre beber poco frecuentemente versus beber mucho ocasionalmente.

Hallazgos principales

El análisis reveló que la edad es un factor clave que modula la relación entre alcohol y ansiedad, mientras que el sexo y el nivel de ingresos no mostraron diferencias significativas.

Adultos de 51 años o más

En este grupo, se encontraron dos patrones opuestos:

  • Mayor frecuencia de consumo (pero en cantidades pequeñas) se asoció con una ligera disminución de la ansiedad un año después
  • Mayor cantidad por ocasión se vinculó con un aumento de la ansiedad

Adultos de 26 a 50 años

  • Mayor cantidad por ocasión predijo niveles más altos de ansiedad
  • La frecuencia de consumo no mostró asociación significativa con la ansiedad

Adultos de 18 a 25 años

No se encontró ninguna relación significativa entre los patrones de consumo y la ansiedad futura. Los investigadores sugieren que esto podría deberse a que el consumo episódico intenso es más normativo y socialmente aceptado en este grupo etario, y que los efectos psicológicos negativos podrían tardar más en manifestarse.

Implicaciones clínicas

Simon D’Aquino, psicólogo clínico y autor principal del estudio, señala: «Los efectos del alcohol sobre la ansiedad a largo plazo no son grandes, pero beber en exceso para manejar la ansiedad u otros estados emocionales probablemente empeorará el estado de ánimo».

Consideraciones para la práctica clínica:

1. Evaluación diferenciada del consumo

Los profesionales deben distinguir entre frecuencia y cantidad al evaluar patrones de consumo de alcohol en pacientes con ansiedad. Preguntar únicamente sobre «cuánto bebe» no captura la diferencia entre quien toma una copa diaria versus quien consume varias copas los fines de semana.

2. Intervenciones ajustadas por edad

Las psicoeducación sobre alcohol y ansiedad debería adaptarse según el grupo etario:

  • En adultos mayores, el hallazgo de que el consumo frecuente pero moderado se asocia con menor ansiedad requiere interpretación cuidadosa
  • En adultos de mediana edad, el énfasis debería estar en reducir la cantidad por ocasión
  • En jóvenes adultos, la ausencia de relación significativa no implica que el alcohol sea inocuo, sino que los efectos podrían manifestarse posteriormente

3. Hipótesis del mecanismo social en adultos mayores

D’Aquino sugiere que el efecto protector de la frecuencia en adultos mayores podría no deberse al alcohol per se, sino al contexto social en el que ocurre el consumo: «Tengo la sospecha de que ayuda a los adultos mayores a conectarse socialmente en una etapa de la vida cuando la soledad típicamente aumenta».

Esto tiene implicaciones importantes: si el beneficio proviene de la socialización y no del alcohol, las intervenciones deberían enfocarse en promover conexión social sin necesariamente incluir alcohol.

4. Ciclos de automedicación

El hallazgo de que cantidades mayores por ocasión predicen mayor ansiedad en la mayoría de los adultos refuerza la comprensión de ciclos viciosos: el consumo intenso puede alterar la química cerebral y los patrones de sueño, empeorando los síntomas de ansiedad, lo que podría llevar a más consumo.

Limitaciones y cautelas

Es fundamental recordar que este es un estudio observacional que no puede establecer causalidad directa. Como señala D’Aquino: «Es muy posible que haya rutas indirectas a través de las cuales el consumo de alcohol afecta la ansiedad, como cambios en el entorno social».

Otros factores no medidos podrían estar en juego. Por ejemplo, el consumo de nicotina, que frecuentemente coexiste con el consumo de alcohol y afecta la ansiedad, no fue incluido en el análisis.

Conclusión

Este estudio aporta evidencia de que la relación entre alcohol y ansiedad es más compleja que una simple asociación positiva o negativa. Los patrones específicos de consumo y la edad del individuo son variables cruciales que los clínicos deben considerar al evaluar y tratar pacientes con ansiedad y problemas de consumo de alcohol.

Para la práctica clínica, esto significa moverse más allá de recomendaciones genéricas sobre «reducir el consumo de alcohol» hacia evaluaciones más matizadas que consideren cómo, cuándo y en qué contexto social ocurre el consumo.

Referencia: D’Aquino, S., Riordan, B., Cook, M., & Callinan, S. (2026). Alcohol consumption patterns and Long-Term Anxiety: The influence of Sex, Age, and income. Addictive Behaviors, 108594. https://doi.org/10.1016/j.addbeh.2026.108594

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