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Søren Kierkegaard dijo que la “ansiedad es el riesgo de la libertad…Aquel que aprende a vivir con la ansiedad de manera adecuada, ha aprendido lo último.” Martin Heidegger creía que era un síntoma natural de cualquiera que vive una vida auténtica, ser consciente de su propia mortalidad y así vivir con propósito y convicción.

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Una perspectiva existencial de la ansiedad es considerarla como algo que todas las personas inevitablemente experimentamos; parte de las reacciones corporales a los cambios cotidianos de la vida. Desafiarnos a nosotros mismos a crecer crea inevitablemente ansiedad. Tus metas deberían ponerte ansioso, de lo contrario no son lo suficientemente grandes.

Por supuesto, no es tan simple como decir sencillamente “sigue adelante.” Las personas que sufren de ansiedad necesitan ayuda para sobrellevar lo que puede convertirse en una gran fuerza destructiva en sus vidas. Sin embargo, el aspecto más crucial de un acercamiento existencialista a la ansiedad es el reconocimiento de nuestra libertad para elegir confrontarla.

Pero primero, el problema: Tenemos una situación donde millones de personas (casi 7 millones en Estados Unidos solamente) son diagnosticadas con Trastorno de Ansiedad Generalizada y consumen pastillas para tratarlo. Estas personas terminan ligeramente menos ansiosas pero igual de perdidas. El tratamiento no llega al corazón de la cuestión.

En psicoterapia existencial se hace una clara distinción entre la ansiedad existencial normal y la ansiedad neurótica. Es el diagnóstico erróneo de la primera como un “trastorno” lo que lleva a esta tendencia social preocupante donde las personas no toman resposabilidad por sus elecciones y acciones.

Un diagnóstico erróneo sumado a la medicación de lo que son reacciones fisiológicas naturales a situaciones estresantes, tiene muchas consecuencias.

En psicoterapia existencial se hace una clara distinción entre la ansiedad existencial normal y la ansiedad neurótica

La medicalización de la ansiedad ha dejado varias consecuencias:

  • Primero, la proliferación de información poco confiable sobre la verdadera naturaleza de un “trastorno”. Etiquetar a la ansiedad como trastorno invita a cualquiera que se pone nervioso antes de una entrevista de trabajo o entra en pánico solo por pensar que tiene que hablar en público, a creer que tienen una enfermedad médica.
  • Segundo, valida a la ansiedad como algo que está más allá del control de la persona; una enfermedad que necesita ser tratada o eliminada enteramente. Esto le da crédito a la víctima, animándola mentalmente a simplemente tomar píldoras para calmar sus síntomas sin desafiar a las causas de raíz.
  • Tercero, separa a la ansiedad del individuo; un invasor o huésped no querido en la mente de la víctima, que separa a esa persona de la raíz del problema y abroga su responsabilidad de lidiar con la cuestión ellos mismos.

Cuando vemos a la ansiedad de esta manera, validamos el derecho de la persona a evitar las situaciones que provocan ansiedad y les permitimos aliviar su ansiedad con medicación. Pero el uso de la medicación sólo puede ser efectivo en conjunción con otros cambios en el estilo de vida, más crucialmente ¿una gran dosis de valor?

Remover toda la ansiedad no es ni deseable ni posible, ya que es un proceso natural del cuerpo sin el cual nunca hubiéramos sobrevivido como especie. La eliminación de la ansiedad de nuestras vidas tiene sombras de un futuro distópico tal como el experimentado en “Un mundo feliz” de Aldous Huxley donde, al ser incapaces de lidiar con la ansiedad o el dolor, los ciudadanos tienen permitido el acceso ilimitado a Soma, una droga milagrosa que elimina todo dolor y ansiedad y no tiene efectos secundarios.

Remover toda la ansiedad no es ni deseable ni posible

Sin realmente confrontar las causas subyacentes de la ansiedad, el impacto en la vida del sujeto será limitado porque todavía no ha aprendido a sobrellevar su ansiedad para satisfacer sus necesidades.

Si permitimos la eliminación de la ansiedad con drogas y no vamos más allá para tratar de ayudar a la persona a combatir las conductas para evitar la ansiedad, estos comportamientos continuarán arraigándose, lo que sigue dejando a la ansiedad en control del proceso de toma de decisiones del individuo. A menos que cambiemos el comportamiento de manera que la persona pueda satisfacer sus necesidades más independientemente en el futuro, cualquier tratamiento conducirá inevitablemente a la depresión y desesperanza.

Por ende, hay muchas lecciones que podemos aprender del pensamiento existencial que podrían ayudar a abordar la ansiedad más efectivamente. Primero que todo, necesitamos reconocer que al etiquetar a la ansiedad como una enfermedad o trastorno que puede ser tratado o eliminado, la separamos de los conflictos existenciales del individuo.

Aquí las ideas de Rollo May y Max Scheler pueden ser de ayuda. Scheler argumentó que necesitamos ir más allá de la comprensión de la mente humana en formas abstractas y enfocarnos en la persona en su totalidad, no como una máquina que puede ser químicamente balanceada, sino como un ser con necesidades sociales, psicológicas y espirituales. Puede haber argumentado que nuestra meta no debería ser evitar o eliminar toda la ansiedad (no podríamos sobrevivir sin ella), sino ser capaces de vivir, tanto como sea posible, sin ansiedad neurótica y con la habilidad de tolerar y confrontar la inevitable ansiedad existencial de vivir.

La ansiedad es un indicador de que algo necesita ser abordado, no evitado o eliminado. Resalta una desconexión entre la persona que necesitamos ser y la persona que actualmente percibimos que somos. Y la manera más efectiva de cerrar esa brecha es que el individuo reconozca su responsabilidad en la situación de la vida que este pasando y haga elecciones positivas para mejorar.

Jean-Paul Sartre argumentó que somos nuestras elecciones y que tenemos tanto las herramientas como la responsabilidad para crear una existencia auténtica, significativa y con propósito a través de nuestra libertad de elección. Las elecciones que enfrentamos para satisfacer nuestras necesidades en la vida raramente son fáciles. Sin embargo, en la cultura occidental, donde la conveniencia y seguridad son extremas, las personas están desacostumbradas al esfuerzo. Una afirmación diaria de la necesidad de elegir actuar con valentía y sobrellevar nuestra propia ansiedad para convertirnos en las personas que queremos ser sería un concepto alienígena para muchos.

Necesitamos reconocer que la ansiedad es una parte de la vida

Pero esta cultura conduce a que la gente vea a la ansiedad como algo que no es natural; evitan situaciones que provocan ansiedad y terminan aborreciéndose porque no son capaces de satisfacer sus necesidades así que se desilusionan. Eso que necesitan “no pueden” hacerlo por la ansiedad. Y al etiquetarlo como un trastorno, validamos el ceder a su maligna influencia y reforzar patrones de conducta que no tratarán al problema de raíz.

Un terapeuta con enfoque existencialista, puesto de manera simple, actuaría de la siguiente forma:

  • Analizar el aparato de toma de decisiones del cliente e identificar cuándo se le permite a la ansiedad tomar control y convertirse en una fuerza destructora en la vida de esa persona.
  • Descubrir el sistema de valores del cliente; identificar fortalezas y talentos personales que le dan al cliente una motivación para abordar las causas subyacentes de su ansiedad.
  • Incitar al cliente a tomar decisiones basadas en su sistema de valores – no sus miedos – y utilizar sus fortalezas de manera saludable y productiva y comenzar a crear la vida con el propósito y significado que merece, pero que han sido negados previamente al aprender a someterse a la ansiedad.
  • Ayudar al cliente a reconocer el hecho de que tienen una responsabilidad para consigo mismos de crear sus propias situaciones en la vida y que solo él puede elegir avanzar resueltamente y hacer los cambios requeridos para convertirse en la persona que quiere ser.

Las elecciones que enfrentamos pueden hacernos sentir casi histéricamente nerviosos y hacernos vulnerables al fracaso, pero al menos nos dan la oportunidad de crear la existencia que nos debemos a nosotros mismos. En el mundo moderno, aquellos que eligen valientemente son recompensados; ellos enfrentan su ansiedad, sobrellevan la situación y aprenden que hay muchos beneficios al ser capaces de enfrentar los miedos; aprenden a tomar riesgos y exponerse a las potenciales recompensas.

Necesitamos reconocer que la ansiedad es una parte de la vida. Enfrentarla requiere valentía. Mientras más la enfrentemos, más fácil se hace elegir valientemente. Mientras más le huyamos, más tiempo frenamos. Tomar medicación, evitarla o utilizarla como excusa para la inacción no son soluciones. Verla como un llamado a la valentía, un llamado a satisfacer nuestras necesidades con el objetivo de vivir una vida saludable y llena es algo que podemos aprender del existencialismo.

Al presente, creo que la sociedad legitima no actuar valientemente de cara a la ansiedad; el existencialismo defiende el vivir valientemente con ella. Reconocer nuestro poder de elegir la opción valiente es una gran parte de eso. Como Sartre diría: somos nuestras elecciones; somos los que elegimos cómo percibimos el mundo y cómo actuamos; podemos aprender a elegir valientemente frente a la ansiedad y, por ende, crear un mundo mejor para nosotros.

Artículo editado y traducido por Alejandra Alonso y Maria Fernanda.

Ben Thornhill
Ben es estudiante de The New School of Psychoterapy and Counseling en Londres y es maestro especialista en el programa de Filosofía para Niños en Panamá