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Hiperempatía como blanco: depredadores intelectuales y mujeres autistas

  • 03/04/2026
  • Gretel Martinez

Por Caren R. Rodriguez, Gretel A. Martinez y Romina Escobedo

«Qué vergüenza… si ya sé que tengo que poner límites, ¿por qué no lo hago?»

Hay un tipo de violencia que no deja marcas visibles pero erosiona profundamente: la explotación intelectual y emocional disfrazada de admiración, mentoría o amistad. Para muchas mujeres autistas, especialmente aquellas con diagnóstico tardío, esta forma de abuso resulta particularmente difícil de detectar. La hiperempatía, la tendencia a tomar la palabra del otro como genuina y la dificultad para interpretar intenciones ocultas las coloca en una posición de vulnerabilidad frente a quienes saben leer muy bien estas características y usarlas en su beneficio.

En el marco del Día Mundial de Concientización sobre el Autismo, queremos hablar de esas infancias que crecieron y hoy, como adultas, siguen enfrentando malestares menos ruidosos pero igualmente reales. Para entender mejor este fenómeno, vale la pena revisar primero algunos conceptos que nos ayudan a nombrarlo.

Phishing, mate crime e hiperempatía

Se nos puede venir a la mente el término Phishing, el acto de engaño mediante el cual se utiliza la suplantación de identidad para obtener información de una persona (Althobaiti & Tahaei, 2025) mediante engaños en línea (mensajes de texto fraudulentos, mails engañosos, enlaces, aplicaciones) que va en aumento. El estudio de Sarno y Black (2024) mostró que la vulnerabilidad al engaño digital tiende a ser transversal entre distintos formatos, incluyendo correos electrónicos, mensajes fraudulentos y noticias falsas. Esta vulnerabilidad se asoció con menor alfabetización digital y menor reflexión cognitiva, mientras que la edad no resultó predictiva, y el phishing fue el formato frente al cual los participantes evidenciaron mayor susceptibilidad.  

Similar pero más ajustado aún es el  mate crime (Grundy, 2011), que se da cuando alguien – que podríamos ilustrar como agresor – establece una relación de aparente amistad con el objetivo de manipularla, utilizarla o beneficiarse de ella. La característica principal es que la explotación ocurre dentro de un vínculo percibido por la víctima como amistoso, lo que reduce la probabilidad de detección, resistencia o denuncia. Suele ser encubierto siendo que quien se lo propone obtiene acceso progresivo a los recursos, el entorno o la conducta de la víctima mediante confianza simulada, y luego utiliza ese acceso para fines instrumentales, como explotación económica, laboral, uso del domicilio para actividades ilícitas, coerción hacia conductas delictivas o abuso. Una característica crítica es que la víctima puede ser simultáneamente explotada y expuesta a responsabilidad legal, ya que el agresor puede “usarla” como intermediaria o fachada para actividades ilegales, sin que ésta comprenda plenamente la situación.

Depredadores intelectuales e hiperempatía: el crimen perfecto 

Un tipo de explotación y abuso de estos, tal vez el menos sospechado y por eso, de los más recurrentes es el de los depredadores intelectuales. Son personas que usan su carisma, discurso o sagacidad intelectual para generar admiración, dependencia afectiva y acceso al mundo interno de la persona de la que se quiere obtener provecho, sin reciprocidad ni cuidado. Es típico que esas personas sean nuestros propios colegas, terapeutas,  mentores o referentes que identifican la sensibilidad y la necesidad de validación. Se muestran brillantes, intelectualmente admirables, leen muy bien al otro. Podríamos pensarlos tan encantadores como el estafador de tinder o algún gurú espiritual. El phishing a diferencia del mate crime, es un engaño digital basado en la suplantación de identidad que no requiere una relación interpersonal previa.

Frente a estos engaños son especialmente vulnerables las mujeres autistas. La investigación muestra que siendo mujer autista se está más expuesta a abuso, manipulación y violencia, incluida violencia sexual y de pareja, en comparación con mujeres neurotípicas (Bradley et al., 2021). La hiperempatía destacable en el fenotipo femenino, un patrón caracterizado por una alta sensibilidad a las emociones de los demás, junto con posibles dificultades para identificar, comprender o regular la propia experiencia emocional (Cassidy, Bradley, Shaw, & Baron-Cohen, 2018)  puede meterlas en líos. Estas mujeres a las que referimos son el segmento del espectro sin discapacidad intelectual también presente en la Guía para profesionales de la salud, de la educación y familias: Autismo en niñas y mujeres que se puede descargar acámismo de forma gratuita.

El depredador intelectual se beneficia justamente de la capacidad de escuchar de esa mujer neurodiversa, de su tendencia a analizar y justificar, de su desafío para reconocer manipulación emocional cuando viene envuelta en palabras bonitas, discurso crítico, o aparente vulnerabilidad con tendencia a cuidar, sostener y reparar a los demás, incluso a costa de sí.

Estos momentos amargos pueden alcanzar un nivel de malestar que lo transforme en un trauma. Según Isabel Paula (2023), el trauma puede entenderse como la experiencia personal de sentirse profundamente sobrepasado o sin recursos ante uno o varios eventos adversos que exceden la capacidad de afrontamiento disponible, dejando secuelas físicas y/o emocionales que impactan en el funcionamiento diario y cuya intensidad y duración no son uniformes.

Para hablar de depredadores intelectuales y robo de ideas no alcanza con mirar caso por caso, como si fueran anécdotas aisladas. Es necesaria una lente más amplia: la interseccionalidad. Muchas de las mujeres que viven estas violencias no llegan “neutras” a la academia o al trabajo, sino atravesadas por género, neurodivergencia y diagnóstico tardío, precariedad laboral, clase, raza, discapacidad, migración, maternidad, enfermedad crónica. Ese entramado las coloca en una posición particular: producen pensamiento original, sostienen muchísimo trabajo invisible y, al mismo tiempo, tienen muy poco margen para perder pertenencia, estabilidad o ingresos. Desde ahí se entiende mejor por qué sus ideas son tan fáciles de tomar y tan difíciles de defender, y por qué no estamos frente a historias individuales de mala suerte, sino frente a un patrón estructural.

Cuando este contexto se combina con ciertas dinámicas vinculares asimétricas de poder, es tierra fértil para depredadores intelectuales. Muchas veces estas relaciones empiezan de forma aparentemente positiva: aparece alguien que se muestra brillante, sensible y muy interesado en nuestras ideas. Pide recomendaciones, hace preguntas, celebra cómo pensamos y dice  en tono confidente “por fin puede hablar en serio”. Desde ahí, es fácil abrir la puerta y compartir conceptos, metáforas, marcos teóricos, ejemplos clínicos generales o incluso borradores de proyectos que venimos elaborando hace tiempo. Durante un período, la sensación es de co-creación: largas conversaciones, intercambio de mensajes, ideas que parecen construirse “entre dos”. La dinámica problemática se hace visible después, cuando ese material comienza a aparecer en charlas, redes, talleres o textos de la otra persona casi en los mismos términos, pero sin reconocimiento ni crédito, sin honestidad intelectual. Lo que fue compartido en un contexto de confianza y admiración se transforma entonces en insumo gratuito: las ideas sostienen el prestigio de depredadores intelectuales, mientras quienes las generaron quedan con el cansancio emocional y la sensación difícil de nombrar de haber sido despojadas de algo profundamente propio.

POV

Soy Caren, como profesional y mujer autista que supo tener varias de estas penosas experiencias elijo empezar a cuidarme poniendo filtros más exigentes, tomandome más tiempo antes de abrir mi mundo interno y compartir mi trabajo solo donde haya respeto por mis límites y mi autoría. 

Soy Romina, psicóloga y autista con diagnóstico tardío. A lo largo de mi trayectoria personal y profesional atravesé situaciones marcadas por malentendidos, ambigüedades en la comunicación y expectativas implícitas que no siempre supe identificar a tiempo. Mi tendencia a la hiperempatía, a confiar genuinamente en la palabra del otro y a tomar los elogios como reconocimiento sincero – sin anticipar demandas encubiertas o retribuciones implícitas – me llevó a escenarios de confusión o aprovechamiento. También viví dificultades para interpretar mensajes ambiguos o relaciones poco explícitas. En algunos contextos derivó en conflictos que excedían mi intención o mi participación directa. Con el tiempo, y especialmente a partir de comprender mi forma particular de procesar la información y vincularme, pude reconocer estos desafíos y fortalecer modos de cuidado más claros, eligiendo con mayor conciencia cuándo intervenir, cuándo confrontar y cuándo priorizar mi integridad y mi salud. No todas las respuestas son inmediatas ni normativas. A veces el silencio, la pausa y la reflexión también son formas legítimas de posicionamiento que no significan consentimiento o estar de acuerdo. El que calla otorga es un dicho que no aplica en mujeres con autismo.

Cuidarnos más y mejor

Esta no es una invitación a desconfiar masivamente, sino a prestar atención a la sobreadaptación para sentir afecto o reconocimiento. Casi como un mantra un recurso de cuidado puede ser recordar “No tengo que pagar pertenencia con mi tiempo, mi cuerpo ni mis ideas”. 

A continuación compartimos una lista de banderas rojas para ayudarte a reconocer más fácilmente estas dinámicas, para que logres activar tu voz compasiva con este artículo. Si te identifica y hace sentir que fuiste víctima de un depredador intelectual: no fue tu culpa, no lo generaste!

Señales de alarma de un depredador intelectual siendo neurodiversa (ND):

  • Se confiesa en profundidad desde el minuto uno: muchísima vulnerabilidad, trauma, dolor… pero sin sostén ni proceso real. Te pone en lugar de terapeuta, no de par.
  • Admira tu sensibilidad… pero la explota: Te dice que sos única, muy empática, muy capaz de contener, “con una escucha que nadie tiene”… y descarga sobre vos sin reciprocidad. 
  • No asume su parte en lo que pasa: puede analizar mil factores, pero casi nunca aparece “hice esto, te dañó, ¿cómo lo reparo?”. Mucha narrativa, poca reparación. 
  • Te compara o triangula con otras personas: te habla de otras mujeres/pacientes/amigas “brillantes”, “lindas”, “talentosas”, creando sensación de competencia o de que estás “un poco por debajo”. 
  • Te sentís halagada… y rara: parte de vos está fascinada, otra parte está tensa o confundida. Desconexión del cuerpo o baja interocepción y alexitimia.
  • Te vas sintiendo chiquita o confusa: cada vez dudas más de tu percepción. Salís de los encuentros un poco desregulada, pensando demasiado, sin claridad. Cuerpo en activación. 
  • Conducta de aproximación oportunista ante picos de visibilidad o producción creativa: cuando la persona ND genera algo que tiene impacto, ciertos perfiles tienden a acercarse para obtener validación, acceso o beneficio indirecto del capital intelectual/emocional que produce tu brillo. 
  • Te cuesta ponerle nombre a lo que pasa: algo duele, pero te escuchas diciendo: “no sé si estoy exagerando”, “capaz es cosa mía”, “quizás soy muy sensible, intensa, profunda, rápida, curiosa, rara”.
  • marcadaTu cuerpo se queja antes que tu mente: insomnio, fatiga, dolor físico, nudo en el pecho, ansiedad post-encuentro, bruxismo, sudoración, necesidad de mucha regulación después de verlo / hablar. Mutismo situacional, llanto, temblor, etc. 
  • Te da vergüenza contar detalles a alguien de confianza: en la comunidad casi todxs nos conocemos, esto es difícil de hablar, incluso con el terapeuta. Me hizo medir si mi terapeuta era segurx o no en realidad.

A veces no es cuestión de olvidar, sanar o perdonar sino al contrario, de encender las alarmas para que cada vez lo veamos antes, nos perjudique menos y podamos confiar más en quien verdaderamente lo merece.

Referencias:

  • Althobaiti K, Tahaei M. Understanding phishing discussions on stack overflow and information security stack exchange. Sci Rep. 2025 Dec 23;16(1):3555. doi: 10.1038/s41598-025-33568-5. PMID: 41429923; PMCID: PMC12848066.
  • Cassidy, S., Bradley, L., Shaw, R., & Baron-Cohen, S. (2018). Risk markers for suicidality in autistic adults. Molecular Autism, 9, 42.
  • Bradley, L., Shaw, R., Baron-Cohen, S., & Cassidy, S. (2021). Autistic adults’ experiences of camouflaging and its perceived impact on mental health. Autism in Adulthood, 3(4), 320–329. https://doi.org/10.1089/aut.2020.0071
  • Chapman, R., & Carel, H. (2022). Neurodiversity, epistemic injustice, and the good human life. Journal of Social Philosophy, 53(4), 614–631. https://doi.org/10.1111/josp.12456
  • Fox, Jessica. (2025). Neuro-queering feminism: Creating space within feminism to address autistic experiences of gender oppression. Feminism & Psychology. 35. 10.1177/09593535241306532.
  • Grundy, D. (2011). Friend or fake? Mate crimes and people with learning disabilities. Journal of Learning Disabilities and Offending Behaviour, 2(4), 167–169. https://doi.org/10.1108/20420921111207855
  • Nilsson, I. (2022). Critical Storytelling: Experiences of Power Abuse in Academia. https://doi.org/10.1163/9789004521025_001
  • Paula, Isabel. (2023). El trauma complejo en el autismo: La urgencia de una intervención sensible. Madrid: Alianza Editorial. ISBN 978-84-1148-464-0.
  • Rodríguez, C. P., & Martínez, G. A. (2024). Guía para profesionales de la salud, de la educación y familias: Autismo en niñas y mujeres (1.a ed.). CABA, Argentina.
  • Sarno DM, Black J. Who Gets Caught in the Web of Lies?: Understanding Susceptibility to Phishing Emails, Fake News Headlines, and Scam Text Messages. Hum Factors. 2024 Jun;66(6):1742-1753. doi: 10.1177/00187208231173263. Epub 2023 May 1. PMID: 37127397.
  • Uisma, A.-M., Virkki, T., & Ylilahti, M. (2025/2026). Misunderstood, minimised, misrepresented: Autistic young adults’ experiences of epistemic injustices in healthcare interactions around autism. Sociology of Health & Illness, 48(1), e70124. https://doi.org/10.1111/1467-9566.70124
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Gretel Martinez

Lic. Psicología egresada de la Universidad de Buenos Aires. Psicoterapeuta infantojuvenil y de adultos. Miembro de Society for Psychotherapy Research (SPR). Miembro de ETCI (Equipo de Terapia Cognitiva Infantojuvenil). Columnista en Psyciencia, publicación online independiente especializada en divulgación de psicología y neurociencias. Cofundadora de Siembro Bienestar - Consultoría y docencia en bienestar personal y autocuidado profesional. Con formación cognitivo conductual, en terapias de tercera generación, neuropsicología y autismo en mujeres.

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