Por Gabriel Genise y Nicolás Genise
Durante los últimos años se ha instalado con fuerza en medios de comunicación y debates culturales la idea de que la generación Z —los jóvenes nacidos aproximadamente entre 1997 y 2012— está teniendo menos sexo que generaciones anteriores. En distintos artículos periodísticos se habla incluso de una “recesión sexual” entre jóvenes adultos y adolescentes. Sin embargo, cuando se analizan los datos con mayor detenimiento, la situación parece ser más compleja de lo que sugieren estas narrativas simplificadas.
Un reciente artículo publicado en CNN plantea justamente esta discusión a partir del fenómeno cultural generado por la serie Heated Rivalry. Según el análisis presentado, el éxito del programa desafía la idea de que los jóvenes actuales estén desinteresados en el sexo. Más bien, sugiere que la generación Z continúa interesada en la sexualidad, pero busca representaciones más realistas, consensuadas y emocionalmente significativas de las relaciones íntimas (Andrew, 2026).
Desde una perspectiva psicológica y clínica, esta observación abre una pregunta más profunda: ¿estamos realmente frente a una generación menos interesada en el sexo o ante una generación que está redefiniendo las condiciones en las que quiere vivir la intimidad?
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Diversos estudios poblacionales muestran que los jóvenes actuales reportan niveles más bajos de actividad sexual que generaciones previas. Un informe del Centers for Disease Control and Prevention (CDC) citado en el artículo de CNN indica que el porcentaje de estudiantes de secundaria estadounidenses que reportaron haber tenido relaciones sexuales descendió de 47 % en 2013 a 32 % en 2023 (Andrew, 2026).
Hallazgos similares se han observado en estudios longitudinales realizados en Europa y Estados Unidos. Investigaciones sobre tendencias generacionales han documentado una disminución gradual en la frecuencia de actividad sexual entre jóvenes adultos desde principios de la década de 2010 (Twenge, Sherman & Wells, 2019). Esta tendencia ha llevado a algunos autores a hablar de una “sexual recession” en sociedades occidentales.
La generación Z parece abordar la sexualidad con mayor cautela y deliberación
Sin embargo, interpretar estos datos exclusivamente como un desinterés por la sexualidad puede ser un error conceptual. La disminución de actividad sexual no implica necesariamente menor deseo, sino cambios en el contexto cultural, social y psicológico en el que los jóvenes toman decisiones sobre su vida íntima.
Más cautela, más reflexión y mayor intencionalidad
Uno de los elementos que emergen con mayor claridad en la literatura reciente es que la generación Z parece abordar la sexualidad con mayor cautela y deliberación que generaciones anteriores.
Según estudios del Kinsey Institute citados en el artículo periodístico, alrededor del 81 % de los jóvenes de esta generación ha fantaseado con relaciones monógamas estables (Andrew, 2026). Este dato desafía el estereotipo frecuente de que las nuevas generaciones priorizan exclusivamente vínculos casuales o relaciones efímeras. Por el contrario, sugiere que muchos jóvenes siguen valorando profundamente el vínculo afectivo y el compromiso.
Desde la psicología del desarrollo, este fenómeno puede interpretarse en relación con varios factores contextuales que han marcado la experiencia vital de esta generación:
• Crecimiento en entornos digitales altamente sexualizados.
• Mayor conciencia sobre consentimiento y abuso.
• Mayor percepción de riesgos asociados al sexo.
• Impacto de la pandemia en la socialización adolescente.
En conjunto, estos factores parecen haber contribuido a una aproximación más reflexiva hacia la intimidad.
El deseo no desapareció: cambió su forma de expresión
Uno de los hallazgos más interesantes que emergen del análisis cultural de la generación Z es que el deseo sexual no ha desaparecido, sino que ha cambiado la forma en que se expresa.
Muchos jóvenes continúan interesados en contenidos sexuales en los medios, pero prefieren representaciones que incluyan relaciones saludables, consentimiento y continuidad emocional (Andrew, 2026).
Este punto resulta particularmente relevante desde la psicología clínica y la sexología. Durante décadas, gran parte de las representaciones sexuales en cine y televisión se caracterizaron por escenas desconectadas del contexto relacional, centradas en el impacto visual más que en la dinámica emocional de los vínculos.
En contraste, producciones recientes que han captado la atención de audiencias jóvenes parecen enfatizar justamente los aspectos relacionales de la sexualidad: deseo, tensión, comunicación y consentimiento.
Consentimiento, comunicación y nuevas normas relacionales
Otro rasgo distintivo de la sexualidad contemporánea en jóvenes parece ser el énfasis creciente en la comunicación explícita sobre el consentimiento.
Este cambio cultural es consistente con investigaciones recientes que muestran que los jóvenes valoran cada vez más la negociación explícita de los límites sexuales y la claridad en la comunicación interpersonal (Beres, 2014).
Desde una perspectiva clínica, este cambio cultural podría interpretarse como un avance significativo en términos de salud sexual y relacional.
La paradoja de la generación Z: entre el deseo y la cautela
Uno de los aspectos más fascinantes del comportamiento sexual de la generación Z es la coexistencia de dos tendencias aparentemente contradictorias.
Por un lado:
• mayor cautela en la actividad sexual
• menor frecuencia de encuentros sexuales casuales
• mayor preocupación por los riesgos asociados
Por otro lado:
• fuerte interés en narrativas románticas y eróticas
• apertura a conversaciones sobre deseo, identidad y consentimiento
Esta paradoja sugiere que el fenómeno no puede explicarse simplemente como una disminución del deseo sexual.
Más bien, parece tratarse de una transformación en la forma en que los jóvenes organizan sus expectativas sobre la intimidad.
Sexualidad y significado relacional
Desde la psicología evolutiva y la teoría del apego, la sexualidad humana nunca ha sido únicamente un comportamiento reproductivo o fisiológico. También cumple funciones fundamentales en la regulación emocional, la construcción del vínculo y la identidad interpersonal.
Las investigaciones de Hazan y Shaver (1987) mostraron hace décadas que las relaciones románticas adultas comparten múltiples características con los vínculos de apego.
Si interpretamos el comportamiento de la generación Z desde esta perspectiva, la aparente “recesión sexual” podría reflejar en realidad una reorganización de prioridades relacionales.
En lugar de priorizar encuentros sexuales casuales, muchos jóvenes parecen privilegiar experiencias de intimidad que integren deseo, seguridad emocional y conexión afectiva.
Conclusión
La narrativa de que la generación Z está “teniendo menos sexo” puede ser cierta desde un punto de vista estadístico. Sin embargo, esta afirmación pierde gran parte de su significado cuando se analiza fuera de su contexto cultural y psicológico.
Más que una generación desinteresada en la sexualidad, la evidencia sugiere que estamos frente a una generación que está redefiniendo las condiciones en las que desea vivir la intimidad.
Comprender estas transformaciones resulta relevante tanto para la investigación académica como para la práctica clínica contemporánea.
Referencias
- Andrew, S. (2026). Gen Z isn’t sexless. They just want a love like “Heated Rivalry.” CNN.
- Beres, M. (2014). Rethinking the concept of consent for anti‑sexual violence activism and education. Feminism & Psychology, 24(3), 373–389.
- Hazan, C., & Shaver, P. (1987). Romantic love conceptualized as an attachment process. Journal of Personality and Social Psychology, 52(3), 511–524.
- Owens, E., Behun, R., Manning, J., & Reid, R. (2012). The impact of internet pornography on adolescents: A review of the research. Sexual Addiction & Compulsivity, 19(1–2), 99–122.
- Twenge, J., Sherman, R., & Wells, B. (2019). Declines in sexual frequency among American adults. Archives of Sexual Behavior.