David Brook escribió un artículo que va directo al corazón y que nos hace reflexionar sobre la era de despego en la que vivimos:
Vivir sin amor es estar en piloto automático y desconectado de la vida. El amor, en cambio, alimenta el compromiso pleno. “La vida de una persona puede tener sentido”, escribió una vez la filósofa Susan Wolf, “solo si le importan profundamente algunas cosas, solo si está atrapada, emocionada, interesada, comprometida o, como he dicho antes, si ama algo”. Presta atención a esas palabras: “se preocupa”, “se apasiona”, “se emociona”, “se compromete”, “ama”. Una forma estupenda de vivir es ir por ahí con una postura tan abierta de corazón que encuentres cosas por las que entregarte por completo.
Y agrega:
Si llevas una vida diseñada para maximizar la independencia y la autonomía personales, conseguirás vivir una vida relativamente sin restricciones. Pero es más probable que vivas una vida con poca energía, más lenta para albergar esos grandes amores por las personas, los lugares, Dios, la vocación y la nación que despiertan pasiones fervientes y dan lugar a vidas llenas de pasión.
Si, por el contrario, te resistes al ethos de la autonomía y pones la pasión amorosa en el centro de tu filosofía de la vida, te encontrarás atado a todo tipo de obligaciones: a cosas como el cónyuge, los hijos, la comunidad, Dios y la vocación. Pero tu amor por estas cosas constituirá fuegos en el corazón, produciendo una gran vitalidad, un compromiso pleno, un aumento de la fuerza personal. Una de las extrañas paradojas de la vida es que las limitaciones que eliges son las que te liberan.
Léelo con calma y procesa cada palabra. Creo que este artículo tiene mucho valor para nuestra vida. Puedes leerlo completo en The New York Times.