¿Quienes trabajan desde casa tienen más hijos?
Hay una fuerte preocupación por el descenso de la natalidad en el mundo. Cada vez nacen menos niños y las poblaciones envejecen en casi todos los países. Para darte contexto: la fecundidad a nivel mundial era de 4.9 hijos por mujer en 1950 y cayó a 2.3 en 2023. Eso genera una presión enorme sobre los sistemas de salud y sobre las finanzas públicas.
Para revertir la tendencia, los gobiernos ensayaron subsidios al nacimiento, licencias parentales, cuidado infantil subsidiado y campañas pronatalistas. Los resultados son pobres: muchas de esas medidas no tienen efecto y las que sí lo tienen consiguen ganancias modestas a un costo alto para el contribuyente. Los subsidios directos en efectivo suben la natalidad en el corto plazo, pero no está claro qué pasa con la cantidad total de hijos que una mujer tiene a lo largo de su vida.
Una investigación reciente (Davis et al., 2026), que todavía no fue revisada por pares, exploró otro camino: si tener más flexibilidad sobre cuándo, dónde y cómo se trabaja se asocia con una mayor fecundidad.
Te resumo los datos:
La investigación
Los investigadores combinaron 4 fuentes de datos. Dos encuestas propias: una global con 38 países y más de 11,000 personas de 20 a 45 años aplicada de noviembre 2024 y febrero 2025. Otra mensual en Estados Unidos con casi 90,000 respuestas de personas del mismo rango de edad. A esto le sumaron datos del Current Population Survey y cruzaron esos datos con un modelo de lenguaje que media la “oportunidad de teletrabajo” en cinco países angloparlantes que leyó millones de anuncios de trabajo para clasificar cuales ofrecían trabajo remoto al menos un día por semana.
Los investigadores excluyeron a propósito los datos del 2020 a 2022, porque durante la pandemia hubo miedo al contagio, distanciamiento e incertidumbre económica, todo con efectos posibles sobre la decisión de tener hijos que no se pueden separar del teletrabajo.
Hallazgos
En los 38 países, las parejas donde ambos teletrabajan al menos un día por semana reportan 0.32 hijos más a lo largo de la vida que las parejas donde ninguno lo hace, un 14% más. En Estados Unidos la diferencia sube a 0.45 hijos, un 17.5%.
El patrón se sostiene al controlar por edad, educación, estado civil, hijos previos, situación laboral propia y de la pareja, y efectos fijos de país. Se sostiene en hombres y en mujeres por separado.
Cuando los autores reemplazan la variable «teletrabaja o no» por «cuántos días teletrabaja», los efectos se debilitan. Y cuando corren las dos variables juntas, la cantidad de días deja de predecir nada. Lo que predice es el simple hecho de tener al menos un día.
Lo que parece importar no es la cantidad de tiempo en casa, sino la existencia de un margen de maniobra, de flexbilidad. Criar a un niño exige trabajo, dedicación y ayuda. Un día alcanza para llevar a un hijo al dentista, coordinar con el plomero o cubrir una enfermedad imprevista sin perder el trabajo. El 39% de los encuestados estadounidenses elige «horario flexible» entre los tres principales beneficios del trabajo remoto. Y las personas dicen que la opción de teletrabajar dos o tres días vale alrededor del 5% de su salario, con la valoración más alta entre quienes conviven con menores de 14 años. Impresionante.
Para poner eso en contexto, los autores lo comparan con el gasto público en cuidado y educación de la primera infancia, que a nivel mundial equivale al 1% del PIB y se asocia con 0.2 hijos adicionales por mujer. En cambio el teletrabajo aportaría 0.13. En otras palabras, el teletrabajo, una practica laboral que no cuesta ningún centavo del presupuesto publico contribuiría más a la fecundidad sin gastar ni un centavo.
Pero ahora vienen las limitaciones y hay que tomarlas muy en cuenta porque este es un paper provisional y que no ha sido revisado por pares.
Limitaciones
Los países con más teletrabajo del estudio no son los más ricos: Vietnam (60%), Egipto (55%) y Filipinas (43%) superan a Estados Unidos, porque ahí «trabajar desde casa» suele significar agricultura y producción a pequeña escala en el hogar. Los autores lo reconocen y aun así aplican el mismo coeficiente a los 37 países.
La cifra de 0.32 hijos mezcla hijos que ya existen con hijos que la persona planea tener. La brecha entre intención reproductiva y nacimiento efectivo es uno de los hallazgos más consistentes de la demografía. La fecundidad ya realizada muestra el mismo signo, pero con magnitudes bastante menores. Lo que el estudio muestra con firmeza es que quienes teletrabajan planean más hijos.
El efecto es más grande en hombres que en mujeres. En los 38 países, teletrabajar se asocia con 0.32 hijos más en mujeres y 0.39 en hombres. Si el mecanismo fuera aliviar el costo de tiempo de la crianza, tendría que pasar al revés, porque ese trabajo lo hacen sobre todo ellas. Los autores lo atribuyen a que la encuesta cuenta mal: registra los hijos de varones de cualquier edad de la madre, pero no los de mujeres menores de 20. Puede ser. También puede que lo que se esté midiendo sea ingreso y posición laboral, no flexibilidad.
Conclusión
El estudio tiene límites serios. Es correlacional, mezcla hijos nacidos con hijos planeados, y sus proyecciones por país descansan en supuestos generosos. No prueba que el teletrabajo suba la natalidad.
Pero deja algo sobre la mesa que vale la pena considerar.
La discusión sobre natalidad casi siempre gira alrededor del dinero: bonos, deducciones, subsidios. Este estudio sugiere que una parte del problema es de otro orden. Es logístico. Criar en una ciudad significa una odisea: la salida del colegio al mediodía, el pediatra que atiende a las tres, el tráfico de la mañana, las dos horas de traslado que no figuran en el sueldo pero se descuentan de tu vida igual.
Ahí es donde un día en casa hace diferencia. No porque te dé más horas, sino porque te da margen. Un día que puedes mover cuando algo se sale del plan.
Ese me parece el punto que sobrevive incluso si el efecto sobre la natalidad no resiste la próxima revisión. El mundo laboral se volvió más exigente y las ciudades más lentas, y cualquier política que quiera apoyar a quienes crían va a tener que ocuparse de eso, no solo de transferir dinero. El estudio no da la respuesta. Pero apunta abre la puerta para que las investigaciones profundicen en esta intervención.
Referencia: Davis, S. J., Aksoy, C. G., Barrero, J. M., Bloom, N., Cranney, K., Dolls, M. y Zarate, P. (2026). Work from Home and Fertility. NBER Working Paper 34963. https://www.nber.org/papers/w34963