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¿Son los perros los nuevos hijos? Lo que dice la ciencia sobre la «parentalidad canina»

  • David Aparicio
  • 22/01/2026

Mientras las tasas de fertilidad caen globalmente (de 5.3 a 2.3 nacimientos por mujer entre 1963 y 2023), algo curioso está sucediendo: cada vez más personas consideran a sus perros como hijos. En Hungría, el 16% de los dueños de perros en una muestra representativa afirmó considerar a su mascota como un niño. En muestras no representativas, esa cifra llega al 37%.

Una revisión teórica publicada en European Psychologist explora este fenómeno desde la psicología evolutiva, la etología canina y la sociología. La pregunta central es: ¿qué hace a los perros tan buenos candidatos para ocupar un rol infantil en las familias occidentales?

La hipótesis evolutiva cultural

Los humanos somos criadores cooperativos. Evolutivamente, cuidar a otros —incluso sin parentesco genético— ha sido adaptativo para nuestra especie. Pero en las sociedades postindustrializadas, las redes de parentesco se han reducido drásticamente. En Hungría, por ejemplo, el 87.5% de los adultos pasa menos de una hora semanal con niños.

Según las autoras, ante la ausencia de «blancos de cuidado» humanos, las mascotas emergen como una forma accesible de satisfacer la necesidad de nutrir y cuidar a otro ser. No es que los perros reemplacen a los hijos, sino que la evolución cultural ha redirigido impulsos biológicos de cuidado hacia los animales.

Por qué los perros funcionan como «hijos»

La revisión documenta múltiples paralelos entre perros y niños pequeños que explican por qué esta transferencia funciona tan bien.

Apego. Los perros desarrollan vínculos de apego con sus dueños similares a los que los niños forman con sus cuidadores. Usando versiones adaptadas del Test de la Situación Extraña de Ainsworth, los estudios muestran que los perros buscan proximidad con sus dueños, muestran estrés ante la separación y usan al dueño como base segura para explorar. También existen estilos de apego canino (seguro, inseguro-ambivalente) que se correlacionan con características del dueño, como la permisividad excesiva.

Estilos de crianza. Los investigadores han identificado estilos parentales en dueños de perros análogos a los descritos por Baumrind para padres de niños: autoritario, autoritativo orientado al entrenamiento, y autoritativo orientado al valor intrínseco. Y al igual que en niños, el estilo parental tiene consecuencias: los perros con dueños autoritativos son mejores en tareas de resolución de problemas y más sociables.

Cognición comparable. Las capacidades cognitivas de los perros adultos son aproximadamente equivalentes a las de niños de 2 a 2.5 años. Comprenden la permanencia del objeto, discriminan estímulos visuales, muestran capacidades numéricas rudimentarias y, crucialmente, son excepcionales en cognición social: siguen la mirada, responden a señales comunicativas humanas, muestran contagio emocional y referenciación social.

El esquema de bebé. Los humanos respondemos a rasgos infantiles (ojos grandes, frentes amplias, caras redondas) con conductas de cuidado. Los perros, especialmente los cachorros y las razas braquicéfalas, activan las mismas respuestas neurales que los bebés humanos. Incluso la expresión de «ojos de cachorro» —que los lobos no pueden producir— parece haber sido seleccionada durante la domesticación precisamente por este efecto.

Bases neurobiológicas. Estudios de neuroimagen muestran que las madres activan regiones cerebrales similares al ver fotos de su propio hijo y de su propio perro. La interacción perro-dueño también eleva los niveles de oxitocina en ambas especies.

Las diferencias que persisten

A pesar de los paralelos, la revisión señala diferencias importantes que la mayoría de los dueños reconocen.

Cuando se plantean dilemas morales, la mayoría de las personas —incluso quienes consideran a sus mascotas como familia— priorizan vidas humanas sobre caninas. Esto se intensifica cuando la vida humana en juego es la de un niño. Aproximadamente el 60% de los participantes en un estudio declaró que salvaría a un turista extranjero antes que a su propia mascota.

Los perros tienen vidas más cortas que los humanos, lo que significa que los dueños anticipan perder a varios compañeros caninos a lo largo de su vida. Esto también explica por qué la inversión emocional y económica, aunque significativa, tiene límites: muchos dueños no están dispuestos a pagar tratamientos veterinarios extremadamente costosos.

Otra diferencia clave: los perros permanecen en un estado de dependencia perpetua. Nunca «crecen» para independizarse. Para algunos dueños, esto es precisamente el atractivo: un ser que siempre necesitará cuidado, sin las complejidades de criar a un humano que eventualmente se irá.

Los riesgos del antropomorfismo extremo

La revisión advierte sobre consecuencias negativas de tratar a los perros literalmente como niños humanos.

El antropomorfismo puede llevar a malinterpretar el comportamiento canino. Atribuir culpa a un perro que destruyó algo durante la ausencia del dueño ignora que los perros no tienen teoría de la mente desarrollada; esas posturas «culpables» son respuestas al enojo del dueño, no remordimiento. Castigar en estas circunstancias solo aumenta la ansiedad.

Las razas braquicéfalas (pugs, bulldogs franceses) son particularmente problemáticas. Sus rasgos neoténicos exagerados activan respuestas de cuidado intensas, pero estos perros sufren problemas de salud severos: síndrome obstructivo de vías respiratorias, enfermedades oculares, problemas cardíacos. Los bulldogs franceses y pugs tienen mayor probabilidad de morir antes de los dos años que la población canina general.

La sobreprotección también tiene costos conductuales. Limitar la socialización y exploración temprana —por ejemplo, cargando al perro pequeño cada vez que se acerca un perro más grande— puede generar problemas de miedo y agresividad a largo plazo.

Más que un sustituto

Las autoras concluyen que los «padres de perros» son un grupo heterogéneo. Algunos ven al perro como sustituto de hijo, otros como preparación para la paternidad, otros como «semi-hijo», y otros rechazan activamente la comparación mientras mantienen vínculos profundos.

El rol del perro también cambia a lo largo de la vida del dueño: compañero de cuarto en adultos jóvenes solteros, sustituto de hijo en parejas recién casadas, par de juegos para niños, compañía para el «nido vacío».

Quizás lo más interesante es que la parentalidad canina puede coexistir con la parentalidad humana, sugiriendo que los humanos hemos evolucionado para cuidar a otros independientemente de la especie. Pero esto funciona mejor cuando reconocemos que los perros, aunque compartan muchas características con los niños, tienen necesidades específicas de su especie que merecen ser respetadas.

Referencia: Gillet, L. & Kubinyi, E. (2025). Redefining Parenting and Family – The Child-Like Role of Dogs in Western Societies. European Psychologist. https://doi.org/10.1027/1016-9040/a000552

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David Aparicio

Editor general y cofundador de Psyciencia.com. Me especializo en la atención clínica de adultos con problemas de depresión, ansiedad y desregulación emocional.

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