No es un secreto para nadie que el Psicoanálisis no cuenta con evidencia rigurosa que demuestre su efectividad terapéutica. Aun así es una de las terapias más difundidas y enseñadas en Argentina. Ayer el diario La Nación publicó un artículo sobre el auge que están teniendo las “terapias alternativas”, en respuesta a las necesidades que el Psicoanálisis no ha podido responder:

En el país con más psicólogos per cápita del mundo -hay 82.776 activos, es decir, casi 200 profesionales de la salud mental por cada 100.000 habitantes, según la información publicada en el Atlas de Salud Mental de 2014, elaborado por la Organización Mundial de la Salud (OMS)-, las terapias alternativas ganan terreno entre las más tradicionales, dentro de las que se cuenta el psicoanálisis. Aunque muchas de estas nuevas terapias dicen tomar los conceptos acuñados por Sigmund Freud -algo que les aporta una gran cuota de credibilidad- la realidad es que lo que las hace populares es que proponen un abordaje totalmente distinto: tratamientos más cortos, focalizados en cuestiones puntuales y que en su mayoría incorporan el cuerpo como elemento fundamental de trabajo.

Las terapias alternativas más populares en Argentina:

Desde EMDR, pasando por bioenergética, constelaciones familiares, memoria celular, coaching ontológico hasta mindfulness, la búsqueda del bienestar o de sanación emocional es amplia y muchas veces complementaria de las terapias psicoanalíticas formales. En otros casos, en cambio, es consecuencia de una ruptura (producto del desencanto) de los métodos más tradicionales. “El EMDR va directo a lo que te pasa, te hace salir más rápido de esa zona de oscuridad -plantea Silvina-. Lo que te demanda tres años de psicoanálisis convencional, acá te lleva uno. Y cuando dejás el consultorio no te vas angustiada o sintiendo que te dieron una paliza. Antes de «cortar» se hace una relajación que busca bajar la mente a un estado de paz. Es ese lugar calmo que uno se construye psíquicamente”, dice Silvina, que ahora empezó a estudiar Psicología.

Está claro que hay una enorme necesidad de tratamientos efectivos, focalizados y de bajo costo, que el Psicoanálisis no ha podido suplir dichas necesidades y que por eso los pacientes optan por otras terapias más específicas, breves y de costo reducido. El problema –el gran problema– es que estas supuestas “terapias” se aplican bajo la clásica premisa del “a mi me sirve” en vez de la evidencia robusta, como es de esperar en cualquier tipo de tratamiento. Gracias a años de estudios e investigaciones, hoy en psicología contamos con tratamientos basados en la evidencia, que han demostrado ser eficaces para tratar los trastornos mentales, que son focalizados y de menor costo, pero que pasan desapercibidos porque lamentablemente los psicólogos eligen los tratamientos basados en preferencias personales y no en la evidencia.

Ni las constelaciones familiares (por cierto, nosotros hemos escrito sobre esta peligrosa pseudoterapia), ni la bioenergética, ni la memoria celular, ni el coaching ontológico son tratamientos psicológicos que han demostrado funcionar, son pseudoterapias que utilizan fundamentos de otras terapias más reconocidas para hacer un licuado con otros inventos propios y lo venden como nuevas terapias prometedoras. Son inventos que evitan que las personas recurran a terapias útiles y hasta pueden provocar resultados nocivos para los pacientes. No podemos reemplazar una terapia con evidencia insuficiente por otra terapia  con pobre o ninguna evidencia porque sino no vamos a parar a ningún lado y al final los peores afectados son los pacientes.

En el artículo también se exageran los beneficios del EMDR como una terapia que genera mejores resultados que otras terapias con robusta evidencia científica para tratar la ansiedad, estrés postraumático y fobias:

Esta herramienta es revolucionaria y sirve para curar heridas emocionales. Siempre digo que se puede vivir con cicatrices, pero no con heridas abiertas -dice la psicoterapeuta-. Este método considera al cerebro un procesador de información que procesa en función de lograr la supervivencia. Pero cuando hay una vivencia negativa o traumática el sistema «archiva» esa información en bruto, en bloque. Es tan dura la vivencia que no lo puede procesar, y es como si el sistema «se colgara». Eso produce secuelas y síntomas. En EMDR identificamos esos eventos que fueron archivados defectuosamente y los desensibilizamos. Desensibilizar significa bajar el impacto y reprocesar la información para que ese bloque de información ya no duela.

Es cierto que el EMDR cuenta con investigaciones que demuestran que ofrece mayor reducción de los síntomas del trastorno por estrés postraumático cuando se comparan con pacientes que no recibieron ningún tratamiento. Pero cuando revisamos más de cerca la evidencia descubrimos que el EMDR no ofrece mayores beneficios en comparación con otras terapias ya aceptadas y con robusta evidencia, como la terapia de exposición, una técnica que forma parte del repertorio de las Terapias Cognitivo Conductuales. Los resultados de dichas investigaciones sugieren que el mecanismo que hace efectivo al EMDR es la exposición a los recuerdos o situaciones y no el movimiento ocular (parte central de esta terapia). La APA (Asociación Americana de Psicología) es consciente de las limitaciones y ha catalogado al EMDR como un tratamiento de evidencia controversial. The Scientific American, publicó también un artículo de Hal Arkowitz y Scott Lilienfeld que explica con detenimiento la evidencia del EMDR y sus limitaciones.

En el artículo de La Nación también se menciona el auge que está tomando el mindfulness en Argentina:

La necesidad y la búsqueda de pausa son una de las claves que acercan cada vez más gente al mindfulness, una práctica ancestral oriental que ha calado hondo en el mundo occidental. Clara Badino, una de las principales referentes de esta práctica en la Argentina, asegura que “no es una terapia porque no persigue objetivos, pero es terapéutica. Es una práctica introspectiva que hace drenaje profundo del inconsciente y que pone el foco en la manera en que la mente se relaciona. No es alternativa, sino complementaria”, define Badino, que comenzó con sus grupos en 1993, mucho antes de que el mindfulness se volviera la moda que es hoy. “El que llega por moda no dura nada. Es una práctica que genera incomodidad porque cultivamos la paciencia, aumentamos la medida de tolerancia.”

El mindfulness como lo explica Badino no es una terapia en sí misma sino una técnica, una práctica que ha demostrado ser efectiva en el tratamiento psicológico cuando se integra dentro de un encuadre terapéutico basado en la evidencia. Los mejores ejemplo son: La Terapia de Aceptación y Compromiso, Terapia Dialéctico Conductual y el Programa de Reducción de Estrés basado en mindfuless (MBSR, por sus siglas en inglés).

En definitiva, las pseudoterapias ganan espacio y aceptación porque las instituciones y las legislaciones de salud mental les han dejado terreno fértil para esto, se han alejado de los criterios basados en la evidencia para los tratamientos psicológicos y se basan únicamente en el clásico concepto del “todo sirve”. Hace un par de años Fabián Maero escribió un análisis que viene como anillo al dedo sobre esta problemática tan característica que vive Argentina y que recomiendo leer.

Por suerte, hay un movimiento pequeño pero constante y creciente que se está interesando por ofrecer tratamientos basados en la evidencia. A su vez ofrecen una perspectiva humana, cálida y cercana con las personas que sufren y que entienden que no hay que temerle a los datos científicos porque, como dice Carl Rogers, los datos nos acercan poco a poco a la verdad.

Lee el artículo completo en La Nación.

Nota del editor: Es necesario aclarar que si existen terapias de origen psicodinámico que han demostrado ser eficaces para trastornos mentales como el Trastorno Borderline de la Personalidad

Imagen: Spdecaracas

11 COMENTARIOS

  1. Es ciertamente falso lo que se plantea aquí. Este artículo está destinado a abrir un mercado. Coordino y hago admisión en un sistema en el que hay 3500 colegas “psi”. La gente que pasa por esos “métodos alternativos” llega nuevamente a consulta, luego del evidente fracaso que constatan. El psicoanálisis sigue más vigente que nunca y es el que además le brinda al colega la mejor cobertura contra los riesgos de nuestra práctica. Saludo cordial

  2. Me parece que no debemos confundir al psicoanálisis con una psicoterapia. Son cosas diferentes y no viene al caso confundirlas. Hay algo que es cultural aquí en Argentina que está ligado a asociar a los psicoanalistas con la psicología pero desde mi perspectiva no son ni parecidas. Como practicante del psicoanálisis, encausado por la enseñanza de Freud y de Lacan, podría comentarte que los maestros no la vincularon.

    Te comento que en tanto practicante y transmisor de la experiencia se me pregunta: “¿De qué trata un psicoanálisis? ¿Qué se hace en un psicoanálisis?”. Suelo decir que el psicoanálisis apunta a que uno pueda hacer algo más allá de lo ofrecido por los padres, que la mochila que uno carga por lo particular de su historia sea más fácil de llevar y, a partir de esto, se pueda inventar una vida ligada al propio deseo dejando de lado los martirizadores ideales.
    Como sabemos, los niños vienen al mundo a ocupar un lugar contorneado por el deseo de los padres. Mejor dicho, es necesario para que un niño sobreviva el deseo de un Otro no anónimo: un hombre y una mujer que se las arreglarán como puedan para hacer las veces de padre y madre que, si es posible, se amen y lo alojen desde antes de haber nacido.
    Por estructura uno viene a ocupar un lugar en el deseo del Otro, Para el niño esto es necesario pero no exclusivo ya que la clínica nos enseña que el neurótico, portador de su inconsciente, se las rebusca para seguir siendo un travieso; hace todo lo posible para que el Otro exista y he ahí la raíz de su neurosis. ¿Cómo lo hace? En la vida real se instituye a algún semejante el lugar de un Otro consistente y se reproducen las vivencias infantiles. Este es el origen del sufrimiento; uno se enreda con sus propios pies, tropieza con la misma roca, se ahoga en un vaso de agua y tutti quanti. Entonces he aquí el oficio del psicoanalista advertir al sujeto de su posición.
    Podemos pensar que el problema del neurótico consiste en que la vida se le pasa “pegado a las faldas de su mamá”, queda fijado a las palabras que lo marcaron sin poder dar un paso más allá de las mismas. Si uno queda adherido a las mismas está sujeto a un destino que no está ligado a las aspiraciones propias sino a la sobredeterminación surcada por las demandas del Otro.
    El Otro nos habita a partir del inconsciente y accionamos a partir de dichas marcas. El psicoanálisis apunta a que uno pueda saber hacer con esas marcas, que uno llegue a la experiencia de la inexistencia del Otro: el Otro es un mal necesario para la constitución subjetiva, pero no es más que una ficción de cual se puede prescindir, Si uno le da consistencia a lo largo de su vida queda apresado. Hay algo en la inhibición, los síntomas o lo intolerable de la angustia que está hablando, que no cesa de escribirse, que está ligado a cómo el Sujeto fue dicho y que se expresa como un rebús a descifrar. Eso a descifrar, es por vía de la interpretación que se puede deshacer.
    Ahora bien: ¿Qué quiere decir sentirse mejor sin excluir el embrutecimiento? ¡Se puede hacer una vida más allá del Otro! Se puede prescindir y dar un paso al más para hacer una vida propia. Este más allá de los padres es el embrutecimiento: estar libre de las ataduras del Otro, algo que excede a lo pautado, lo propuesto, lo estipulado. Si uno queda del lado del padecer no puede gozar de la vida.

    Ignacio Orga
    Psicoanalista
    Cel. 011 6920 0418
    Mail: ignacio.orga@gmail.com

  3. Me parece que no debemos confundir al psicoanálisis con una psicoterapia. Son cosas diferentes y no viene al caso confundirlas. Hay algo que es cultural aquí en Argentina que está ligado a asociar a los psicoanalistas con la psicología pero desde mi perspectiva no son ni parecidas. Como practicante del psicoanálisis, encausado por la enseñanza de Freud y de Lacan, podría comentarte que los maestros no la vincularon.

    Te comento que en tanto practicante y transmisor de la experiencia se me pregunta: “¿De qué trata un psicoanálisis? ¿Qué se hace en un psicoanálisis?”. Suelo decir que el psicoanálisis apunta a que uno pueda hacer algo más allá de lo ofrecido por los padres, que la mochila que uno carga por lo particular de su historia sea más fácil de llevar y, a partir de esto, se pueda inventar una vida ligada al propio deseo dejando de lado los martirizadores ideales.
    Como sabemos, los niños vienen al mundo a ocupar un lugar contorneado por el deseo de los padres. Mejor dicho, es necesario para que un niño sobreviva el deseo de un Otro no anónimo: un hombre y una mujer que se las arreglarán como puedan para hacer las veces de padre y madre que, si es posible, se amen y lo alojen desde antes de haber nacido.
    Por estructura uno viene a ocupar un lugar en el deseo del Otro, Para el niño esto es necesario pero no exclusivo ya que la clínica nos enseña que el neurótico, portador de su inconsciente, se las rebusca para seguir siendo un travieso; hace todo lo posible para que el Otro exista y he ahí la raíz de su neurosis. ¿Cómo lo hace? En la vida real se instituye a algún semejante el lugar de un Otro consistente y se reproducen las vivencias infantiles. Este es el origen del sufrimiento; uno se enreda con sus propios pies, tropieza con la misma roca, se ahoga en un vaso de agua y tutti quanti. Entonces he aquí el oficio del psicoanalista advertir al sujeto de su posición.
    Podemos pensar que el problema del neurótico consiste en que la vida se le pasa “pegado a las faldas de su mamá”, queda fijado a las palabras que lo marcaron sin poder dar un paso más allá de las mismas. Si uno queda adherido a las mismas está sujeto a un destino que no está ligado a las aspiraciones propias sino a la sobredeterminación surcada por las demandas del Otro.
    El Otro nos habita a partir del inconsciente y accionamos a partir de dichas marcas. El psicoanálisis apunta a que uno pueda saber hacer con esas marcas, que uno llegue a la experiencia de la inexistencia del Otro: el Otro es un mal necesario para la constitución subjetiva, pero no es más que una ficción de cual se puede prescindir, Si uno le da consistencia a lo largo de su vida queda apresado. Hay algo en la inhibición, los síntomas o lo intolerable de la angustia que está hablando, que no cesa de escribirse, que está ligado a cómo el Sujeto fue dicho y que se expresa como un rebús a descifrar. Eso a descifrar, es por vía de la interpretación que se puede deshacer.
    Ahora bien: ¿Qué quiere decir sentirse mejor sin excluir el embrutecimiento? ¡Se puede hacer una vida más allá del Otro! Se puede prescindir y dar un paso al más para hacer una vida propia. Este más allá de los padres es el embrutecimiento: estar libre de las ataduras del Otro, algo que excede a lo pautado, lo propuesto, lo estipulado. Si uno queda del lado del padecer no puede gozar de la vida.

  4. Me parece que no debemos confundir al psicoanálisis con una psicoterapia. Son cosas diferentes y no viene al caso confundirlas. Hay algo que es cultural aquí en Argentina que está ligado a asociar a los psicoanalistas con la psicología pero desde mi perspectiva no son ni parecidas. Como practicante del psicoanálisis, encausado por la enseñanza de Freud y de Lacan, podría comentarte que los maestros no la vincularon.

    Te comento que en tanto practicante y transmisor de la experiencia se me pregunta: “¿De qué trata un psicoanálisis? ¿Qué se hace en un psicoanálisis?”. Suelo decir que el psicoanálisis apunta a que uno pueda hacer algo más allá de lo ofrecido por los padres, que la mochila que uno carga por lo particular de su historia sea más fácil de llevar y, a partir de esto, se pueda inventar una vida ligada al propio deseo dejando de lado los martirizadores ideales.
    Como sabemos, los niños vienen al mundo a ocupar un lugar contorneado por el deseo de los padres. Mejor dicho, es necesario para que un niño sobreviva el deseo de un Otro no anónimo: un hombre y una mujer que se las arreglarán como puedan para hacer las veces de padre y madre que, si es posible, se amen y lo alojen desde antes de haber nacido.
    Por estructura uno viene a ocupar un lugar en el deseo del Otro, Para el niño esto es necesario pero no exclusivo ya que la clínica nos enseña que el neurótico, portador de su inconsciente, se las rebusca para seguir siendo un travieso; hace todo lo posible para que el Otro exista y he ahí la raíz de su neurosis. ¿Cómo lo hace? En la vida real se instituye a algún semejante el lugar de un Otro consistente y se reproducen las vivencias infantiles. Este es el origen del sufrimiento; uno se enreda con sus propios pies, tropieza con la misma roca, se ahoga en un vaso de agua y tutti quanti. Entonces he aquí el oficio del psicoanalista advertir al sujeto de su posición.
    Podemos pensar que el problema del neurótico consiste en que la vida se le pasa “pegado a las faldas de su mamá”, queda fijado a las palabras que lo marcaron sin poder dar un paso más allá de las mismas. Si uno queda adherido a las mismas está sujeto a un destino que no está ligado a las aspiraciones propias sino a la sobredeterminación surcada por las demandas del Otro.
    El Otro nos habita a partir del inconsciente y accionamos a partir de dichas marcas. El psicoanálisis apunta a que uno pueda saber hacer con esas marcas, que uno llegue a la experiencia de la inexistencia del Otro: el Otro es un mal necesario para la constitución subjetiva, pero no es más que una ficción de cual se puede prescindir, Si uno le da consistencia a lo largo de su vida queda apresado. Hay algo en la inhibición, los síntomas o lo intolerable de la angustia que está hablando, que no cesa de escribirse, que está ligado a cómo el Sujeto fue dicho y que se expresa como un rebús a descifrar. Eso a descifrar, es por vía de la interpretación que se puede deshacer.
    Ahora bien: ¿Qué quiere decir sentirse mejor sin excluir el embrutecimiento? ¡Se puede hacer una vida más allá del Otro! Se puede prescindir y dar un paso al más para hacer una vida propia. Este más allá de los padres es el embrutecimiento: estar libre de las ataduras del Otro, algo que excede a lo pautado, lo propuesto, lo estipulado. Si uno queda del lado del padecer no puede gozar de la vida.

  5. Buen artículo, el comentario sobre que los psicólogos eligen el tratamiento en función de sus preferencias en vez de en función de la evidencia científica me parece muy acertado y agudo.
    La disciplina cognitivo conductual, aunque tiene fallas, al menos tiene evidencias científicas, es empírica y se renueva constantemente, en busca de mejorar.

  6. EXCELENTE COMENTARIO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! APLAUSOS. !!!!! Marina Inalbo.

  7. Están muy preocupados por la Evidencia Científica… relájense!!! tal evidencia no es mas que otra creencia consensuada, no tiene mayor trascendencia mas que la atribuida por el grupo de seguidores que la sustentan. La “ciencia” es tan solo una “religión” mas.

  8. El Psicoanálisis es “ciencia ficción” basado en especulaciones, la Psicoterapia cognitiva esta basada en la evidencia… Libro recomendado: El Libro Negro del Psicoanálisis. Nada mas que decir!

  9. Señores de psyciencia comunicarles que “El psicoanálisis es una ciencia ” claro que sí
    LA CIENCIA DEL UNO POR UNO

  10. Ojala simplemente los profesionales en salud mental… veamos al ser humano que llega a nosotros… No, en Cómo encaja en una teoría y por ende estos puntos de vista… Los seres humanos somos tan complejos!.
    Y un ser humano llega a nuestra consulta para poder solucionar un dolor, obtener una meta y /o caminar ligero.
    Los profesionales de salud mental necesitamos apartar el Ego para ayudar a sanar corazones.
    Y para ello la cabeza no se exenta de un Cuerpo, un ambiente y relaciones de afecto.
    Tantas cabezas,tantos mundos, tantas filosofías…..Pero siempre habrá un solo funcionamiento corporal. Saludos.

  11. Las preguntas que me surge son: Para quién se escribió este artículo? Cuál es su verdadero fin?
    Encuentro un montón de falacias en el lugar que pone este autor al psicoanálisis. La primera en suponer que al psicoanálisis le pueden interesar un montón de datos de “la evidencia”. Creo que al decir eso, lo que pueda seguir escribiendo va a estar demás.. Saludos
    Marina

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