- Únete al canal de Psyciencia en WhatsApp y entérate al instante de cada publicación →
- Únete al boletín semanal y recibe lo mejor de la semana directo en tu correo →
Cómo superé mi adicción al algoritmo sin ayuda de la tecnología
Esta estrategia para usar menos las redes sociales me recordó mucho a la época de la computadora de escritorio. Solo podía chatear con mis amigos desde ahí, y en un momento específico del día: por la noche, cuando el uso de internet no interfería con las llamadas y mi familia no se enojaba. Podía pasar 2-3 horas al día, y ya se consideraba mucho tiempo.
El acceso ilimitado a internet me ha jugado en contra. Creo que incluso soy menos productivo por estar todo el tiempo online. Esta estrategia me gustó mucho y voy a buscar la forma de implementarla, porque es muy simple:
Por eso he estado intentando vivir un “verano de Ludd”, un término que he tomado prestado de un grupo que lleva unas semanas pegando carteles por toda la ciudad de Nueva York para intentar que la gente deje los celulares. “NO TODO ESTÁ EN INTERNET”, decía un cartel que vi descascarillándose de una pared en el East Village. Para mí, cada vez hay menos cosas ahí. Llevo unos meses haciendo un experimento: he borrado todas mis aplicaciones de redes sociales —Instagram, Twitter, TikTok— y las he pasado a un iPhone viejo que tenía en casa. A este teléfono lo he bautizado como mi “teléfono de escroleo”. He elegido un único sitio en mi casa donde puedo usarlo: un sillón a rayas de mi salón, al que ahora he bautizado como el “sillón de escroleo”.
El teléfono de escroleo no tiene tarjeta SIM, solo wifi, y puedo usarlo todo lo que quiera, siempre y cuando esté sentada en el sillón de escroleo. El sillón de escroleo existe para que no acabe haciendo exactamente lo mismo que hacía cuando mi teléfono de verdad también era mi teléfono de escroleo: cenar con mi teléfono de escroleo, ver la tele con mi teléfono de escroleo, sentarme en el baño con mi teléfono de escroleo. (Tú también lo haces, no finjas que no). El sillón de escroleo me permite limitar mi uso de las redes sociales a un único lugar. Si estoy con el teléfono de escroleo, tengo que estar en el sillón de escroleo. Incluso me compré un soporte para el teléfono con forma de cerdito para dejarlo en mi estantería, una forma de recordarme lo que estoy haciendo cuando lo cojo: devorando las redes sociales como un cerdo en el comedero.
Artículo completo en New York Times.
.