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El algoritmo del enojo: qué pueden enseñarnos el conductismo y ACT sobre el rage bait
Las redes sociales están llenas de contenidos que parecen diseñados para irritarnos. Videos absurdamente provocadores, opiniones extremas, información presentada de manera tendenciosa o publicaciones que generan indignación casi instantánea. A este fenómeno suele llamárselo rage bait. Oxford University Press lo definió como “contenido online deliberadamente diseñado para provocar enojo o indignación mediante estímulos frustrantes, provocativos u ofensivos, generalmente con el objetivo de aumentar tráfico o interacción digital” (Oxford University Press, 2025). Y aunque muchas veces creemos que interactuamos porque “tenemos razón”, “hay que decir algo” o “la gente no puede pensar así”, desde la psicología del aprendizaje quizás haya otra explicación complementaria: estamos respondiendo exactamente de la manera en que el entorno digital fue diseñado para que respondamos.
Aunque el término rage bait es relativamente reciente y surge inicialmente desde la cultura digital, el fenómeno que describe puede comprenderse a partir de mecanismos psicológicos ampliamente estudiados, como el condicionamiento operante, el refuerzo intermitente y la economía de la atención.
El conductismo, particularmente las teorías del aprendizaje desarrolladas por B. F. Skinner, estudia cómo las conductas se adquieren y mantienen a partir de sus consecuencias (Skinner, 1953). En términos simples: las conductas que reciben algún tipo de refuerzo tienden a repetirse. Las redes sociales funcionan extraordinariamente bien entendiendo esto. Cada comentario, discusión, reposteo o interacción alimenta métricas que los algoritmos interpretan como relevancia. No importa demasiado si el contenido nos gusta o nos enfurece: lo importante es que nos quedemos. Que miremos. Que respondamos. Que volvamos.
Desde esta perspectiva, el rage bait puede entenderse como un estímulo diseñado para aumentar conductas de interacción mediante distintos tipos de refuerzo. A veces aparece validación social. Otras veces sensación de superioridad moral, descarga emocional, pertenencia grupal o simplemente la gratificación inmediata de “decir lo que pensamos”. Incluso la activación fisiológica intensa puede transformarse en una experiencia reforzante en sí misma (Montag & Diefenbach, 2018).
El problema es que el cerebro no siempre diferencia bien entre algo importante y algo altamente estimulante. Por eso muchas personas terminan dedicando enormes cantidades de tiempo y energía psíquica a discusiones digitales que no modifican absolutamente nada fuera de la plataforma donde ocurren. El resultado suele ser agotamiento mental, hiperactivación emocional, irritabilidad y una sensación difusa de saturación cognitiva. Y acá aparece un concepto particularmente interesante del análisis conductual: la extinción.
La extinción ocurre cuando una conducta deja de recibir el refuerzo que la mantenía, disminuyendo progresivamente su frecuencia (Cooper et al., 2020). Dicho de otra manera: si dejamos de alimentar determinados circuitos conductuales, esos circuitos tienden a debilitarse.
En el ecosistema digital esto puede traducirse en algo muy concreto: no comentar, no entrar a discutir, no seguir leyendo hilos que aumentan nuestra activación emocional,
cerrar la aplicación,o incluso tolerar el impulso de responder sin actuar automáticamente sobre él.
Y aunque parezca simple, muchas veces no lo es.
Porque el objetivo del rage bait no es informarnos. Es capturar atención. Y los sistemas de recompensa variable son especialmente efectivos para mantener conductas persistentes, incluso cuando generan malestar. El mismo mecanismo que sostiene muchas conductas compulsivas aparece también en la lógica de scroll infinito, notificaciones e interacción constante.
Acá es donde ACT aporta herramientas especialmente útiles.
ACT propone desarrollar flexibilidad psicológica: la capacidad de contactar pensamientos y emociones sin quedar completamente dominados por ellos, eligiendo acciones más coherentes con nuestros valores que con impulsos momentáneos (Hayes et al., 2012).
Desde esta perspectiva, el objetivo no sería “dejar de sentir enojo”. El enojo puede ser legítimo, esperable y hasta valioso en determinados contextos. El problema aparece cuando cada emoción intensa exige una reacción inmediata.
ACT introduce una distinción importante entre experimentar un impulso y actuar impulsivamente.
Podemos notar el deseo de comentar; Podemos registrar la urgencia de responder; Podemos sentir indignación. Y aun así elegir no entrar en dinámicas que terminan consumiendo tiempo, atención y salud mental.
En términos conductuales, dejar de reforzar ciertos estímulos modifica patrones de interacción. En términos de ACT, implica sólo participar de interacciones que hacen más valiosa nuestra vida, que está alineado a nuestros valores.
Porque no toda provocación merece acceso irrestricto a nuestro sistema nervioso. A veces cuidar la salud mental no se parece a ganar una discusión online. Se parece más a reconocer cuándo el algoritmo está intentando conquistar nuestra atención, seduciéndonos… y aún así decidir no entregársela.
Referencias:
- Cooper, J. O., Heron, T. E., & Heward, W. L. (2020). Applied behavior analysis (3rd ed.). Pearson.
- Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (2012). Acceptance and commitment therapy: The process and practice of mindful change (2nd ed.). Guilford Press.
- Montag, C., & Diefenbach, S. (2018). Towards Homo Digitalis: Important research issues for psychology and the neurosciences at the dawn of the Internet of Things and the digital society. Sustainability, 10(2), 415. https://doi.org/10.3390/su10020415
- Oxford University Press. (2025, December 1). The Oxford Word of the Year 2025 is rage bait. https://corp.oup.com/news/the-oxford-word-of-the-year-2025-is-rage-bait/
- Skinner, B. F. (1953). Science and human behavior. Macmillan.