La trampa de la felicidad está en buscar obsesivamente la mejor opción, la mejor casa, la mejor pareja, el mejor puesto de trabajo. Creemos que somos mediocres si no estamos persiguiendo la mejor vida posible, cuando en realidad es todo lo contrario:
Los maximizadores tienden a estar menos satisfechos con sus decisiones y sus vidas. Suelen ser menos felices, más propensos a arrepentirse y a compararse sin cesar con los demás. Los que se satisfacen con lo suficiente no tienen necesariamente un nivel de exigencia bajo. Su nivel de exigencia es “lo suficientemente bueno para mí” en lugar de “lo mejor que pueda haber”, y eso les permite sentirse satisfechos con sus decisiones, en lugar de atormentados por las que no tomaron.