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  • Análisis y opinión

¿Existe la envidia de la buena?

  • 01/09/2015
  • Clotilde Sarrió
Ilustración de una mujer que mira con envidia y los brazos cruzados a otra a la que le llueven billetes
Imagen: Bored Inside
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Actualizado el 2 de octubre de 2026. Añadimos qué dice la investigación sobre la envidia benigna y la maligna, su relación con el autocontrol y su base cerebral, con contenido de otros dos artículos que antes publicábamos por separado.

¿Qué es la envidia?

La envidia es un sentimiento de admiración totalmente distorsionado que se asocia al deseo de poseer ‘algo’ (incluso el éxito) que pertenece “al otro”, y también el deseo de que “el otro” deje de tener o disfrutar de ese ‘algo’. También deberíamos incluir en el concepto el resentimiento que aparece en el envidioso si no logra ambos objetivos (conseguir lo del “otro” y que el “otro” deje de tenerlo)

Si la envidia implicara ‘solo’ el deseo de poseer lo que tiene “el otro”, no sería ‘necesariamente’ mala. Es mas, podría hasta ser un acicate de superación personal que permitiera, observando a los demás, conocer un modelo a seguir e imitar. En tal caso, hay hasta quien habla de una “envidia buena o positiva”, lo que para mí es un craso error semántico, pues para describir la imitación y la identificación como mecanismos de maduración personal, el léxico psicológico dispone de términos mas adecuados que el de la envidia, un vocablo que irremediablemente se relaciona con uno de los siete pecados capitales. Y un pecado no puede ser “bueno” ¿verdad?.

¿Existe una envidia sana y otra insana?

Coloquialmente, se utiliza el término “envidia sana” como un eufemismo, poco afortunado, con el que se expresa la admiración o el deseo ‘sano’ de tener la misma suerte que una persona que suele formar parte del circulo social próximo al envidioso. Resulta curioso que la mayoría de las personas, cuando se refieren a la fortuna o el éxito de personajes famosos y alejados de su realidad, suelen hablar de ‘admiración’, ‘deseo’, ‘me gustaría…’, en lugar de utilizar el término “siento envidia sana por fulanito o fulanita…”.

Un pecado no puede ser “bueno” ¿verdad?

 

Tal vez, lo mas adecuado sería hablar de: Sea como fuere, en el binomio “envidia sana” contiene dos términos claramente contradictorios, pues si, llegado el caso, la admiración llega a convertirse en envidia, es muy difícil que ésta sea “sana” (si es que en realidad existe; y recordemos además que es un ‘pecado’).

  • Envidia positiva (en la que admiramos y deseamos lo que posee “el otro”).
  • Envidia destructiva (en la que se desea que “el otro” deje de tener aquello que se ansia poseer).

Desde una perspectiva psicológica y psiquiátrica no es aventurado afirmar que, al igual que sucede con otros sentimientos como el miedo o la tristeza (que pueden convertirse en trastornos patológicos como las fobias o las depresiones respectivamente) también el sentimiento de la “envidia” puede derivar en un conflicto de tipo neurótico, y hasta psicótico en el peor de los casos, si no se controla adecuadamente por el individuo.

Envidia patológica

La envidia puede llegar a ser un problema grave cuando se convierte en la emoción central que rige la vida del individuo. Hay síntomas que alertan de ésta situación, por ejemplo, cuando el sufrimiento es tan intenso que genera ira por el deseo de despojar al rival de sus posesiones. Son situaciones en las que se puede llegar a la violencia física o a actos delictivos de cualquier tipo sobre todo si el envidioso es incapaz de regular y controlar sus emociones.

La envidia puede llegar a ser un problema grave cuando se convierte en la emoción central que rige la vida del individuo

Si bien hay características de la personalidad que predisponen a la envidia, consideremos que los factores socio-culturales y ambientales juegan también un papel importantísimo en la creación de la personalidad patológica del envidioso.

Su perfil (el del envidioso) sería el de una persona con una baja percepción de su auto-valía, que no se gusta a si mismo, egocéntrica, con dificultad para entablar relaciones interpersonales y con claras tendencia al histrionismo narcisista. Suelen ser individuos mediocres e inmaduros y básicamente podríamos resumir sus rasgos diciendo que tienen una clarísima insatisfacción consigo mismo.

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Envidia benigna y envidia maligna: qué dice la investigación

En psicología se distingue entre envidia benigna, que impulsa a mejorar para alcanzar lo que tiene el otro, y envidia maligna, que lleva a desear que el otro lo pierda. En cuatro estudios, Niels van de Ven, Marcel Zeelenberg y Rik Pieters, de la Universidad de Tilburg, encontraron que solo la envidia benigna —no la admiración ni la envidia maligna— se relacionaba con la motivación para estudiar más y con un mejor rendimiento en una tarea de asociaciones remotas; además, la comparación con alguien mejor solo motivaba cuando la persona creía que mejorar era alcanzable (van de Ven, Zeelenberg y Pieters, 2011).

La envidia también capta nuestra atención: en experimentos de la Universidad Cristiana de Texas y la Universidad de Texas en Austin, quienes sentían envidia dedicaban más tiempo a leer información sobre la persona envidiada y la recordaban mejor, y después perseveraban menos en una tarea difícil de anagramas (Hill, DelPriore y Vaughan, 2011).

Autocontrol y envidia

Jan Crusius y Thomas Mussweiler, de la Universidad de Colonia, propusieron que la comparación con alguien que tiene algo mejor desencadena una respuesta envidiosa impulsiva —querer lo mismo— que normalmente frenamos con autocontrol. En sus experimentos, cuando el autocontrol estaba reducido (por ejemplo, tras una tarea mental agotadora, o en participantes que habían bebido alcohol en una fiesta de carnaval), la comparación desencadenaba envidia y más disposición a pagar por el objeto envidiado, comprarlo o acercarse a él de forma impulsiva (Crusius y Mussweiler, 2012). Por eso el cansancio, el estrés, la falta de sueño o el alcohol pueden acentuar los sentimientos envidiosos.

La envidia en el cerebro

En dos estudios con resonancia magnética funcional, investigadores del Instituto Nacional de Ciencias Radiológicas de Japón observaron que la envidia hacia alguien superior en un ámbito importante para uno mismo se asociaba con mayor activación de la corteza cingulada anterior, una región vinculada al dolor social. Y cuando a la persona envidiada le iba mal, se activaba el estriado, parte del circuito de recompensa, con más intensidad cuanto mayor era la envidia: es la base cerebral de la Schadenfreude, el placer por la desgracia ajena (Takahashi et al., 2009).

Autoestima, control y agresividad

Un equipo de la Universidad de Granada (Ginés Navarro Carrillo, Ana María Beltrán Morillas, Inmaculada Valor Segura y Francisca Expósito) analizó la relación entre la envidia y otros factores psicológicos. Una menor autoeficacia, autoestima y sensación de control predecían más envidia, y la envidia mediaba la relación entre la sensación de control y la tendencia a la agresión verbal. Puedes leer su explicación en Ciencia Cognitiva.

En resumen, todas las emociones nos informan de algo; la envidia nos avisa de que estamos en desventaja respecto a otros. Conocerla nos permite comprenderla, modularla y orientarla hacia su función más útil: fijarnos en qué podemos hacer para mejorar.

Termina de leer el artículo completo en Gestalt Terapia, el blog especializado de Clotilde Sarrió.


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Clotilde Sarrió

Formación como Terapeuta Gestalt en el Institute Français de Gestalt-Thérapie. Diplomada en Psicopatología por la UOC (Universitat Oberta de Catalunya). Miembro de la Asociación de Psicólogos y Terapeutas Gestalt para el Desarrollo. Miembro adherente de la Asociación Española de Terapia Gestalt- APTG Mi orientación se integra en la corriente gestáltica de la Costa Este, representada por el New York Institute (1951), bajo la dirección de Laura Perls y la corriente afín de Cleveland. Terapia Gestalt Valencia.

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