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No toda adicción a la cocaína es la misma
Hasta el 85% de las personas tratadas por consumo de cocaína vuelve a consumir. No es un fracaso menor, y durante años la explicación más común fue «la adicción es así de difícil de tratar». Pero un estudio reciente publicado en Translational Psychiatry propone una explicación distinta, y bastante más útil: quizás no estamos tratando mal la adicción, sino que estamos tratando de la misma forma a personas que llegaron ahí por caminos completamente diferentes.
Un equipo liderado por Leyla Brucar y Anna Zilverstand, de la Universidad de Minnesota, junto con Eduardo Garza-Villarreal de la UNAM, partió de una idea que ya habían explorado antes en personas con problemas de alcohol y marihuana: dentro del trastorno por consumo de sustancias no hay un solo perfil psicológico, sino varios. Para probarlo con cocaína, evaluaron a 109 personas en Ciudad de México (61 con diagnóstico activo del trastorno y 48 sin consumo, como grupo de comparación), combinando entrevistas clínicas, pruebas de impulsividad y resonancia magnética funcional.
Los resultados dibujan tres grupos bastante nítidos.
Un tercio de los participantes encajó en lo que los investigadores llamaron el tipo alivio: personas con niveles altos de ansiedad, depresión, ira y neuroticismo, que probablemente usan la sustancia como forma de regular un malestar emocional que ya traían antes de consumir. Otro cuarto formó el tipo cognitivo, caracterizado por dificultades reales en el control de impulsos y la planificación: actúan primero y piensan después, casi por diseño neuropsicológico. El resto quedó en un tipo indefinido, personas que en las pruebas no mostraban ni el descontrol emocional del primer grupo ni las fallas cognitivas del segundo, y que además puntuaban muy bajo en conductas antisociales.
Lo interesante es que estos perfiles no eran solo etiquetas psicológicas: tenían correlato cerebral. En el tipo alivio aparecieron alteraciones en la conectividad de regiones vinculadas a memoria y procesamiento emocional. En el tipo cognitivo, las diferencias se ubicaron en la red frontoparietal, la que sostiene el control cognitivo. Y en el tipo indefinido, los investigadores encontraron un patrón que se parece al que otros estudios asocian con la búsqueda de sensaciones, aunque el diseño de este estudio no incluyó las pruebas necesarias para confirmarlo del todo.
Hay un hallazgo transversal que vale la pena subrayar: sin importar el subtipo, los tres grupos compartían alteraciones en la red de saliencia, el sistema cerebral que decide qué merece nuestra atención. En la adicción, esta red parece quedar «secuestrada» por los estímulos relacionados con la droga, restándole prioridad a todo lo demás. Y algo igual de revelador: los tres grupos consumían cantidades similares, empezaron a la misma edad y tenían niveles comparables de severidad. Es decir, desde afuera, la adicción se veía idéntica. La diferencia estaba en el camino que cada quien recorrió para llegar ahí.
¿Qué significa esto en términos clínicos? Que un tratamiento centrado en regulación emocional podría funcionar muy bien para el tipo alivio y quedarse corto para el tipo cognitivo, que quizás necesite entrenamiento en control de impulsos o abordajes de neuromodulación orientados a la corteza prefrontal. La lógica de «un protocolo para todos» empieza a mostrar sus límites.
Los propios autores son cautos: la muestra de neuroimagen es modesta y todavía falta desarrollar herramientas de cribado que permitan identificar estos subtipos en la práctica clínica cotidiana, no solo en el laboratorio. Pero la dirección que abre el estudio es la que muchos en el campo venían pidiendo hace tiempo: dejar de preguntarnos únicamente qué droga consume una persona, y empezar a preguntarnos por qué.
Referencia: Brucar LR, Drossel G, Garza-Villarreal EA, Zilverstand A. Subtypes of cocaine use disorder and their neurobehavioral profiles. Transl Psychiatry. 2025 Nov 20;16(1):21. doi: 10.1038/s41398-025-03739-z. PMID: 41266358; PMCID: PMC12804824.