Entre el 20% y el 26% de las personas con discapacidad intelectual presentan pica en algún momento de su vida, y en los casos más severos la conducta termina en cirugía o incluso en la muerte del paciente (Al-Busairi & Ali, 2003; Piazza et al., 2002). Es una de las conductas problema más frecuentes en población con discapacidad intelectual y trastorno del espectro autista (TEA), y sin embargo se habla poco de ella en la clínica hispanohablante.
Qué es la pica
La pica es la ingestión repetida, persistente y compulsiva de sustancias no nutritivas o no comestibles, inapropiada para el nivel de desarrollo de la persona y que no constituye una práctica cultural o socialmente aceptada (Arango López, 2014; DSM-5). Puede presentarse de forma aislada o en el curso de otro trastorno mental, como discapacidad intelectual, un trastorno del neurodesarrollo o el trastorno obsesivo compulsivo (Arango López, 2014; DSM-5; Frank-Crawford et al., 2025).
La conducta también aparece en momentos tempranos del desarrollo, entre los 12 y los 18 meses (Baltrop, 1966, citado en Singh & Bakker, 1984). En esa etapa la boca cumple un rol central en cómo el bebé explora y se relaciona con el mundo, y es habitual que trague objetos de manera involuntaria al llevárselos a la boca (Stiegler, 2005). Esta conducta es normal e involuntaria en la primera infancia, pero debe convertirse en motivo de atención clínica cuando se prolonga en el tiempo.
El nombre «pica» proviene de Pica pica, la urraca, un ave carroñera de apetito indiscriminado que se alimenta tanto de animales muertos como de cualquier tipo de comida (Danford & Huber, 1982, citado en Williams & McAdam, 2016).
La conducta también aparece en el embarazo, en los llamados «antojos»: algunas mujeres gestantes ingieren tanto alimentos nutritivos como sustancias no nutritivas, como papel, hielo o tiza (Arango López, 2014; DSM-5). En el mundo animal, tanto salvaje como doméstico, la pica suele presentarse cuando hay escasez de alimento: los animales comen huesos porque aportan fósforo, calcio y zinc (Sturmey & Williams, 2016).
La escasez de recursos también puede motivar pica en poblaciones humanas en situación de pobreza extrema, como ocurre con el bonbon tè («dulce de tierra», en criollo haitiano) que se consume en algunas comunidades de Haití: galletas de arcilla mezcladas con agua, sal y margarina vegetal, de escaso valor nutritivo.
En otros casos, la ingestión de sustancias no comestibles responde a un fin ritual y no debería clasificarse como pica porque constituye una práctica cultural, aunque siga siendo un fenómeno clínicamente llamativo. En algunas comunidades rurales de India se consume barro, arcilla, ceniza, cal, carbón o ladrillo en respuesta a antojos, y en comunidades de África Oriental las mujeres comen tierra antes, durante y después del embarazo por su supuesto poder para asegurar la descendencia (Stiegler, 2005).
Qué sustancias se ingieren con más frecuencia
Una parte de lo que se ingiere en la pica son alimentos reales que necesitan cocción para liberar sus nutrientes de forma segura:
- Papa cruda (amilofagia) y maíz crudo
- Harina cruda
- Hielo directo del congelador (pagofagia)
- Arroz crudo (rizofagia)
- Fideos secos sin cocinar
Otras sustancias no son comestibles en absoluto: tierra, cenizas, talco para bebé, tiza, caracoles, cerámica, yeso y papel (Young et al., 2008), colillas de cigarrillo (Goh et al., 1999) o heces (Uher & Rutter, 2012; Foxx & Martin, 1975). También se han descrito casos de consumo de pañuelos de papel, madera, pajitas de plástico, jabón, tela, alfombra, cabello, lana, pintura y goma de mascar. Qué se consume varía según la edad y la disponibilidad de la sustancia (Hartmann et al., 2012).
Los riesgos de la pica
Ingerir sustancias sin valor nutritivo puede derivar en oclusiones intestinales que requieren cirugía para extraer el objeto, con riesgo de muerte asociado al procedimiento (Piazza et al., 2002; Frank-Crawford et al., 2025).
En población general, los riesgos suelen ser moderados: infecciones por ingerir arcilla o tierra, problemas dentales por comer hielo, molestias digestivas por comer almidón o papa cruda. En niños, comer pintura con base de plomo puede provocar intoxicación por plomo (Sturmey & Williams, 2016).
En población clínica, especialmente en personas con discapacidad del desarrollo, la pica se asocia a infecciones, transmisión de hepatitis, daño gastrointestinal por ingesta de objetos difíciles de digerir y episodios de asfixia. También puede generar fitobezoares (masas de fibra vegetal no digerida) o tricobezoares (masas de pelo y otros materiales), que pueden bloquear el tracto gastrointestinal y requerir cirugía (Sturmey & Williams, 2016). Otros cuadros asociados son estreñimiento, malestar gastrointestinal, dolor abdominal, lesiones en distintos órganos, astenia y dificultad para caminar (Al-Busairi & Ali, 2003).
La ingesta de colillas de cigarrillo tiene un riesgo particular por la nicotina: al absorberse más lentamente desde el estómago, puede producir anorexia, náuseas, mareo, taquicardia, sudoración, hipersalivación y palidez o enrojecimiento facial. Con ingesta continuada puede haber temblores y convulsiones (Evans, 1989), así como vómitos, letargo y palidez o enrojecimiento cutáneo durante hasta 12 horas (Lewander et al., 1997). Por su potencial de daño, varios autores describen la pica como una conducta autolesiva (Sturmey & Williams, 2016; Goh et al., 1999; Frank-Crawford et al., 2025).
Pica en el TEA y otros desafíos del desarrollo
La ingestión de objetos no comestibles es uno de los problemas de conducta más prevalentes en personas con discapacidad intelectual, con una prevalencia estimada de alrededor del 20% (Danford & Huber, 1982, citado en Mace & Knight, 1986; Al-Busairi & Ali, 2003).
Se observa con más frecuencia en niños que en adultos (Sturmey & Williams, 2016), aunque también se ha descrito en adultos institucionalizados: un estudio encontró la conducta en 991 personas internadas por discapacidad intelectual, cerca del 26% de la población total de un hospital psiquiátrico (Danford & Huber, 1982, citado en Singh & Bakker, 1984).
La prevalencia es considerablemente más alta en personas con discapacidad intelectual que en población general (Ali, 2001, citado en O’Brien, 2019), y aparece con mayor frecuencia en TEA, esquizofrenia, discapacidad intelectual y trastorno obsesivo compulsivo (Hartmann et al., 2012; Fields et al., 2021, citado en Frank-Crawford et al., 2025).
La pica puede coexistir con tricotilomanía (arrancarse el pelo) o el trastorno de excoriación (pellizcarse la piel) cuando la persona ingiere el pelo (tricofagia) o la piel (dermatofagia) que se arranca (Hartmann et al., 2012).
Posibles causas de la pica
Existen varias teorías sobre el origen de esta conducta, desde explicaciones neuroanatómicas hasta deficiencias vitamínicas. A continuación, un resumen de cada una.
Modelos de aprendizaje
Los modelos conductuales entienden la pica como una conducta aprendida y se centran en el ambiente actual para identificar qué antecedentes y consecuencias la mantienen (Sturmey & Williams, 2016). McAdam la describe como un problema de control de estímulos: quienes la presentan comen en lugares inapropiados, como el piso, y no logran discriminar entre contextos y conductas apropiadas (Fisher et al., 1994; McAdam et al., 2012, citado en Sturmey & Williams, 2016).
Modelo dopaminérgico
Esta hipótesis plantea que la pica se debe a una deficiencia del neurotransmisor dopamina. Para probarla, se evaluaron los efectos de dos fármacos psicotrópicos y un placebo sobre la conducta: clorpromazina (Toracina), un antagonista dopaminérgico que reduce la disponibilidad de dopamina, y metilfenidato, un agonista que la incrementa. La clorpromazina se asoció a un aumento de la pica y el metilfenidato a una disminución, lo que refuerza la hipótesis de la deficiencia dopaminérgica (Singh et al., 1994, citado en Sturmey & Williams, 2016).
Modelo neuroanatómico
Este modelo entiende la pica como una manifestación conductual de daño cerebral traumático, resultado de fuerzas mecánicas aplicadas al cráneo y transmitidas al cerebro. Estas lesiones pueden producir alteraciones cognitivas, anímicas y conductuales, entre ellas pica, impulsividad, agresividad e irritabilidad (Rao & Lyketsos, 2000).
Deficiencias de vitaminas y nutrientes
Se han implicado deficiencias de hierro, zinc, magnesio y calcio en la pica (Young, 2010, citado en Sturmey & Williams, 2016). Este tipo de explicación resulta atractivo porque sugiere un diagnóstico simple y un tratamiento fácil de implementar (Sturmey & Williams, 2016).
Para sostener la hipótesis nutricional deberían cumplirse seis condiciones: que las personas con pica presenten deficiencias en algunas sustancias específicas pero no en otras; que la gravedad de la pica se correlacione con la gravedad de la deficiencia; que los objetos consumidos aporten la sustancia deficiente; que su consumo aumente la biodisponibilidad de esa sustancia; que las intervenciones que corrigen la deficiencia sean eficaces; y que las intervenciones eficaces, a su vez, corrijan la deficiencia subyacente mediante suplementos (Sturmey & Williams, 2016).
Otro dato que respalda esta hipótesis es la asociación entre anemia y pica: un metaanálisis encontró que las personas con pica tienen 2,34 veces más probabilidad de tener anemia (Miao et al., 2015, citado en Frank-Crawford et al., 2025).
Hipótesis de protección gastrointestinal
Para algunos autores, la pica busca mitigar el efecto de toxinas vegetales o microbios sobre el organismo. Al ingerir sustancias no comestibles, la membrana intestinal se vuelve menos permeable, lo que dificultaría el paso de sustancias químicas dañinas o microorganismos al torrente sanguíneo (Young et al., 2008, citado en Sturmey & Williams, 2016).
Lo que viene
Ya vimos qué es la pica, qué la explica y qué riesgos implica. La pregunta que queda abierta es distinta: por qué se mantiene en el tiempo una vez instalada, y qué intervenciones tienen mejor evidencia para reducirla. De eso hablamos en la segunda parte de esta serie: Cómo tratar la pica: las intervenciones con mejor evidencia.
Referencias
Al-Busairi, W. A., & Ali, F. E. (2003). Incidental, delayed diagnosis of gastric foreign body in a 15-year-old boy. Canadian Medical Association Journal, 168, 1568-1569.
Ali, Z. (2001). Pica in people with intellectual disability: A literature review of aetiology, epidemiology and complications. Journal of Intellectual & Developmental Disability, 205-215.
Arango López, C. (Ed.). (2014). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales: DSM-5 (C. Arango López, Trad.). Editorial Médica Panamericana.
Baltrop, D. (1966). The prevalence of pica. American Journal of Diseases of Children, 112, 116-123.
Danford, D. E., & Huber, A. M. (1982). Pica among mentally retarded adults. American Journal of Mental Deficiency, 87, 141-146.
Evans, M. (1989). Pica of cigarette ends causing nicotine toxicity. Journal of the British Institute of Mental Handicap, 17, 171-172.
Fields, V. L., Soke, G. N., Reynolds, A., Tian, L. H., Wiggins, L., Maenner, M., Kral, T. V. E., Hightshoe, K., Schieve, L. A., & DiGuiseppi, C. (2021).
Fisher, W. W., Piazza, C. C., Bowman, L. G., Kurtz, P. F., Sherer, M. R., & Lachman, S. R. (1994). A preliminary evaluation of empirically derived consequences for the treatment of pica. Journal of Applied Behavior Analysis, 27(3), 447-457. https://doi.org/10.1901/jaba.1994.27-447
Foxx, R. M., & Martin, E. D. (1975). Treatment of scavenging behavior (coprophagy and pica) by overcorrection. Behaviour Research and Therapy, 13, 153-162.
Frank-Crawford, M., Hagopian, L. P., Scheithauer, M., McMahon, M. X. H., Argueta, T., Call, N. A., & Schmidt, J. D. (2025). Assessment and treatment of pica: A consecutive controlled case series study.
Goh, H.-L., Iwata, B. A., & Kang, S. (1999). Multicomponent assessment and treatment of cigarette pica. Journal of Applied Behavior Analysis, 32(3), 297-316. https://doi.org/10.1901/jaba.1999.32-297
Hartmann, A. S., Becker, A. E., Hampton, C., & Bryan-Waugh, R. (2012). Pica and rumination disorder in DSM-5. Psychiatric Annals. https://doi.org/10.3928/00485713-20121105-09
Lewander, W., Wine, H., Carnevale, R., Lindenmayer, J., Harvey, J., & Hallwalker, E. (1997). Ingestion of cigarettes and cigarette butts by children — Rhode Island, January 1994-July 1996. Journal of the American Medical Association, 277(10), 785-786.
Mace, F. C., & Knight, D. (1986). Functional analysis and treatment of severe pica. Journal of Applied Behavior Analysis, 19(4), 411-416.
McAdam, D. B., Breibord, J., Levine, M., & Williams, D. E. (2012). Pica. In P. Sturmey & M. Hersen (Eds.), Handbook of evidence-based practice in clinical psychology: Child and adolescent disorders. Wiley.
Miao, D., Young, S. L., & Golden, C. D. (2015). A meta-analysis of pica and micronutrient status. American Journal of Human Biology, 27, 84-93.
O’Brien, M. (2019). Pica. In J. L. Matson (Ed.), Handbook of intellectual disabilities: Integrating theory, research, and practice. Springer International Publishing.
Piazza, C. C., Roane, H. S., Keeney, K. M., Boney, B. R., & Abt, K. A. (2002). Varying response effort in the treatment of pica maintained by automatic reinforcement. Journal of Applied Behavior Analysis, 35(3), 233-246. https://doi.org/10.1901/jaba.2002.35-233
Rao, V., & Lyketsos, C. (2000). Neuropsychiatric sequelae of traumatic brain injury. Psychosomatics, 41, 95-103.
Singh, N. N., & Bakker, L. W. (1984). Suppression of pica by overcorrection and physical restraint: A comparative analysis. Journal of Autism and Developmental Disorders, 14(3), 331-341.
Singh, N. N., Ellis, C. R., Crews, W. D., & Singh, Y. N. (1994). . Journal of Child and Adolescent Psychopharmacology, 4, 93-99.
Stiegler, L. N. (2005). Understanding pica behavior: A review for clinical and education professionals. Focus on Autism and Other Developmental Disabilities, 20(1), 27-38. https://doi.org/10.1177/10883576050200010301
Sturmey, P., & Williams, D. E. (2016). Pica in individuals with developmental disabilities. Springer International Publishing.
Uher, R., & Rutter, M. (2012). Classification of feeding and eating disorders: Review of evidence and proposals for ICD-11. World Psychiatry, 11, 80-92.
Williams, D. E., & McAdam, D. (2016). Pica. In N. N. Singh (Ed.), Handbook of evidence-based practices in intellectual and developmental disabilities. Springer International Publishing.
Young, S. L. (2010). Pica in pregnancy: New ideas about an old condition. Annual Review of Nutrition, 30, 403-422.
Young, S. L., Wilson, M. J., Miller, D., & Hiller, S. (2008). Toward a comprehensive approach to the collection and analysis of pica substances, with emphasis on geophagic materials. PLoS ONE, 3(9).