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  • Ciencia

El trauma infantil deja una huella biológica distinta en las mujeres

  • 12/12/2025
  • David Aparicio

Un estudio reciente publicado en Journal of Traumatic Stress aporta una pieza clave para entender por qué el trauma no afecta igual a todas las personas. En particular, muestra que las mujeres cuyo evento traumático más intenso ocurrió en la infancia presentan una respuesta biológica al estrés notablemente atenuada, un patrón que no aparece ni en hombres ni en mujeres traumatizadas en la adultez. La diferencia no es psicológica en el sentido clásico. Es fisiológica.

El problema no es solo cuánto trauma, sino cuándo y cómo se vive

Sabemos desde hace décadas que las mujeres tienen aproximadamente el doble de riesgo que los hombres de desarrollar trastorno de estrés postraumático. Esa diferencia no se explica solo por la cantidad de eventos traumáticos sufridos. Algo más está ocurriendo en el cuerpo.

El sistema que regula la respuesta al estrés —el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal— libera cortisol cuando enfrentamos una amenaza. En condiciones saludables, el cortisol sube ante el desafío y luego vuelve a niveles basales. Esa activación es adaptativa: prepara al organismo para responder.

En personas con historia de trauma, ese sistema puede alterarse. En lugar de reaccionar con fuerza, la respuesta queda “aplanada”. El cortisol apenas aumenta, incluso ante situaciones objetivamente estresantes. A esto se le llama reactividad de cortisol embotada y se ha asociado con depresión, ansiedad crónica, trastornos autoinmunes y problemas de salud física a largo plazo.

Qué investigó este estudio

Un equipo de la Wayne State University School of Medicine quiso entender cómo interactúan el sexo biológico y el momento del trauma con esta respuesta hormonal. Pero añadieron un elemento clave: no solo preguntaron qué traumas habían ocurrido, sino cuál era el que cada persona consideraba el más perturbador de su vida. Ese evento subjetivamente más significativo fue llamado evento índice.

Participaron 59 adultos jóvenes con historia de trauma (37 mujeres y 22 hombres). Todos pasaron por el Trier Social Stress Test, una prueba de laboratorio diseñada para inducir estrés social: una entrevista laboral simulada frente a evaluadores y una tarea inesperada de cálculo mental. Durante todo el procedimiento se tomaron muestras de saliva para medir cortisol.

El hallazgo central

En los hombres, el momento del trauma no marcó diferencias. Aquellos que identificaban un trauma infantil como su peor experiencia mostraban respuestas hormonales similares a quienes señalaban un trauma en la adultez. En las mujeres, el patrón fue distinto.

Las mujeres que identificaron un evento traumático ocurrido antes de los 18 años como el más estresante de su vida mostraron una respuesta de cortisol claramente embotada. Ante la situación estresante del laboratorio, su organismo no produjo el aumento esperado de la hormona del estrés.

Este efecto no apareció en mujeres que habían tenido traumas infantiles pero que consideraban otro evento adulto como el más impactante. Es decir, no basta con que el trauma haya ocurrido en la infancia; importa que ese evento siga siendo vivido como central y dominante en la narrativa personal.

No fue el tipo de trauma, sino su impacto subjetivo

Un dato relevante es que el estudio no encontró diferencias según el tipo de trauma. No importó si el evento fue interpersonal (abuso, violencia) o no interpersonal (accidentes, desastres). El factor decisivo fue la combinación de tres elementos:

  • sexo femenino
  • trauma vivido en la infancia
  • ese trauma como el más perturbador en la experiencia subjetiva

Esto refuerza una idea clínica conocida pero a veces subestimada: la biología no responde solo a los hechos, sino al significado que esos hechos adquieren para la persona.

Por qué la infancia importa tanto

La infancia es un periodo de alta plasticidad cerebral. Los sistemas que regulan el estrés aún se están calibrando. Una exposición traumática intensa durante esa etapa puede “programar” el eje del estrés para funcionar de forma distinta en el futuro.

En las mujeres, las hormonas sexuales parecen jugar un rol adicional. El estrógeno tiende a amortiguar la respuesta de cortisol. En contextos normales, esto puede ser protector. Pero cuando se combina con una historia de trauma temprano, el resultado puede ser una respuesta demasiado baja, insuficiente para afrontar desafíos sociales y emocionales.

Implicaciones clínicas reales

Este estudio tiene varias consecuencias prácticas:

  1. Preguntar por el trauma no es suficiente. Es crucial explorar cuál evento sigue siendo vivido como el más doloroso y desorganizante.
  2. Las mujeres con trauma infantil pueden no mostrar una activación fisiológica clara ante el estrés, incluso cuando el malestar psicológico es alto.
  3. La ausencia de activación no implica resiliencia, puede indicar un sistema agotado o desregulado.
  4. Los tratamientos para PTSD podrían necesitar ajustes según el perfil biológico. El cortisol cumple un rol en la extinción del miedo; niveles crónicamente bajos podrían interferir con ciertos procesos terapéuticos.

Esto abre la puerta a intervenciones más personalizadas, como ajustar el momento de la terapia a los picos naturales de cortisol o combinar psicoterapia con abordajes farmacológicos específicos en algunos casos.

Límites del estudio

El tamaño de la muestra fue reducido, especialmente en hombres. El diseño fue transversal, por lo que no permite establecer causalidad. Además, los datos se basaron en recuerdos retrospectivos, lo que siempre introduce sesgos. La mayoría de los participantes eran jóvenes adultos, por lo que no sabemos cómo estos patrones cambian con la edad o la menopausia. Aun así, el patrón observado es consistente y clínicamente relevante.

Un cambio necesario en cómo estudiamos el trauma

Durante años, la investigación biomédica ha tratado a las mujeres como una variante menor del modelo masculino. Este estudio se suma a otros que muestran por qué ese enfoque es insuficiente.

El trauma se encarna de forma distinta según el sexo, el momento vital y el significado subjetivo de la experiencia.Ignorar esas diferencias no es neutral: limita nuestra capacidad de comprender y tratar mejor el sufrimiento humano.

Si queremos una psicología clínica y una psiquiatría realmente basadas en evidencia, tenemos que dejar de preguntar solo qué pasó y empezar a preguntar también cuándo, a quién y qué huella dejó.

Referencia: Hinchey, L., et al. (2025). Not small men: Sex-specific determinants of cortisol reactivity to psychosocial stress following trauma. Journal of Traumatic Stress, 38(4), 707–719. https://doi.org/10.1002/jts.23159  

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David Aparicio

Editor general y cofundador de Psyciencia.com. Me especializo en la atención clínica de adultos con problemas de depresión, ansiedad y desregulación emocional.

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