¿Puede el cáncer «proteger» del alzhéimer? Un estudio revela un mecanismo inesperado
Hoy me encontré este Substack de Francisco Alcoba que tiene muchas cosas para reflexionar:
Antes, discrepar abría una conversación. Hoy, suele cerrarla. No porque falten datos o razones, sino porque el desacuerdo ha dejado de ser un proceso y se ha convertido en un punto de llegada.
Formular una hipótesis, corregirla, matizarla, retirarla cuando era desmontada: esos pasos formaban parte natural del debate. Permitían avanzar, incluso cuando no había acuerdo. Hoy, en cambio, discrepar suele fijar una posición. Se enroca la idea, se clausura la alternativa y se elimina la posibilidad del error.
El problema no es discrepar.
Es que, una vez hecho, ya no hay marcha atrás.Cuando el desacuerdo deja de ser reversible, deja de ser útil. Sin capas, sin matiz, sin posibilidad de corrección, no hay debate funcional: solo afirmaciones enfrentadas.
Rafael Pampillón:
Leer en papel, en cambio, exige presencia. El texto no se mueve solo, no parpadea ni promete recompensas inmediatas. Pide tiempo. Y ese tiempo, hoy, parece casi un lujo. Luego nos sorprende que los alumnos no lean, o que lean sin comprender, o que leer les genere ansiedad.
También escriben peor. Porque escribir bien exige pensar bien. Y pensar bien requiere lentitud. La escritura a mano obliga a ordenar ideas, jerarquizar y decidir qué es importante.
(…)
La inteligencia artificial no es el enemigo. El problema es introducirla en un sistema educativo que ya estaba debilitado en términos de atención, esfuerzo y exigencia. Pensar que la tecnología va a arreglar lo que no hemos sabido resolver pedagógicamente es una huida hacia adelante.
Aquí hay algo incómodo que conviene decir: hemos confundido medios con fines. Hemos renunciado a exigir porque exigir incomoda. Y sin exigencia no hay aprendizaje profundo, solo cumplimiento superficial.
Me encanta la tecnología. De hecho, escribo esto justo después de lanzar una red social privada para los miembros de Psyciencia. Pero al mismo tiempo estoy cansado, saturado de pantallas. Puedo notar el efecto que tiene en mi atención y concentración. Por eso elijo cada día más el papel, y a mis estudiantes de maestría les pido que no usen computadora ni tablet en el aula. Al final, nada de eso los ayudará a aprender mejor. Con lápiz, papel y atención es suficiente.
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