Psicología prevención / Shutterstock

Hoy por hoy, la metodología de Seguridad Basada en el Comportamiento (SBC), se constituye como el modelo de intervención con mayor aceptación- dada su eficiencia y su validez científica- para optimizar los sistemas de gestión de seguridad y salud en el trabajo (Meliá, 2007). Pero, ¿qué es la SBC?; la SBC o BBS por sus siglas en inglés (Behavior Based Safety), es una metodología originada a partir de un amplio conjunto de investigaciones comportamentales aplicadas a la prevención de accidentes en el trabajo. Sus antecedentes se cimientan con los primeros estudios realizados de manera independiente a fines de la década del setenta del siglo XX por las psicólogas Judith Komaki y Beth Sulzer- Azaroff, quienes lograron reducir accidentes laborales utilizando procedimientos conductuales. Las investigaciones posteriores reunieron evidencia con sólido respaldo científico, lo cual permitió fundamentar la metodología SBC y posicionar su prestigio a nivel mundial (Meliá, Ricarte y Arnedo, 1998).

Sin embargo, durante mucho tiempo las empresas han insistido en abordar la prevención de accidentes centrándose en cubrir con formación e información aquello que no lograban con ingeniería e higiene. Si bien estas resultan imprescindibles para el logro de los objetivos de un sistema de gestión de seguridad y salud en el trabajo, la evidencia nos demuestra que también es necesario que las personas tengan motivaciones para trabajar de manera segura (Meliá, 2007).

En tal sentido, la metodología SBC cubre con creces aquella brecha entre el factor técnico y el factor humano que en muchos escenarios plantea desafíos que van más allá del entrenamiento y la capacitación dentro de un sistema de gestión de seguridad y salud (ver por ejemplo la NTP 405).

la evidencia nos demuestra que también es necesario que las personas tengan motivaciones para trabajar de manera segura

Ahora bien, cuando las empresas deciden implementar un programa de seguridad basada en el comportamiento para agregar valor a su sistema de gestión de seguridad y salud, suelen cometer de manera inadvertida algunos errores conceptuales que a corto o mediano plazo generan serios problemas aplicativos. Entre ellos podemos mencionar los siguientes:

Centrarse en las actitudes y no en los comportamientos

La extendida creencia de que modificar el comportamiento es solo centrarse en un cambio superficial y poco duradero, produce que dirijamos gran parte de nuestro esfuerzo hacia lo que consideramos una meta mayor por considerar que genera cambios más profundos y duraderos, cambiar las actitudes.

Sin embargo, actitud y comportamiento, no son conceptos que encierren relación de oposición o  intensidad. Por el contrario, cuando hablamos de actitudes, en realidad hablamos de una forma de comportamiento. Claro está, las actitudes son una forma compleja de comportamiento que no podemos necesariamente observar. Es por ello, que las estrategias de intervención conductual están orientadas a modificar comportamientos que son observables y en consecuencia medibles, sin detrimento de otras formas de comportamiento más complejas. Además, estudios experimentales del comportamiento arrojan datos muy sólidos respecto a que un cambio en el comportamiento genera a su vez cambios en aquellas disposiciones del ánimo y del pensamiento que conocemos como actitudes. Es decir, un cambio en el comportamiento implica a su vez un cambio en las actitudes. Centrarse en cambiar de manera exclusiva actitudes es una tarea estéril y sin ningún asidero científico, dado que no es posible observarlas ni medirlas.

Recomendación:

Al seleccionar los comportamientos claves para la seguridad que se deseen incrementar y/o mantener, es importante enfocarse en comportamientos que podamos identificar sin dificultad al momento de observarlos y registrarlos en el campo (ver figura 1).

Esto evitará que aparezcan sesgos en el análisis posterior de los datos y nos permitirá fundamentar la efectividad de la o las técnicas elegidas para conseguir los objetivos de nuestro programa, con la finalidad de hacerlo replicable en otras unidades u operaciones de nuestra empresa.

Creer que el reforzamiento positivo es una técnica

Cuando en la física decimos que las cosas caen hacia abajo, no es difícil reconocer que nos referimos al principio de gravedad. De la misma forma, en las ciencias del comportamiento, cuando decimos que la conducta está determinada por sus consecuencias, estaremos haciendo referencia al principio de reforzamiento. Veamos un ejemplo: si en una reunión social usted se animara a contar un chiste frente a sus amigos y al terminar de contarlo todos rieran, es altamente probable que dicho comportamiento (contar un chiste) vuelva a presentarse en un contexto social similar. El análisis del comportamiento expuesto en el ejemplo nos permite identificar que se ha producido una operación de reforzamiento positivo (ver figura 2).

Hacer la precisión de que el reforzamiento positivo es un principio y no una técnica no es un ejercicio irrelevante, por el contrario, evita asumir posiciones inexactas como que el reforzamiento positivo es un mero sistema de premiación o reconocimiento. Dentro de cualquier programa de intervención conductual, reforzar no solo significa premiar o recompensar, reforzar es presentar una consecuencia de manera inmediata a un comportamiento con la finalidad de incrementarlo o mantenerlo. Para ello es importante haber realizado previamente un análisis escrupuloso de dicho comportamiento con la finalidad de identificar cuáles son aquellas consecuencias que resultan funcionales (útiles) para reforzarlo.

Es decir, a partir de una fase de análisis del comportamiento, en la que comprendemos como operan determinadas consecuencias sobre la conducta (principio de reforzamiento), entramos a una segunda fase de modificación del comportamiento en la que diseñamos y aplicamos nuestra estrategia de intervención (técnicas basadas en el principio de reforzamiento).

el reforzamiento positivo es un principio y no una técnica no es un ejercicio irrelevante

El reforzamiento positivo por tanto se podría definir como la configuración funcional producida entre un comportamiento y una consecuencia, la cual probabiliza que el comportamiento vuelva a ocurrir en otras situaciones similares. De esta manera se explica cómo en nuestra vida cotidiana nuestros comportamientos están programados por un sin número de consecuencias que en muchos ocasiones no logramos advertir. Por ejemplo: levantarnos temprano para llegar a tiempo al trabajo, recibir las gracias después de hacer un favor, tener una conversación amena con una persona, sentir bienestar por ayudar a un anciano a cruzar las pista, practicar un deporte que nos genera gusto, entre otros.

En todos estos casos se produce el reforzamiento positivo sin que de por medio las consecuencias hayan sido administradas intencionalmente como técnicas, es decir ocurre de manera natural. De igual forma sucede con los comportamientos inadecuados o no esperados. Por ejemplo: en los conductores acostumbrados a pasarse la luz roja del semáforo, el mantenimiento de tal comportamiento se produce por un lado porque no reciben la amonestación oportuna y por otro porque consiguen ahorrar tiempo para llegar a su destino. En este caso vemos también cómo opera el principio de reforzamiento positivo.

Recomendación:

Durante la fase de diagnóstico de todo programa SBC se debe enfocar todo el esfuerzo en comprender (analizar) cuáles son aquellas consecuencias que estimulan el comportamiento seguro. Por ejemplo: Después de realizar un análisis funcional del comportamiento de un grupo de trabajadores de una empresa X, y concluir que los comportamientos seguros tienen una mayor probabilidad de presentarse cuando los supervisores reconocen de manera verbal e inmediata tales comportamientos, podríamos estar frente a un escenario ideal para aplicar la técnica de retroalimentación positiva. Es decir, cada vez que un trabajador emita un comportamiento seguro, el supervisor podría acercarse al trabajador para reconocer verbalmente dicho comportamiento.

Los estímulos materiales afectan la motivación interna

Este planteamiento parte del error anterior, creer que el reforzar consiste en premiar. Nada más equivocado. El reforzamiento como ya vimos es un principio comportamental que debemos aprender a usar de manera conveniente. A su vez, este principio nos ayudará a comprender como se mantienen ciertos comportamientos inseguros. Por ejemplo: en una empresa de servicios en la que no se evidencian actividades de riesgo, se viene propiciando el escenario perfecto para tener un accidente. Esto, porque los trabajadores suben las escaleras sin usar pasamanos, en ocasiones corriendo y en otras revisando sus teléfonos móviles.

estos programas resultan altamente efectivos para desarrollar comportamientos socialmente esperados

Podemos darnos cuenta de acuerdo al ejemplo, cómo el comportamiento inseguro se ve reforzado por determinadas consecuencias: ahorrar tiempo y esfuerzo, entretenimiento, entre otras.

Tras ese análisis podríamos elaborar una estrategia de carácter lúdico, dado que como hemos visto, el comportamiento de los trabajadores está motivado por consecuencias como entretenerse con el teléfono celular. Inicialmente se pueden entregar fichas con valor canjeable (las cuales serían administradas por el supervisor de seguridad) de manera inmediata a la presencia del comportamiento seguro (usar pasamanos). La entrega de fichas iría acompañada de un reconocimiento verbal otorgado por el supervisor. Posteriormente y en la medida que el comportamiento seguro (usar pasamanos) se incremente, podríamos ir entregando de manera intermitente las fichas, hasta prescindir completamente de su administración (ver figura 3).

Como vemos en la figura 3, los programas conductuales que utilizan estímulos materiales de apoyo (fichas, cupones, entre otros) con valor canjeable (pueden ser canjeadas por tangibles como: polos, llaveros, gorras, etc.; así como por intangibles como: tiempo libre, prerrogativas en el comedor, etc.), se les denomina también “Programas de Economía de Fichas”. Usar de manera adecuada la técnica de economía de fichas no implica en absoluto el alterar la motivación interna (intrínseca) de las personas, por el contrario, la evidencia científica demuestra que estos programas resultan altamente efectivos para desarrollar comportamientos socialmente esperados, en diferentes contextos interactivos (clínicos, educativos, comunitarios, organizacionales, industriales, etc.).

Recomendación

Al diseñar el programa SBC se debe considerar todas las posibilidades que sean técnicamente viables. La economía de fichas, por ejemplo, es una técnica que – bien aplicada- proporcionará un camino seguro al logro de nuestros objetivos. Además, funciona de manera altamente efectiva en aquellos escenarios en los que los comportamientos seguros tienen baja frecuencia.

Por ello, se debe seleccionar con mucha objetividad y bajo criterios técnicos los procedimientos adecuados a nuestras necesidades, a lo que nuestro escenario actual de comportamientos en el trabajo exija. Esto implica evitar ideas inexactas que pongan en riesgo los parámetros del programa.

Finalmente, se debe considerar siempre ser objetivo y asumir siempre una posición técnica en la gestión de comportamientos seguros en el trabajo, esto garantizará tanto el buen desempeño del programa así como un retorno de alto impacto frente a la inversión realizada. Recuerde que para estos casos no siempre bastará con aplicar el sentido común y las buenas intenciones.

Referencias bibliográficas

Becerril, M. (2013). Un proceso de intervención sobre las conductas de seguridad y las condiciones de seguridad y salud en las obras de construcción. Tesis de doctorado en Psicología. Universidad de Valencia.

Espluga, J. (1998). NTP 405: Factor humano y siniestralidad: aspectos sociales. Noviembre 21, 2016, de Instituto Nacional de Seguridad e Higiene.

López – Mena, L. & Veloz, J. (1990). Aplicaciones del refuerzo positivo a la reducción de accidentes en el trabajo. Revista latinoamericana de Psicología, 22, 357- 371.

Martin, G. & Pear, J. (2008). Modificación de conducta: qué es y cómo aplicarla. Madrid: Pearson Educación, S. A.

Meliá, J. (2007). Seguridad Basada en el Comportamiento. En Perspectivas de Intervención en riesgos psicosociales. Medidas preventivas (157-180). España: Foment del treball nacional.

Meliá, J, Ricarte, J., & Arnedo, M. (1998). La psicología de la seguridad (II): un revisión de los modelo procesuales de inspiración psicosociológica. Revista de psicología general y aplicada, 51(2), 279- 299. 

Skinner, B. F. (1974). Sobre el conductismo. España: Ediciones Martínez Roca, S.A.

Staats, A. (1979). El conductismo social: un fundamento de la modificación del comportamiento. Revista latinoamericana de Psicología, 11, 9- 46.