Nota de actualización (febrero 2026)
Este artículo fue publicado originalmente en 2015. Desde entonces, tanto la evidencia científica como los marcos conceptuales en torno al autismo han avanzado de manera significativa. Lo hemos revisado para incorporar lenguaje actualizado, una perspectiva neuroafirmativa y mayor precisión diagnóstica. El «síndrome de Asperger» dejó de ser una categoría diagnóstica independiente con la publicación del DSM-5 en 2013, integrándose dentro del Trastorno del Espectro Autista (TEA). Mantenemos el término en el título por razones de búsqueda e identidad, ya que muchas personas adultas aún se identifican con él.
Adultos autistas diagnosticados tardíamente: lo que necesitas saber
El autismo es una condición neurológica que afecta la forma en que una persona procesa la información, se comunica y se relaciona con el entorno. No es una enfermedad ni un déficit global, sino un perfil neurológico diferente que varía considerablemente de una persona a otra.
Lo que antes se denominaba «síndrome de Asperger» describía a personas autistas sin discapacidad intelectual ni retraso en la adquisición del lenguaje. Aunque ese término ya no forma parte de los sistemas diagnósticos actuales, muchas personas adultas continúan identificándose con él, y eso es válido. La actualización diagnóstica no invalida sus experiencias.
Diagnóstico tardío en la adultez
Aunque el autismo suele identificarse en la infancia, muchas personas llegan a la adultez sin un diagnóstico. Esto ocurre por distintas razones: síntomas que fueron minimizados o malinterpretados, enmascaramiento activo de las propias diferencias para adaptarse al entorno social, o simplemente falta de acceso a profesionales capacitados para reconocer el autismo en perfiles sin discapacidad intelectual.
Llegar a la adultez sin diagnóstico no significa que el autismo no haya estado presente. Significa que el sistema no lo detectó a tiempo. Muchas personas describen el diagnóstico tardío como una experiencia liberadora: una forma de comprender su historia y de dejar de atribuirse como fallas personales lo que en realidad son diferencias neurológicas.
Perfil neurológico frecuente en adultos autistas
El autismo es un espectro amplio y no existe un perfil único. Dicho esto, hay características que aparecen con frecuencia en adultos autistas, especialmente en quienes fueron diagnosticados tardíamente o no lo fueron en absoluto.
En cuanto a la comunicación y la interacción social, muchas personas autistas procesan el lenguaje de forma más literal, lo que puede generar dificultades con el sarcasmo, las metáforas o las frases hechas. No se trata de ingenuidad, sino de un estilo comunicativo diferente. El contacto visual puede resultar incómodo o requerir un esfuerzo consciente, algo que con frecuencia es malinterpretado como desinterés o descortesía. La reciprocidad social puede no seguir los patrones esperados culturalmente, pero eso no equivale a falta de empatía: la investigación actual, incluyendo el modelo del «problema de la doble empatía» (Milton, 2012), sugiere que las dificultades de comunicación son bidireccionales y no residen exclusivamente en la persona autista.
En cuanto a intereses y rutinas, es común la presencia de intereses profundos y específicos en los que la persona puede desarrollar conocimiento y habilidades notables. Las rutinas y la previsibilidad no son rigideces arbitrarias: cumplen una función reguladora importante. Los cambios inesperados pueden generar niveles elevados de ansiedad.
En cuanto a la sensorialidad, muchas personas autistas presentan hipersensibilidad o hiposensibilidad a estímulos sensoriales: sonidos, luces, texturas, olores. Esto no es capricho ni exageración, sino una diferencia genuina en el procesamiento sensorial que puede tener un impacto significativo en la vida cotidiana.
Enmascaramiento y agotamiento
Un fenómeno frecuente en adultos autistas, especialmente en quienes no fueron diagnosticados, es el enmascaramiento: el proceso de aprender e imitar conductas sociales esperadas para pasar desapercibido. Si bien puede facilitar la adaptación en ciertos contextos, tiene un costo alto. El enmascaramiento sostenido se asocia a agotamiento, ansiedad, depresión y dificultades para reconocer las propias necesidades.
Muchas personas describen haber pasado años sintiéndose «raras» o inadecuadas sin comprender por qué. El diagnóstico tardío, aunque llega con sus propias complejidades, frecuentemente permite reinterpretar esa historia desde un lugar más compasivo.
¿Qué puede aportar un enfoque neuroafirmativo?
Un enfoque neuroafirmativo no busca corregir a la persona autista para que se adapte a normas neurotípicas. Busca comprender su perfil, identificar sus necesidades reales y ajustar los entornos y apoyos en consecuencia. Reconoce tanto las fortalezas como las dificultades sin reducir a la persona a un diagnóstico.
En la práctica clínica, esto implica escuchar activamente a la persona, no asumir lo que necesita, no patologizar diferencias que no generan malestar en quien las vive, y trabajar colaborativamente en aquellas áreas donde la persona sí quiere desarrollar habilidades o encontrar estrategias.
Referencias
- American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.). American Psychiatric Publishing.
- Milton, D. E. M. (2012). On the ontological status of autism: The ‘double empathy problem’. Disability & Society, 27(6), 883–887. https://doi.org/10.1080/09687599.2012.710008
- Brosnan, M., & Camilleri, L. J. (2025). Neuro-affirmative support for autism, the Double Empathy Problem and monotropism. Frontiers in Psychiatry, 16, 1538875. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2025.1538875
