Me gusta conocer cómo trabaja la gente que admiro, y este video satisface esa curiosidad desde muchos ángulos. Muestra el sótano de B.F. Skinner, uno de los psicólogos más influyentes de la historia, y ofrece un vistazo a su intimidad: cómo organizaba su trabajo, sus lecturas y su descanso.
Detalles:
Un dormitorio diseñado para el trabajo En su estudio, justo frente a su escritorio, Skinner tenía una cama de origen japonés. Una empresa de Japón le pidió que la probara para ver si podían comercializarla en Estados Unidos, y resultó ser el complemento perfecto para su flujo de trabajo. Al dormir allí, Skinner podía despertarse en medio de la noche y ponerse a trabajar inmediatamente sin molestar a su esposa, que dormía en la planta de arriba
Skinner llevaba una vida extremadamente estructurada. Se despertaba cada mañana a las 4:40 a.m., sin importar si era Navidad o Año Nuevo. En su estudio encendía simultáneamente la luz de su escritorio y un reloj para registrar exactamente cuántas horas dedicaba al trabajo.
El arte de organizar las ideas: su método de escritura era precursor de la tecnología moderna. Utilizaba un sistema de carpetas temáticas donde guardaba recortes, notas y hasta libros enteros sobre temas de su interés, como la ética. Para sus borradores, creó un ingenioso sistema de esquemas con tarjetas superpuestas que le permitían ver una visión general de sus artículos mientras mantenía los detalles a mano, similar a los procesadores de textos de la actualidad.
Ingenio y adaptación Incluso frente a las dificultades de la edad, Skinner aplicó su creatividad técnica. Cuando su vista empezó a fallar, construyó un sistema casero de lupa ajustable utilizando marcos de madera, pegamento caliente, hilo de pescar y pesas para poder leer con comodidad. Además, modificó su dictáfono con marcas especiales para facilitar su uso.
Este vistazo a su intimidad nos muestra a un hombre que fue, en todo momento, el mejor sujeto de su propia ciencia.