Fragmento traducido del libro: Acceptance and Commitment Therapy for Eating Disorders: A Process-Focused Guide to Treating Anorexia and Bulimia, escrito por: Sandoz, Emily K.; Wilson, Kelly G.; DuFrene, Troy.


En algún momento de la práctica clínica, la mayoría de los terapeutas se encontrarán con un cliente que padece un trastorno alimentario, pero muchos no están seguros de cómo tratar estos problemas. Debido a que los trastornos alimenticios están arraigados en el secreto y se ven reforzados por la obsesión peligrosa de nuestra cultura con la delgadez, es probable que los pacientes experimenten complicaciones de salud importantes antes de recibir la ayuda que necesitan. La Terapia de Aceptación y Compromiso para los Trastornos de la Alimentación presenta una base conceptual exhaustiva junto con un protocolo completo que los terapeutas pueden utilizar para apuntar a la rigidez y el perfeccionismo en el centro de la mayoría de los trastornos alimentarios. En el presente artículo se presentan algunos de los ejercicios experenciales que pueden ser un recurso valioso para los terapeutas que trabajan con pacientes con dicha problemática.

Ejercicio de defusión

Terapeuta: Me gustaría que empezaras por acomodarte aquí en la habitación. Deja que se cierren tus ojos, y ponte cómoda aquí en la silla, dejando que tus manos caigan sobre tu regazo, tus pies sobre el suelo, y respira, notando de qué manera se siente el aire mientras entra dentro… y fuera. Dentro… y fuera. Dentro… (pausa) y fuera. Nota el ritmo Y si te parece, me gustaría que redujeras el ritmo de la respiración, sólo un poco. Dentro… (pausa) y fuera. Dentro… (pausa) y fuera. Y cuando estés lista, quiero que te imagines a ti mismo como si fueras un invitado en una especie de reunión. Estás rodeado de gente a la que aprecias, y disfrutando de su compañía. Nota el gesto en tu cara mientras te ríes de sus historias, o compartes una tuya propia.

Y respira. Dentro… y fuera. Y permítete ser consciente de tu cuerpo en ese momento. Cómo te sientes, en tu piel (en tu pellejo), mientras notas que conectas con personas a las que aprecias. Y respira. Y en la siguiente respiración, me gustaría que notaras, de repente, que una de tus nuevas compañeras de clase ha entrado en la habitación, y está yendo hacia ti.

En este punto, el terapeuta pide a Lynn que describa qué le parece esta experiencia, guiando suavemente su atención hacia detalles específicos.

Terapeuta: Y ahora, sin abrir tus ojos y dejar esta escena, me gustaría que describieras en pocas palabras cómo cambia tu experiencia mientras ella se dirige a ti. ¿Qué sientes en tu cuerpo? ¿Cambia tu respiración? ¿Tu pulsación? ¿Cuál es la temperatura de tus manos? ¿Tu cara? ¿Hay sensaciones que identifiques? ¿Te sientes decepcionada? ¿Frustrada? ¿Esperanzada? ¿Nerviosa? ¿Hay pensamientos ahí? ¿Qué te dices a ti misma mientras ella avanza? ¿Qué te imaginas que le dices?

A continuación, el terapeuta pide a Lynn que tome consciencia de cómo se imagina que se desarrollará la escena.

Terapeuta: ¿Tienes alguna expectativa sobre cómo va a ir? Me gustaría que notaras, y me explicaras en pocas palabras, tus expectativas sobre qué va a pasar aquí.

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Una vez más, el terapeuta guía la atención de Lynn hacia detalles específicos.

Terapeuta: ¿Y cómo se siente tu cuerpo mientras la expectativa se asienta? ¿Alguna sensación? ¿Otros pensamientos que sigan?

Entonces el terapeuta pide a Lynn que imagine que, mientras su compañera finalmente la alcanza, intente ser todo lo “gorda” que pueda, con todas sus implicaciones.

Terapeuta: Y ahora, mientras te das cuenta de que tu compañera finalmente te ha alcanzado y está extendiendo su mano, su boca abriéndose para hablar, me gustaría que tú, mientras elevas tu mirada para encontrarse con la suya, elijas ser tan “gorda” como sea posible.

Primero, físicamente, abandona esa lucha para contener tu cuerpo. Quiero que sientas que tus músculos se aflojan. Da a tu cuerpo permiso para que se expanda, ocupando tanto sitio como sea posible. Y respira. Ve despacio aquí. Empieza por tu cara, tu pelo, tus mejillas, la línea de tu mandíbula mientras te permites ser tan “gorda” como lo sientes. Ahora tus hombros, tu pecho, tu vientre. Y respira. Tus caderas, tus muslos, bajando, hasta tus pies.

Ahora querría que traigas a la mente todos sentimientos que te vienen con “gorda”. Deja que se eleven dentro de ti. Imagina que fluyen a borbotones, como si alguien al otro lado de la sala pudiera mirarte y ver exactamente qué estás sintiendo. Contempla tu expresión facial, los movimientos o sonidos que haces. Y respira. Nota las ansias que hay ahí, tirando de ti. Si sientes el ansia de correr o esconderte, me gustaría que te dieras permiso para hacerlo, para llevarlo a cabo.

Y respira. Y deja que tu atención descanse en tus propios ojos. Obsérvate a ti misma quedarte quieta y callada mientras fijas la mirada en tu yo de ese momento, reconociéndote dentro de “gorda”. Y respira. Dentro… y fuera. Dentro… y fuera. Y cuando estés lista, suavemente, ve metiéndote en tu propia piel, en esta habitación, en este momento, y exhala una última y lenta respiración antes de abrir tus ojos de nuevo y volver a la habitación.

A menudo el terapeuta continúa este ejercicio con alguna forma de debriefing. Esto debería permitir que el cliente relacione las experiencias del ejercicio con su experiencia en el mundo real, e imaginar cómo se puede sentir una defusión cuando se enfrenta a las experiencias más aversivas.

Ejercicio de Aguantar la Respiración

El terapeuta presenta a Karina el ejercicio de Aguantar la Respiración.

Terapeuta: Una de las cosas importantes en el trabajo que realizo es la variedad de formas en las que las personas interactúan con cosas que les resultan incómodas. Podemos hacer esto de una forma bastante sencilla, simplemente cronometrando cómo aguantas la respiración bajo diferentes instrucciones.

¿Estarías dispuesta a hacer esto?

Karina: Sí.

Terapeuta: Cuando diga “Empieza” me gustaría que inhalases, y entonces aguantases tu respiración tanto tiempo como puedas. Voy a cronometrarte. ¿Preparada? Empieza.

Mientras Karina aguanta la respiración, el terapeuta controla el tiempo, suavemente posando su mirada en el reloj o cronómetro, y volviéndola luego hacia Karina. El terapeuta también aporta apoyo no verbal, manteniendo contacto visual cuando es posible y reciprocando expresiones faciales.

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Terapeuta: ¿Cómo fue? ¿Qué notaste?

El terapeuta guía a Karina para que responda con tantos detalles como sea posible, y entonces pide a Karina que continúe con la siguiente parte del ejercicio, que conlleva una instrucción explícita de que Karina atienda a la experiencia física de aguantar su respiración.

Terapeuta: Ahora querría que hicieras esto otra vez, pero esta vez te pediría que mires si puedes prestar especial atención a cómo sientes en su cuerpo el aguantar la respiración. Voy a cronometrarte otra vez. Aguanta la respiración tanto tiempo como puedas. ¿Lista? Empezar.

Una vez más, el terapeuta cronometra a Karina y le ofrece apoyo no verbal. Hacen el debriefing, y el terapeuta pide a Karina un rating de su incomodidad.

Terapeuta: ¿Qué has sentido esta vez? ¿Cómo ha estado tu incomodidad, en una escala de 1 a 10?

Una vez más, el terapeuta la guía para que responda con tantos detalles como sea posible, y escribe su rating de incomodidad. Entonces el terapeuta introduce la siguiente parte del ejercicio, dando instrucciones a Karina de que monitorice su incomodidad durante el ejercicio.

Terapeuta: ¿Estarías dispuesta a hacer esto otra vez? Esta vez, voy a darte un bolígrafo y quiero que evalúes tu incomodidad durante el ejercicio, escribiendo un “1” cuando la incomodidad aparezca, un “2” cuando empeore, y así sucesivamente. Así que aguanta la respiración tanto como puedas. ¿Preparada? Empezar.

Otra vez, el terapeuta cronometra a Karina y le ofrece apoyo no verbal. También copia los ratings de Karina, junto con el tiempo en que cada uno fue registrado.

Terapeuta: ¿Y cuál fue la diferencia esta vez? ¿Hasta dónde llegó la incomodidad? ¿Qué más notaste?

Una vez más, el terapeuta guía a Karina para que responda con el mayor detalle posible, y anota su nivel de incomodidad. Entonces el terapeuta introduce la siguiente parte del ejercicio, instruyendo a Karina para que evite las sensaciones físicas durante el mismo.

Terapeuta: Si estás dispuesta a hacerlo una vez más, me gustaría que aguantaras la respiración el tiempo que puedas. Esta vez, sin embargo, quiero que intentes no sentir ninguna incomodidad lo mejor que puedas. Imagínate que puedes desligarte de ella, alejando tu atención cada vez que sientas incomodidad.

Una vez más, el terapeuta cronometra a Karina y le ofrece apoyo no verbal. Hacen el debrief de esta pequeña porción, y del ejercicio en su totalidad.

Terapeuta: Vale. ¿Hasta dónde llegó la incomodidad esta vez?

¿Qué más notaste?

Finalmente, el terapeuta le da a Karina la oportunidad de relacionar esta experiencia con algún aspecto de su vida, lo que permite al terapeuta evaluar qué ha aprendido, si acaso.

Terapeuta: ¿Está esto relacionado con alguna experiencias que surjan en tu vida?

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Verónica Mayado
Psicóloga Especialista en Terapias Contextuales. Terapeuta, docente y Directora del Instituto del comportamiento desde 1996. Especialista en Psicología Clínica, Máster en Terapia de conducta, Máster en Psicología Aplicada, Máster en Terapia Conductual, Máster en Terapias Contextuales. Profesora en Madrid Institute of Contextual Psychology (MICPSY)

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