El 8 de Mayo de 2018 el diario argentino La Nación publicó un artículo escrito por el periodista Roly Villani en el que una mujer afirma que su hija se “recuperó” del autismo cambiando su dieta, excluyendo comida “industrializada, gluten, lácteos, huevos, soja y azúcar”. Dicho artículo cambió su título de “Cómo curé el autismo de mi hija cocinando”, a “Cómo mi hija se recuperó del autismo cuando cambié su dieta”.

En la nota aparecen también otras afirmaciones contrarias a la evidencia (“no más del 5% al 10% de estos problemas se pueden atribuir a una cuestión genética”, “En 2008, la agencia norteamericana Center for Disease Control and Prevention estableció que uno de cada 68 niños estaba dentro del espectro autista. Hoy creció a uno de cada 33.”), así como especulaciones sobre una supuesta conspiración (“La conspiranoia se apodera de mí: se trata de un tratamiento muy barato, que no solo otorga un papel menor a la industria farmacéutica, sino que pone el foco sobre el potencial peligro de la alimentación contemporánea.”).

La afirmación de que el autismo puede ser superado o curado con un cambio de dieta no posee ninguna evidencia científica (aclaramos que las anécdotas personales no cuentan como evidencia al carecer de control, estar mayormente predispuestas a sesgos y otros problemas metodológicos) y además va en contra del conocimiento científico más sólido sobre un tema tan delicado como el trastorno del espectro autista.

La afirmación de que el autismo puede ser superado o curado con un cambio de dieta no posee ninguna evidencia científica

Un artículo que involucra tal tipo de afirmación sin evidencia sobre un tema tan delicado y que afecta a tanta gente, es sumamente riesgoso y va frontalmente contra la ética periodística, pues existen responsabilidades al ofrecer la información. Los periodistas deben tener en cuenta los riesgos que pueden provocar este tipo de afirmaciones, tales como que los lectores abandonen un tratamiento efectivo, o demoren su inicio, lo cual puede implicar consecuencias irreversibles para las personas involucradas.

El periodismo científico requiere un compromiso excepcional, y cuando se pone en riesgo la salud, aún más. Los periodistas no sólo publican un artículo para que la gente lo lea, sino para informar adecuadamente, teniendo en cuenta las responsabilidades que implica esa información en la vida cotidiana de los lectores. Los estudios disponibles sobre tratamientos no avalan el anuncio de una cura milagrosa como la que se plantea en la nota.

Portada del artículo de La Nación

Los trastornos del espectro autista (TEA) son condiciones del neurodesarrollo caracterizadas por deficiencias en la interacción y comunicación social, y por la presencia de patrones restrictivos y repetitivos de conducta, con múltiples causas que incluyen un fuerte peso genético (se han identificado más de 100 genes que incrementan el riesgo de TEA, ver: De Rubeis y otros, 2014; Geschwind, 2015; Tick y otros, 2016; Amaral, 2017), combinado con diversos factores ambientales que afectan el neurodesarrollo, tales como la edad de los padres, enfermedades, y exposición a ciertas drogas y sustancias (James, 2014; Mandy y Lai, 2016; Lyall y otros, 2017; Libbey y otros, 2005; Chen y otros, 2015). Para el autismo, por frustrante que nos resulte, hay muy pocas intervenciones que hayan probado efectividad de forma fiable, entre las que destacan las intervenciones conductuales como aquellas que poseen mayor evidencia a su favor (Wong y otros, 2015; Virués-Ortega, 2010).

Una revisión sistemática reciente (Sathe y otros, 2017) evaluó los 19 estudios controlados aleatorizados disponibles sobre tratamientos dietarios en TEA, y llegó a la conclusión de que hay escasa evidencia en apoyo de esos tratamientos

Estas intervenciones son efectivas para la adquisición y mantenimiento de comportamientos más ajustados al contexto o demanda social, pero no curan el autismo como tal, ya que éste es una condición del neurodesarrollo. No se niegan los beneficios que puedan traer ciertas intervenciones complementarias llevadas a cabo mientras se realiza el debido tratamiento. Tampoco se niega que un cambio de dieta, bien planeado, pueda ayudar a una persona con autismo, del mismo modo que una buena alimentación planeada puede ayudar a cualquier ser humano, lo que se niega es que de alguna manera pueda “curar” el autismo como afirma el artículo. Los estudios disponibles sobre tratamientos dietarios (e.g., Hyman y otros, 2016; Millward y otros, 2008; Elder y otros, 2006; Hurwitz, 2013; Garcia y otros, 2017) no apoyan esa conclusión. Una revisión sistemática reciente (Sathe y otros, 2017) evaluó los 19 estudios controlados aleatorizados disponibles sobre tratamientos dietarios en TEA, y llegó a la conclusión de que hay escasa evidencia en apoyo de esos tratamientos.

Sin estudios científicos, es difícil saber de qué se trata este caso que se nos presenta (si un mal diagnóstico o una alergia a ciertos alimentos), lo que es seguro es que si bien hay tratamientos con evidencia, no hay, por mucho que queramos, una “cura” para el autismo, y anunciar lo contrario es jugar irresponsablemente con la esperanza de miles de padres. Lamentablemente, el autismo continúa siendo un trastorno insuficientemente comprendido por la ciencia debido a su complejidad, razón por la cual debemos redoblar nuestros esfuerzos para investigar en mayor profundidad su origen y sus posibles tratamientos, en lugar de promover desinformación potencialmente dañina para una población tan vulnerable.

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Firmas de apoyo: Claudio Hunter-Watts, Licenciado en psicología por la JFK University. Maximo Soto, Médico del Hospital de Clínicas de la UBA, Investigador, Docente, colaborador de La Nación y escritor escéptico. Federico Sánchez, psicólogo cognitivo-conductual, UBA. María Fernanda Cittadino, psicóloga cognitivo conductual, UBA. Mauro Ezequiel Colombo, Licenciado en Psicología por la Universidad de Buenos Aires. Felipe de Jesús Patrón Espinosa, Doctor en Ciencia del Comportamiento opción Análisis de la Conducta, actualmente profesor-investigador en la Universidad Autónoma de Baja California. Angelo Fasce, filósofo de la ciencia, Máster en Neurociencia, UV. Adrían Gindin, Médico Pedriatra, docente y padre de hijo con TEA. Matías Suarez Holze, escéptico. Gerardo Primero, Licenciado en Psicología, UBA. Roxana Kreimer, Licenciada en Filosofía y Doctora en Ciencias Sociales, UBA.

Referencias bibliográficas:

Amaral, D. G. (2017). Examining the Causes of Autism. In Cerebrum: the Dana forum on brain science (Vol. 2017). Dana Foundation.
Chen, J. A., Peñagarikano, O., Belgard, T. G., Swarup, V., & Geschwind, D. H. (2015). The emerging picture of autism spectrum disorder: genetics and pathology. Annual Review of Pathology: Mechanisms of Disease, 10, 111-144.
De Rubeis, S., He, X., Goldberg, A. P., Poultney, C. S., Samocha, K., Cicek, A. E., … & Singh, T. (2014). Synaptic, transcriptional and chromatin genes disrupted in autism. Nature, 515(7526), 209.
Elder, J. H., Shankar, M., Shuster, J., Theriaque, D., Burns, S., & Sherrill, L. (2006). The gluten-free, casein-free diet in autism: results of a preliminary double blind clinical trial. Journal of autism and developmental disorders, 36(3), 413-420.
Garcia, M. J., McPherson, P., Patel, S. Y., & Burns, C. O. (2017). Diet and Supplementation Targeted for Autism Spectrum Disorder. In Handbook of Treatments for Autism Spectrum Disorder (pp. 397-425). Springer, Cham.
Geschwind, D. H. (2015). Gene hunting in autism spectrum disorder: on the path to precision medicine. The Lancet Neurology, 14(11), 1109-1120.
Hurwitz, S. (2013). The gluten-free, casein-free diet and autism: limited return on family investment. Journal of Early Intervention, 35(1), 3-19.
Hyman, S. L., Stewart, P. A., Foley, J., Peck, R., Morris, D. D., Wang, H., & Smith, T. (2016). The gluten-free/casein-free diet: a double-blind challenge trial in children with autism. Journal of autism and developmental disorders, 46(1), 205-220.
James, W. H. (2014). An update on the hypothesis that one cause of autism is high intrauterine levels of testosterone of maternal origin. Journal of theoretical biology, 355, 33-39.
Libbey, J. E., Sweeten, T. L., McMahon, W. M., & Fujinami, R. S. (2005). Autistic disorder and viral infections. Journal of neurovirology, 11(1), 1-10.
Lyall, K., Croen, L., Daniels, J., Fallin, M. D., Ladd-Acosta, C., Lee, B. K., … & Windham, G. C. (2017). The changing epidemiology of autism spectrum disorders. Annual review of public health, 38, 81-102.
Mandy, W., & Lai, M. C. (2016). Annual research review: the role of the environment in the developmental psychopathology of autism spectrum condition. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 57(3), 271-292.
Millward, C., Ferriter, M., Calver, S. J., & Connell‐Jones, G. G. (2008). Gluten‐and casein‐free diets for autistic spectrum disorder. The Cochrane Library.
Sathe, N., Andrews, J. C., McPheeters, M. L., & Warren, Z. E. (2017). Nutritional and dietary interventions for autism spectrum disorder: a systematic review. Pediatrics, e20170346.
Tick, B., Bolton, P., Happé, F., Rutter, M., & Rijsdijk, F. (2016). Heritability of autism spectrum disorders: a meta‐analysis of twin studies. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 57(5), 585-595.
Virués-Ortega, J. (2010). Applied behavior analytic intervention for autism in early childhood: Meta-analysis, meta-regression and dose–response meta-analysis of multiple outcomes. Clinical psychology review, 30(4), 387-399.
Wong, C., Odom, S. L., Hume, K. A., Cox, A. W., Fettig, A., Kucharczyk, S., … & Schultz, T. R. (2015). Evidence-based practices for children, youth, and young adults with autism spectrum disorder: A comprehensive review. Journal of Autism and Developmental Disorders, 45(7), 1951-1966.

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6 Comentarios

  1. Que alivio!!!! Me parecio tremendo el articulo y carente de toda evidencia cientifica ademas de jugar con las ilusiones y esperanzas dd muchisimos padres. Que bueno que respondan a este tipo de articulos.

  2. Quienes somos padres de chicos con C.E.A., estamos hartos de escuchar y/o leer este tipo de comentarios o articulos. La C.E.A. o el T.E.A. como prefieran, no se cura ni con dietas, ni prendiendo inciensos ni invocando espiritus, solo las intervenciones cientificamente comprobadas producen resultados. Gracias por mantener el rigor cientifico en estos tiempos donde la supersticion y la ignorancia arrecian.

  3. No es la primera vez que este pseudo periodista Roly Villani escribe sin tener el mínimo de ética periodística, conocimiento de lo que escribe, ni responsabilidad social de ningún tipo. Jamás ha utilizado evidencia científica, llegando incluso a escribir barbaridades típicas del periodismo que hoy escribe sobre nutrición y mañana en quién se peleó con quién en temas de la farándula. Una verguenza!

  4. El mismo léxico de cuando se decía que no hay evidencia cientifica que el cigarrillo traía cancer. Me sobra ver las mejoras de mi hijo. Cada quien haga lo que quiera pero razonen con sus cabezas. El 95% de los niños con autismo tienen problemas digestivos no se preguntan el porqué estos sabiondos?

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