El envoltorio amargo de la felicidad

Basta teclear en Google la palabra “felicidad” y más de 24 millones de resultados aparecerán. Libros de autoayuda, fórmulas para ser felices, estrategias, pasos a seguir, video-tutoriales, consejos de todo tipo, incluso artículos de investigación. En este punto habría que ser críticos y analizar bajo un prisma objetivo toda esta maraña de información, qué repercusión está teniendo y sus implicaciones sociales.

Se está comerciando con la felicidad, como si fuera algo material. Como no, esta nueva moda se ha propagado cruzando el charco desde EEUU y se está mercantilizando y extendiendo como una plaga en todas las facetas de la sociedad. Los medios de comunicación lo conocen bien, y es que crear un vacío interno para poder llenar con objetos del exterior es el dogma de la sociedad de consumo capitalista en la que estamos inmersos. Ahí es donde entra la felicidad también y poder comerciar con ella. ¿Quieres ser feliz?; Pues compra esta magnífica casa. Como si habitara en ella un ser llamado felicidad. Esta cosificación del término felicidad va más allá, se le ha puesto banda sonora “be happy”, se le asignan colores varios: del arco-iris, sol, playas, imágenes: sonrisas, parejas felices, desayuno feliz, hora feliz, bebida feliz,  etc. La invasión de la felicidad está en los cinco sentidos, es difícil esquivarla.

También contamos con numerosos gurús que se han puesto la capa de superhéroes de la felicidad y han colaborado a difundir “la búsqueda de la felicidad”, como si fuera un traje a medida que encaja con todos los habitantes de la tierra. Estos escritores intentan vender píldoras de la felicidad por vía sintáctica, en formatos de libros de autoayuda. Para no enfrentarse a su propia vacío, esta literatura engaña y se autoengaña (Savater, 1997), presentando lo que no es, como si existiera, y lo que es, como si no existiera” (Pérez-Álvarez, 2012).

El derecho a la felicidad se ha transformado así en imperativo eufórico que crea vergüenza o malestar entre quienes se sienten excluidos de ella. En la época en que reina la “felicidad despótica”, los individuos ya no se limitan a ser desdichados, ahora se sienten culpables por no sentirse bien” (Lipovetsky 2007). Entonces tienen que obtenerla, porque otros la tienen o eso parece y aparece en su muro de Facebook. El modelamiento y las leyes del aprendizaje hacen el resto.

Por lo tanto no sería adaptativo estar feliz en todo momento

Desde el punto de vista evolutivo, todas las emociones son funcionales, la tristeza, el miedo, la rabia, alegría etc… estarían en la misma cara de la moneda, sin que pueda haber una sin la otra. Por tanto no sería adaptativo estar feliz en todo momento. Una conducta se entiende en su contexto y si miramos fuera, tenemos la respuesta. Guerras, hambrunas, enfermedades, crisis, paro, el vecino de arriba que se empeña en que no duermas la siesta, en fin, una serie de vicisitudes que acompañan el maravilloso regalo de la vida, estar vivos.

En experimentos en los que se induce un estado de ánimo positivo, “feliz”, muestran una tendencia general a aceptar la veracidad de la comunicación que se les ofrece y una menor capacidad para observar el engaño que aquellos que tenían un humor triste, los cuales eran más hábiles para detectar mentiras y escépticos. (Forgas y East, 2008). Asimismo, en personas a las que se les induce un estado afectivo positivo (eufórico), parecen tener un estilo de conocimiento más estereotipado, en comparación con el estado afectivo negativo, que no es ajeno a los detalles y atento a la novedad (Alter y Fogas, 2007;Forgas, 2011a; 2011b; Gruber, Mauss y Tamir, 2011).

No tomar a la ligera la búsqueda de la felicidad puesto que nos puede llevar a lo contrario. Además partiendo de la premisa: quiero ser feliz, es que en estos momentos no somos felices, por lo que necesitas de X para ser Y. Tomar la felicidad como estado, es decir, se está o no en determinados momentos, como todo estado es pasajero, no como ser, no se es feliz. La felicidad llega sola, pero no como objetivo o meta, sino como valor, nunca se alcanza (como la Areté en la Antigua Grecia). Tus acciones pueden ir encaminadas a vivir y a ocuparte de aquello que puedes cambiar y aceptar lo que no, ya se verá si estas feliz o no.

Artículo previamente publicado en Actua Consultores, una organización española especializada en el entrenamiento de terapia ACT e Intervenciones individuales.