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La psicología de las personas que no ven el mundial

  • 18/06/2026
  • David Aparicio

El canal de La Psicología Invisible resume algunas investigaciones que explican por qué algunas personas no les interesa el mundial o el fútbol en general. El video menciona varias investigaciones interesantes, pero yo quiero intentar hacer un análisis un poco más conductual. No va a ser una revisión profunda de los principios del análisis de conducta, es más una aproximación, una forma diferente de leer los mismos datos.

Y lo hago también por curiosidad propia: no es que no me guste el fútbol, lo disfruto, pero me cuesta conectar con toda esa fiebre y esa pasión de incluso llorar cuando pierden. Siempre quise entender qué hay detrás de eso.

Y es que el fútbol es ante todo una comunidad. Un grupo de personas que comparte una identidad, celebra los mismos goles y sufre las mismas derrotas.

Pero desde una perspectiva conductual, la pregunta que me parece más interesante no es «¿por qué a algunos les gusta el fútbol?» sino ¿qué historia de aprendizaje llevó a que esa persona se enganchara, o no, con ese deporte?

El comportamiento de hincha se aprende

Nadie nace fanático. La identificación con un equipo se construye a través de experiencias repetidas: ver partidos con el padre, celebrar goles en familia, recibir atención y aprobación social cuando usas la camiseta del equipo, sentir que eres parte de una conversación que todos a tu alrededor están teniendo. Cada uno de esos momentos funciona como un reforzador. Con el tiempo, el simple hecho de ver los colores del equipo activa esa historia.

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Esto es lo que explica el fenómeno que Cialdini y colegas documentaron en 1976: tras una victoria, los estudiantes universitarios usaban más ropa con símbolos de su universidad y usaban «nosotros» para referirse a su equipo, mientras que tras una derrota decían «ellos». No es irracionalidad, es el resultado predecible de años de reforzamiento asociado a ese grupo.

La incertidumbre como reforzador de intervalo variable

Una de las razones por las que el fútbol engancha tanto tiene que ver con algo que el análisis conductual conoce bien: los programas de reforzamiento de intervalo variable. En este tipo de programa, el refuerzo no llega en momentos predecibles sino de forma irregular, y eso produce patrones de respuesta muy resistentes a la extinción. El gol puede llegar en el minuto 3 o en el 93. Nunca sabes cuándo. Y esa incertidumbre es precisamente lo que mantiene la conducta activa.

La neurociencia es compatible con este mecanismo. La dopamina no se libera principalmente cuando llega el gol, sino durante la anticipación. Los estudios muestran que la activación dopaminérgica se duplica aproximadamente cuando el resultado es incierto, comparado con cuando la recompensa está garantizada. Dicho de otra forma: el cerebro responde más a la posibilidad del refuerzo que al refuerzo mismo. Eso es lo que hace que los últimos minutos de un partido apretado sean tan difíciles de ignorar.

Pero hay un punto clave: ese mecanismo solo funciona si el resultado te importa. La incertidumbre sin historia de reforzamiento previa no produce tensión, produce aburrimiento. Si nunca aprendiste a asociar ese equipo con algo significativo, no hay nada en juego y el partido es simplemente ruido de fondo.

La pertenencia como función del comportamiento

La teoría de la identidad social de Tajfel y Turner (1979) explica que las personas incorporan la membresía a grupos como parte de su autoconcepto. Pero conductualmente, lo que esto significa es que los triunfos del grupo funcionan como reforzadores positivos para el individuo, aunque no haya participado en absoluto.

Esto conecta con algo más fundamental. Baumeister y Leary (1995) demostraron que la necesidad de pertenecer es una motivación humana poderosa y generalizada: las personas forman vínculos sociales fácilmente en la mayoría de condiciones y resisten activamente la disolución de esos vínculos. El fútbol es, en este sentido, un vehículo culturalmente muy eficiente para satisfacer esa necesidad, pero no es el único.

¿Por qué a algunas personas no les interesa?

Porque simplemente nunca tuvieron la historia de aprendizaje necesaria. No hubo exposición temprana con reforzamiento positivo, no hubo grupo de referencia que usara el fútbol como idioma social, no hubo victorias celebradas que se asociaran a una identidad de equipo. Y esto aplica incluso cuando juega la selección del propio país. La identidad nacional puede ser un vínculo poderoso, pero si nunca se construyó esa historia de aprendizaje, ni la bandera alcanza.

Eso no significa que esas personas sean menos sociales o menos emocionales. Significa que encontraron otros contextos donde sí ocurrió ese aprendizaje: una comunidad de videojuegos, un grupo de lectura, una afición específica. La evidencia respalda que la necesidad de pertenecer es universal. Lo que varía es el canal a través del cual cada persona aprendió a satisfacerla.

El fútbol no es especial porque active algo único en el cerebro humano. Es especial porque, en muchas culturas, fue el primer contexto donde millones de personas aprendieron que pertenecer a algo más grande que uno mismo se siente bien.

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David Aparicio

Editor general y cofundador de Psyciencia.com. Me especializo en la atención clínica de adultos con problemas de depresión, ansiedad y desregulación emocional.

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