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Ya sabemos que al enamorarse las personas ven pajaritos, sienten maripositas, las pupilas toman forma de corazón, piensan en esa persona todo el día, andan distraídos y se sienten contentos. Pero un estudio sugiere además que las personas que están enamoradas producen menos cortisol (la hormona del estrés).

La investigación pretendió evaluar el proceso psicológico y examinar la respuesta fisiológica de las personas enamoradas.

Los estadios tempranos del amor romántico generalmente se asocian con “preocupación intensa relacionada a la pareja y la relación, anticipación obsesiva, atención a pequeñas señales no verbales y miedo al rechazo“, notaron los investigadores de Bar-Ilan University. Sin embargo, las relaciones románticas también requieren “calma suficiente“ para crear un acercamiento de confianza con el compañero, conocido como “inmovilidad sin miedo“.

Específicamente, el cortisol, una hormona esteroide secretada usualmente en respuesta al estrés, ha sido relacionada con la salud psicológica, física y fisiológica. Los niveles de cortisol están asociados con el comportamiento entre miembros de una pareja romántica; los miembros de la pareja que presentan niveles altos de cortisol han demostrado mayor hostilidad durante interacciones conflictivas.

Los científicos argumentan en el estudio, que una producción reducida de cortisol es necesaria para este estado de “inmovilidad sin miedo“, que es crucial para el principio de una relación romántica.

Encontraron que las parejas produjeron menos cortisol que los individuos solteros

Para probarlo, los investigadores “midieron asociaciones entre el cortisol diario y la respuesta de despertamiento de cortisol (CAR), y la reciprocidad social y mutuo compañerismo observados en la pareja durante interacciones naturales“. Basándose en esta teoría del cortisol, el equipo utilizó a 155 adultos jóvenes que fueron separados en dos grupos: un grupo de parejas nuevas, que habían comenzado la relación en promedio hacia 2.4 meses; y un grupo de solteros, que incluía 35 adultos jóvenes que no estaban en ninguna relación romántica desde hacía 3 meses. El grupo de solteros se compuso de 21 mujeres y 14 hombres. Los participantes recolectaron su saliva cuando despertaban, media hora luego de despertar y justo antes de dormir durante dos días de la semana consecutivos.

También se les pidió a las parejas que pasaran al laboratorio para una interacción videograbada que incluyó dos paradigmas: uno positivo y otro de apoyo. En la interacción positiva, las parejas discutían una experiencia positiva compartida; en la interacción para dar apoyo, las parejas debían describir al otro situaciones que les habían causado estrés pero que no estuvieran relacionadas con la pareja.

Los investigadores encontraron que las parejas produjeron menos cortisol que los individuos solteros, como habían predicho. Los miembros de la pareja romántica que habían exhibido mayor reciprocidad social y compañerismo dirigido a un objetivo, incluyendo la expresión de afecto positivo, estados diádicos emparejados, atención visual al compañero, estilo consistente y predecible y concentración en escuchar a la pareja y lograr conjuntamente la tarea en cuestión durante las sesiones de interacción en el laboratorio, también mostraron menor producción de cortisol que aquellos que no mostraron todo esto.

Una importante limitación del estudio fue que el grupo de solteros se conformaba mayormente de mujeres; es decir que los resultados podrían mostrar algún sesgo relacionado al género. También la cantidad de tiempo que las parejas pasaron juntas durante el estudio no fue medida ni regulada. Los investigadores piensan que se necesita más investigaciones para estudiar la falta de respuesta al estrés al enamorarse.

Fuente: Psypost