La rumiación como hábito
Me gustó mucho este análisis de Karelia Vasquez para El País a cerca de la corrumiación:
Durante la corrumiación, las personas revisitan mil veces lo sucedido, se imaginan nuevos finales, lo que hubieran dicho y hecho de haber sabido lo que saben ahora y cómo un comportamiento diferente podría haber cambiado las cosas. El público del rumiante le dará o le quitará la razón, aportará soluciones, lo que hubieran dicho o hecho ellos, o peor, le recordará cuántas veces le advirtieron de que el asunto X iba a pasar. Para los expertos, el problema de la corrumiación es que, por un lado, es pasiva y, por otro, suele centrarse en pensamientos negativos o en giros hipotéticos de guion que ya no van a suceder. Un exceso de conjugaciones en subjuntivo que paraliza y sume al rumiante en la más absoluta pasividad. “La rumiación muchas veces es una ilusión de control. La fantasía de que hay algo que hubieras podido cambiar o que puedes cambiar ahora. Y lo cierto es que los ‘y si hubiera hecho’ o ‘y si hubiera dicho’ son inútiles. Hay que concentrarse en lo que está pasando aquí y ahora”, dice Michelena, que recuerda que la rumiación suele ser contraria a la acción.
La conclusión común es que las personas corrumian porque hace sentir mejor. El apoyo social que supone que todos, incluso los pseudoconocidos, se alíen con la causa del afectado es importante para la salud física y emocional. Sin embargo, varios estudios, entre ellos este metaanálisis, reconocen que, si bien la rumiación conjunta, repetitiva e improductiva de un problema se asocia con una alta satisfacción hacia los amigos, también tiene “componentes desadaptativos” que se relacionan con niveles moderados de depresión y ansiedad. En este trabajo también se señala que potencia una actitud pasiva.
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Daniel Mediavilla para El País:
Las leches de fórmula, como muchos otros productos de consumo, utilizan la ciencia para venderse. Algunas de las atribuciones más frecuentes son que benefician el desarrollo del cerebro o del sistema inmunológico del bebé o que favorecen su crecimiento. Sin embargo, según un artículo publicado hoy en la revista BMJ, la mayor parte de esas virtudes saludables que aparecen en los paquetes o en los anuncios de los sustitutos de leche materna tienen escasa o ninguna evidencia científica.
Los investigadores analizaron las páginas webs o la forma de vender los productos de fórmula en 15 países entre 2020 y 2022. De 608 productos elegidos, sobre un 53% de los productos se decía que ayudaban en el desarrollo del cerebro o el sistema nervioso, un 39% que fortalecía el sistema inmunitario y un 37% que favorecía el crecimiento y el desarrollo del bebé. Sin embargo, cuando los autores, liderados por Daniel Munblit, del Imperial College de Londres, comprobaron estas afirmaciones, vieron que la mitad de ellas se hacían sin identificar el ingrediente benéfico y en un 74% de los productos no se ofrecía ninguna referencia científica para justificar los atributos publicitados.
Cómo siempre hay que ser muy cuidadoso con la publicidad y las promesas que ofrecen estos productos.
Claire Cain Miller para The New York Times:
La investigación también encontró que los progenitores de hoy sienten una enorme presión para educar a sus hijos e interactuar con ellos en todo momento, mientras que las generaciones anteriores pasaban más tiempo haciendo actividades de adultos cuando sus hijos estaban presentes. Aunque esta mayor atención solía ser una meta de la clase media alta, estudios más recientes muestran que personas de todas las clases creen que es la mejor manera de ser padres.
El Centro Pew encontró que en muchas ocasiones esto significa un mayor compromiso emocional. Casi la mitad de los encuestados afirmaron que educaban a sus hijos de manera distinta a como lo habían hecho sus propios padres y la mayoría dijo que la principal diferencia radicaba en la forma en que mostraban amor y entablaban relaciones con sus hijos. En respuestas abiertas, comentaron que querían criar hijos que sintieran el apoyo incondicional de sus padres. Eso significaba menos gritos y más afirmaciones verbales, muestras de afecto y conversaciones sinceras sobre temas difíciles.
Parece que todo es positivo, pero los datos también muestran que tanta presión por ser un buen padre o madre ha sido en parte responsable del declive de fertilidad:
Según la encuesta, otra de las dificultades de ser padre en la actualidad tiene que ver con una nueva serie de preocupaciones sobre el bienestar de los niños. Los padres suelen preocuparse por esto, pero los temores han cambiado a lo largo del tiempo. Los llamados padres helicóptero de la década de 1980 se preocupaban sobre todo por la seguridad física, como los secuestros y los embarazos adolescentes. Esas preocupaciones persisten, pero han sido sustituidas por otras relacionadas con la salud mental: tres cuartas partes de los padres declararon que les preocupaba que sus hijos sufrieran ansiedad o depresión o que fueran víctimas de acoso escolar.
Cochrane es una organización científica que reúne a más de 30 mil investigadores de 90 países para elaborar procesos de revisiones sistemáticas y rigurosas de los tratamientos de salud. Es una de las entidades más respetadas y conocidas del mundo. Y recientemente publicaron un artículo que nos ayudan a ser más cautelosos con las interpretaciones poco realistas de los estudios:
Cada día recibimos mensajes sobre los efectos de todo tipo de tratamientos: medicamentos nuevos y más eficaces, medidas preventivas, cirugías definitivas, dietas más saludables…
Muchos de estos mensajes se basan en un solo estudio, generalmente recién publicado. La mayoría, además, suele destacar solo sus efectos beneficiosos.
Pero confiar en que un único estudio tiene la respuesta definitiva sobre los beneficios y daños de un tratamiento es tan poco realista como pretender entender el argumento de un libro a partir de frases sueltas.
Los resultados de un solo estudio casi nunca son suficientes para conocer los efectos de un tratamiento
Esto es así porque…
Además, hay que tener en cuenta que:

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