Curso online: El pensamiento científico, por la Universidad Nacional Autónoma de México
Javier Salas para El País:
“Son muchísimas las evidencias científicas del gran poder de influencia que la publicidad tiene sobre la alimentación de los menores”, asegura Miguel Ángel Royo-Bordonada, investigador de la Escuela Nacional de Salud Pública y autor de numerosos estudios sobre este problema. El año pasado publicó el mayor análisis que se ha realizado sobre los anuncios que ven niñas y niños en la televisión española. “Los menores reciben 7.500 impactos al año de mensajes que les dicen que coman un producto que no es saludable, asociados además a emociones positivas, a regalos y obsequios, y que además aseguran que son más sanos cuando es al contrario”, denuncia este especialista.
¡Impresionante! Y todavía hay algunos que se atreven a negar el efecto de la publicidad sobre nuestros hábitos alimenticios.
Los colegas de Xakata Ciencia hicieron una muy buena traducción del artículo de Jennifer Raff, autora de un reconocido blog sobre ciencia, que nos explica paso a paso y sin enrredos, cómo leer y perderle el miedo a la lectura de las investigaciones científicas:
Los principales trabajos de investigación normalmente se dividen en las siguientes secciones: resumen, introducción, métodos y materiales, resultados y conclusiones / interpretaciones / discusión. El orden dependerá de la revista en la que se publique, puesto que algunas tienen archivos adicionales (información en línea suplementaria) que contienen detalles importantes de la investigación, pero que solamente se publican en línea en lugar de en el propio artículo (asegúrate de que no te olvidas de estos archivos).
Antes de comenzar con la lectura, tienes que tomar nota de los autores y de sus afiliaciones institucionales. Algunas instituciones (por ejemplo, la Universidad de Texas) son muy respetadas, mientras que otras (por ejemplo, el Discovery Institute) pueden parecer que son instituciones de investigación legítimas, pero operan bajo intereses privados. Si tienes tiempo busca en google “Discovery Institute” para entender por qué no es una buena idea utilizarlo como autoridad científica sobre la teoría de la evolución.
Los que me conocen saben lo mucho que me desagrada el popular término de “tóxico” en todas sus variantes para catalogar a las personas y conductas en la psicología. Es un término que se ha prostituido bajo el interés de los libros y talleres de autoayuda barata que lo usan como muletilla para sus explicaciones superficiales y ambiguas de la conducta que terminan responsabilizando a las otras personas de todos sus problemas.
Cristina Roda Rivera hace una muy buena explicación sobre las consecuencias del popular término y agrega algunas explicaciones sobre su popularización en La Mente es Maravillosa:
Llamar tóxico a alguien no es inocuo. De hecho puede ser un ataque muy serio, un insulto cruel disfrazado de la autoridad moral que puede darte haber ojeado un par de libros de autoayuda, sin mayor compromiso o intención con su lectura que la de delegar responsabilidad en otros.
El término tóxica/o es fácil de entender, tiene fuerza por lo venenoso de su resonancia. En el imaginario, alude a una sustancia de color variable, pegajosa, inflamable y con la que hay que tener mucho cuidado. En este sentido, cuando decimos que algo es tóxico estamos diciendo que no es digno de confianza, en sí, por la forma en la que es.
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