Engin_Akyurt / Pixabay

Confusa, contrariada, expectante,

se encuentra la flor que marchitó hace años.

Una tormenta de pensamientos inunda su mente,

hasta tal punto de dejarla sin la capacidad de razonar.

Todo tiene que ser blanco o negro, no hay grises para ella.

Impaciente, con algo de ira hacia ella misma, se calla.

Su llanto interior es tan fuerte que no le deja ver más allá.

Soluciones, sí. Pero ¿Cuál es el problema?

Indaga, hace una introspección de lo que es,

de por qué ha venido a la tierra y cuál es su función.

No está de acuerdo con nada, no se conforma.

Le cuesta disfrutar de las cosas,

por ello opta por el camino fácil: la autodestrucción.

Aniquiladora de ideas y personas,

manipuladora experta,

Llora, llora en silencio porque no se encuentra.

Procura conocerse a sí misma y no lo logra.

No se permite unos segundos para saber lo que le gusta,

lo que no le gusta.

Las cosas que debería hacer.

Cómo odia esa palabra, el deber.

Debería hacer esto, lo otro.

No es capaz de tomar decisiones de forma autónoma.

Vive en una realidad paralela

que no le deja ver el mundo tal cual es.

En esta realidad se encuentra a gusto, confortable.

Pero sabe que tiene que salir de esa zona de confort,

afrontar lo que la vida le depara.

Sigue llorando, callada.

No habla.

Se siente triste, sola, cansada.

Ha tirado la espada al suelo,

sus ojos no le dejan ver más.

Cada vez está más débil.

Le cuesta horrores pedir ayuda,

pero seguramente es de las personas que más la necesiten.

Sus emociones se mueven entre picos de montañas,

Es caótica, desordenada, una borderline.

No tiene ni idea de las frases que se crea en su trastornada cabeza.

No es consecuente con sus actos,

exige y exige y se vuelve aún más anárquica.

No permite entrar a la razón en su cerebro.

Distorsiona, observa su entorno con una mirada vacía,

llena de frustración e impotencia.

Idealiza, cómo le gusta idealizar.

Se hace preguntas, miles de preguntas,

acerca de todo.

Acerca de la existencia, de su papel en este mundo.

¿Por qué estamos aquí? ¿Cuál es nuestra función?

¿Qué esperan los demás que haga? ¿Qué espero yo?

Preguntas sin respuestas que le crean aún más malogro.

La soledad se apodera de ella,

se siente incomprendida por todo lo que le rodea.

Las preguntas siguen sin respuestas,

se repite una y otra vez si algún día saldrá de ésta.

Mientras tanto ahí sigue, sobreviviendo,

mirando a través de la ventana

y escuchando el canto de los pájaros

y viendo cómo la brisa acaricia los arbustos

a la vez que el desamparo la invade.

 

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Amante de la lectura, la poesía y apasionada de la psicología.

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