Una fecha especial que puede convertirse en una oportunidad para acercarnos desde la curiosidad y no desde la etiqueta. Mejor todavía, desde un enfoque neuroafirmativo.
El 18 de febrero se conmemora el nacimiento de Hans Asperger (1906–1980), pediatra austríaco que en 1944 describió lo que denominó “psicopatía autista” en la infancia (Asperger, 1944). Décadas más tarde, el término “Síndrome de Asperger” fue incorporado como diagnóstico independiente en el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-IV) (American Psychiatric Association , 1994).
Sin embargo, desde la publicación del DSM-5 en 2013, dejó de considerarse una categoría separada y pasó a integrarse dentro del Trastorno del Espectro Autista (TEA) (APA, 2013). La evidencia mostró que no existían límites clínicos consistentes que justificaran subtipos diferenciados. El autismo se comprende actualmente como un espectro amplio, con múltiples combinaciones posibles de características, niveles de apoyo y trayectorias evolutivas.
Hans Asperger y su relación con el Tercer reich
Durante años se sostuvo la narrativa de que Hans Asperger habría sido un opositor activo al régimen nazi. Sin embargo, una revisión exhaustiva basada en archivos clínicos, documentos administrativos y expedientes políticos previamente no examinados ofrece un panorama más complejo (Czech, 2018/2021). Entre los hallazgos documentados se incluyen afiliaciones institucionales vinculadas al entorno nazi (aunque no membresía formal al NSDAP), legitimación pública de políticas de “higiene racial” y cooperación en determinados casos con el sistema de derivaciones asociado al programa de eutanasia infantil. La conclusión central del estudio es que la narrativa de Asperger como opositor firme y protector sistemático de sus pacientes no se sostiene frente a la evidencia histórica disponible (Czech, 2018/2021).
Enfoque neuroafirmativo
Un enfoque neuroafirmativo comprende las diferencias neurológicas como parte de la diversidad humana. No se centra en “corregir” a la persona, sino en comprender su perfil, respetar su identidad y ajustar el entorno cuando sea necesario. Reconoce fortalezas y también dificultades, sin reducir a la persona a un diagnóstico.
La intervención no apunta a normalizar conductas, sino a acompañar con apoyos adecuados y basados en evidencia. En los últimos años, investigaciones han subrayado la importancia de integrar marcos participativos y transdiagnósticos en salud mental infantojuvenil (Bellato & Seker, 2025), así como considerar modelos como el Double Empathy Problem y el monotropismo para comprender las diferencias en la comunicación social en el autismo (Brosnan & Camilleri, 2025).
¿Qué se entendía como Síndrome de Asperger?
Síndrome es definido por la Asociación Americana de Psicología (APA) como el conjunto de síntomas y signos que suelen originarse por única causa (o a un conjunto de causas relacionadas) y que en conjunto indican una enfermedad o trastorno físico o mental específico. Síndrome de Asperger es una categoría descriptiva. No determina valor, identidad ni inteligencia. Se utilizaba el término para describir personas con:
- Intereses específicos y profundos
- Comunicación directa y literal
- Diferencias en la reciprocidad social
- Necesidad de previsibilidad
- Sensibilidad sensorial
- Pensamiento detallista o sistemático
La actualización diagnóstica no invalida esas experiencias, pero sí modifica el marco conceptual desde el cual se las comprende.
Autismo e inteligencia: “Es Asperger, debe ser brillante en matemáticas, un cerebrito”
En realidad esa premisa está más cerca del prejuicio que del sustento científico. Dentro del espectro pueden encontrarse personas con alto coeficiente intelectual, inteligencia promedio y discapacidad intelectual. El autismo describe una forma particular de procesamiento neurológico, no un nivel cognitivo determinado (APA, 2013). Reducirlo a genialidad es tan impreciso como reducirlo exclusivamente a déficit.
¿Qué puedo hacer para acompañar mejor a una persona que conozco con ese perfil?
Acciones concretas que suman:
Comunicar de forma clara y concreta
- Anticipar cambios
- Respetar tiempos de respuesta
- No sancionar stimmings (movimientos estereotipados)
- No forzar contacto visual
- Considerar el impacto sensorial de los entornos
- No infantilizar ni sobreexigir
- Preguntar qué apoyo necesita
Actuar con empatía y respeto acompañado de información confiable hace la diferencia. Es una práctica cotidiana que comienza por la autocrítica, no estigmatizar ni romantizar. Simplemente pequeñas acciones que pueden representar grandes cambios para esa persona y para que cada día entre todos vivamos un poco mejor. La neurodiversidad no necesita mitos, necesita comprensión, evidencia y prácticas consistentes.
Referencias:
- American Psychiatric Association. (1994). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (4th ed.). American Psychiatric Publishing.
- American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.). American Psychiatric Publishing.
- American Psychological Association. (2018). Syndrome. APA Dictionary of Psychology. https://dictionary.apa.org/syndrome
- Asperger, H. (1944). Die “autistischen Psychopathen” im Kindesalter. Archiv für Psychiatrie und Nervenkrankheiten, 117, 76–136.
- Bellato, A., & Seker, A. (2025). Towards a more inclusive child and adolescent mental health research: Bridging gaps through neuro-affirmative, transdiagnostic, and participatory frameworks. JCPP Advances, 5(2), e70015. https://doi.org/10.1002/jcv2.70015
- Brosnan, M., & Camilleri, L. J. (2025). Neuro-affirmative support for autism, the Double Empathy Problem and monotropism. Frontiers in Psychiatry, 16, 1538875. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2025.1538875
- Czech, H. (2018). Hans Asperger, National Socialism, and “race hygiene” in Nazi-era Vienna. Molecular Autism, 9, 29. https://doi.org/10.1186/s13229-018-0208-6 (Corrected publication 2021)
