Los chicos y chicas que se identifican como lesbianas, gays, bisexuales y transgénero (LGBT) y han vivido intentos de cambiar su orientación sexual, usualmente incitados por sus padres u otras personas, reportan niveles altos de depresión y conducta suicida, baja autoestima, pobres apoyo social y satisfacción con la vida, además de niveles más bajos de educación e ingresos en la adultez joven.

Los investigadores, que pertenecen al Proyecto de Aceptación Familiar (FAP) de Universidad Estatal San Francisco, aseguran que los esfuerzos de los padres sumados a las intervenciones de conversión con el objetivo de cambiar la orientación sexual, llevadas a cabo por terapeutas y algunos líderes religiosos, contribuyen al desarrollo de múltiples problemas de salud y de ajuste en la adultez joven.

En el estudio, el 53% de los chicos y chicas LGBT, con edades que comprendían entre los 21 y 25 años, reportaron experimentar esfuerzos para cambiar su orientación sexual durante la adolescencia.

De ellos, el 21% reportaron experiencias específicas, con sus padres o cuidadores, para cambiar su orientación sexual en casa; mientras que el 32% reportó esfuerzos realizados tanto por sus padres como por terapeutas y líderes religiosos.

Notablemente, cualquier esfuerzo por cambiar la orientación sexual contribuyó a un mayor riesgo en esta población. Sin embargo, el riesgo era mayor en aquellos que habían experimentado esfuerzos tanto de sus padres como de terapeutas y líderes religiosos.

El riesgo de suicidio era del 48% para el grupo donde solo intervenían los padres, mientras que para las personas LGBT que no reportaban experiencias de conversión era del 22%. Es decir, el riesgo era significativamente menor en éste último grupo.

Las cosas empeoran al considerar al grupo que no solo recibió intervenciones de sus padres, sino también de terapeutas o grupos religiosos. En dicho caso, el porcentaje se elevaba a 63%.

En cuanto a la depresión, los porcentajes fueron los siguientes:

  • 16% para aquellos que no recibieron intervención alguna.
  • 33% para los que recibieron intervenciones en el hogar.
  • 52% para aquellos que recibieron intervención en el hogar y externamente (terapeuta o líder religioso).

Dichas experiencias también se asociaron a un estatus socioeconómico más bajo, reflejado en menores educación e ingresos.

Los adolescentes LGBT de familias muy religiosas y aquellos provenientes de familias de bajos recursos eran más propensos a haber experimentado ambos tipos de intervención. Además, los científicos escriben que aquellos que eran inmigrantes y no estaban conformes con su género eran más propensos a experimentar esfuerzos de conversión externos iniciados por padres o cuidadores.

El grupo de investigadores nota que en otros estudios, los padres reportan que sus esfuerzos por cambiar a los niños LGBT están motivados por un intento de protegerlos, es decir que hacen lo que creen que es mejor para sus hijos. Sin embargo, lo que se consigue es socavar la estima propia de éstos niños, contribuir con conductas auto-destructivas que aumentan riesgos y disminuyen las habilidades de autocuidado (como su habilidad para lograr un mejor estatus socioeconómico).

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Caitlin Ryan, autora principal del estudio y directora del Proyecto de Aceptación Familiar, dice que esto fue lo que los motivó a desarrollar un modelo de apoyo familiar donde los familiares de niños LGBT puedan aprender a darles apoyo.

Aunque otros estudios han observado un riesgo mayor de suicidio en adolescentes LGBT, ésta investigación presenta evidencia dramática del efecto negativo duradero que éstas intervenciones tienen en las personas. Estudios anteriores realizados en adultos han mostrado resultados similares, pero aquí vemos también el rol central de los padres, quienes necesitan más información y guía sobre orientación sexual e identidad de género, así como de las devastadoras consecuencias de algunas intervenciones.

Limitaciones del estudio

Los autores nombran varias limitaciones que tuvieron al llevar a cabo su investigación:

  1. Los criterios de inclusión probablemente no contemplen a personas que actualmente no se sienten cómodas siendo identificadas como LGBT o que tal vez se identificaban como tales en la adolescencia pero no en la adultez.
  2. Aunque se incluyó una medida de religiosidad de los padres, ésta no contemplaba afiliaciones religiosas específicas, que podrían ayudar a encontrar predicadores del rol de los padres sobre esfuerzos para cambiar la orientación sexual.
  3. Se utilizó un diseño retrospectivo, es decir que no se puede hablar de causalidad no descartar la posibilidad de que aquellos que eran más desacatados en la adultez atribuyeran retrospectivamente a algunas conductas parentelas el carácter de “intentos de cambiar la orientación sexual”. Así como tampoco se puede descartar que adultos LGBT mejor adaptados sean menos propensos a recordar experiencias de ese estilo.

Datos del estudio original: Caitlin Ryan, Russell B. Toomey, Rafael M. Diaz & Stephen T. Russell (2018)Parent-Initiated Sexual Orientation Change Efforts With LGBT Adolescents: Implications for Young Adult Mental Health and Adjustment,Journal of Homosexuality, DOI: 10.1080/00918369.2018.1538407

Fuente: Psychcentral

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